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    <title>La Voz del Pueblo</title>
    <subtitle>Informate con las noticias de Argentina y el mundo.</subtitle>
    <updated>2026-03-08T03:19:45+00:00</updated>
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            “Si volviera a nacer elegiría ser productor agropecuario otra vez”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/07UMk1jRmDJe-Xm6RSqV4_5hrEM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/eldeperling_ap.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde la tranquilidad de su casa de Copetonas, y todavía con la emoción a flor de piel por haber sido distinguido como el Agricultor Pionero en esta nueva edición de la Fiesta Provincial del Trigo, Oscar Gustavo Erpelding repasa con muy buena onda y sencillez lo que ha sido su vida como productor agropecuario. Esa vida “hecha a campo” que lo marcó desde que tiene uso de razón y que no duda, volvería a elegir.</p><p>“Si volviera a nacer elegiría ser productor agropecuario otra vez”, dice con contundencia, sentado junto a Nélida, su compañera con la que comparten los días desde hace más de 60 años, y junto a la que construyó una linda familia y tuvieron a Norman y Silvia.</p>Oscar junto a su mujer, &nbsp;Nélida, y sus cuatro nietos, Brenda, Matías, Santiago y Agustín<p>Pese a su pasión productiva, Oscar admite que no va muy seguido al campo. “Cuando yo quedé a cargo no me gustaba que mi papá viniera, así que supongo que a Norman tampoco le debe gustar que yo vaya. Así que me quedó en el pueblo, tranquilo, feliz y entre amigos”, explica.</p><p>Y ese es un buen puntapié para empezar a desandar su historia. Porque su hijo Norman, y su nieto Matías, son quienes están a cargo de Santa María, el campo ubicado a 12 kilómetros al noreste de Copetonas. Ese que compró el bisabuelo de Oscar en 1889 -le puso el nombre porque así se llamaba su esposa-, cuando llegó de Luxemburgo y por el que pasaron el sacrificio y el esfuerzo también de su abuelo y de su padre.</p><p>“Yo empecé a trabajar en firme en la década del 60. Pero al campo fui toda la vida. He visto hacer los trabajos con caballos. Nosotros fuimos unos de los primeros en tener tractor, de los que tenían ruedas de uñas”, recuerda Oscar, que hoy tiene 86 años.</p>Padre e hijo: Oscar junto a Norman, que heredó su pasión por el campo<p>Como ocurría en la mayoría de las familias, tras varios años de compartir las labores son Pedro, su padre, llegó el momento que Oscar tomó solo las riendas de Santa María. “Hasta ese momento hacíamos fundamentalmente trigo y avena. No había cultivos de gruesa todavía”, cuenta.</p><p>Y a su manera, Oscar empezó a hacer su revolución. “Yo traje hacienda, y según la época compraba invernada y la engordaba, o hacía cría, recría y engorde. Como hace ahora Norman”.</p><p>Con orgullo cuenta, en lo que tiene que ver con la agricultura, “fuimos los primeros o segundos en sembrar girasol en esta zona, en el inicio de los 70. Y me fue muy bien a mí con el girasol. Esa primera campaña tuvimos una muy buena cosecha”.</p><p>Y si de evolucionar y probar novedades se trata, a Oscar también hay que anotarle en ser uno de los primeros de la zona en adoptar la mínima labranza, en los amaneceres de la siembra directa.</p><p>“Gracias a la mínima labranza primero, y a la labranza cero después, yo solucioné un gran problema que tenía. Porque mi campo es muy liviano. Muy buena tierra, pero voladora. Entonces había que saberlo trabajar, así y todo se nos volaba igual. Fuimos con un grupo de chacareros a Maracó, La Pampa, a ver cómo trabajaban sin labranza, y después lo aplicamos acá”, dice el productor que fue socio de la Cooperativa de Copetonas hasta que la crisis de fines de los 90 se le llevó puesta y se pasó a la Agraria, de hecho, Norman desde hace años forma parte del Consejo de Administración.</p><p>En su última etapa como chacarero, Oscar ya trabajando junto a Norman, hacía trigo, avena y cebada en fina; girasol, soja y maíz en gruesa. “Hoy se sigue igual, lo único que en gruesa lo que más hacemos es maíz”, cuenta.</p><p>Dice hacemos, aunque aclara que él ya no pisa los lotes: “Están Norman y mi nieto Matías, que hace de todo, y le mete mano a los fierros también. Menos cosechadora, que contratamos de afuera, el resto lo hacen ellos con máquinas propias. Y mi nieta Brenda es la que lleva la contabilidad, detalla. Todo queda en familia.</p><p>“La verdad que recibir esta distinción me tomó de sorpresa. Es una satisfacción y un orgullo que me hayan elegido. No me lo esperaba, pero bienvenido sea”, suelta con emoción en la despedida.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/07UMk1jRmDJe-Xm6RSqV4_5hrEM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/eldeperling_ap.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Oscar Gustavo Erpelding fue distinguido como Agricultor Pionero en el marco de la Fiesta Provincial de Trigo y en una linda charla repasó su vida hecha a campo]]>
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                                <category term="campo" label="Campo" />
                <updated>2026-03-08T03:19:45+00:00</updated>
                <published>2026-03-08T03:19:43+00:00</published>
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            “Siempre era mucho el trabajo, pero uno lo hacía con gusto”
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/olzu7tA4vKrqj6GWT_yNRyWYpvU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2025/03/garate-cifuentes-rodriquez.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>
<p>Enrique Alberto Cifuentes, distinguido como Productor Pionero en la 56ª Fiesta Provincial del Trigo, repasó sus 79 años hechos 100% a campo. Un testimonio de trabajo y de agradecimiento</p>



<p></p>



<p>Con toda una vida hecha en el campo, en el marco de la celebración de la nueva edición de la Fiesta Provincial del Trigo se decidió distinguir como Productor Pionero a Enrique Alberto Cifuentes. La elección fue impulsada por la Cooperativa de Cascallares, cuyos integrantes entendieron que este productor de 79 años sintetiza el espíritu del reconocimiento que se entrega todos los años durante la celebración triguera.</p>






<p>“Para mí es un orgullo esta distinción, estoy muy agradecido”, dijo con sencillez y humildad Enrique, quien sigue viviendo hoy junto a Nora Grippo, su compañera desde hace 54 años, en San Nicasio, el campo que es bordeado por el Río Quequén Salado a la altura de la cascada que tiene por nombre su apellido.</p>



<p>Campero</p>



<p>Enrique nació en un campo que sus padres arrendaban cerca de Oriente y unos meses después de haber cumplido un año se instalaron en el establecimiento en el que se crió y desarrolló como productor agropecuario. Hizo la primaria en la escuela de Cascallares y a los 11 años cambió el estudio por el trabajo de ayudante de su papá, Dionisio Cifuentes, quien se convirtió en su gran maestro.</p>



<p>“En esa época en el campo había de todo: ovejas, vacas, chanchos, gallinas, caballos. Se trabajaba todo a caballo. Era una vida dura, pero a mí siempre me gustó”, indicó Enrique, el único de los cuatro hermanos que decidió seguir los pasos del padre.</p>



<p>“Lo de trabajar en el campo se fue dando. Empecé con mi papá y llegó un momento en el que me independicé. Fui comprando herramientas como pude. Tuve que trabajar mucho afuera, por tanto, y también arrendaba toda chacra que salía como oportunidad. Así iba comprando lo que podía, las herramientas que me hacían falta, hasta donde me daba el bolsillo. No era fácil”, comentó.</p>






<p>Los recuerdos de los primeros tiempos lo ubican curando semilla junto a su mamá y luego llevándosela al potrero a su papa en el viejo tractor Simeca para completar las tareas de siembra. También eran tiempos de trabajar cuerpo a cuerpo con las ovejas con los baños contra la sarna. “Teníamos Lincoln y Corriedale, daban trabajo, es cierto, pero yo lo hacía con gusto. Siempre me gustó todo el trabajo del campo”.</p>



<p>Con el paso de los años, Enrique fue realizando más actividades y tomando más responsabilidades, hasta que llegó el momento de independizarse de Dionisio y hacer su propio camino. Parte en San Nicasio y parte en campos vecinos que pudo ir arrendando con el paso de las campañas, hasta llegar a trabajar alrededor de 1000 hectáreas.</p>



<p>“Eran tiempos difíciles porque no había plata, había que rebuscársela como se podía. Por suerte siempre tuve trabajo, arrendé muchos años La Mariana de los Echemendi, una familia que me apreciaba mucho y de la que siempre estaré agradecido”, aseguró.</p>






<p>Continuó con los trabajos con la hacienda vacuna y con los lanares, también; aunque reconoce que “siempre me gustó más la siembra”. Trigo, cebada y avena fueron los cultivos base, también intentó con él lino, dejándose llevar por su curiosidad y ganas de innovar. “Justo fue la seca de 1962, la peor que me tocó vivir, no coseché ni un carro”, recordó.</p>



<p>Más acá en el calendario empezó a sembrar girasol (poco) y algo de soja. El maíz siempre estaba presente porque era utilizado para alimentar a la hacienda.</p>



<p>Innovador</p>



<p>“Siempre traté de ir atrás de las novedades e incorporando nuevas tecnologías. Me manejé con el asesoramiento de ingenieros, empecé a aplicar fertilizantes e intenté ser lo más eficiente posible”, explicó.</p>



<p>Así pasó de la siembra convencional a la directa y adoptó el uso de equipos de lo que era una incipiente agricultura de precisión. Y tal cual hizo desde que comenzó, complementó su actividad de productor desempeñándose como contratista de siembra y cosecha. Así, además de hacer las labores de sus cultivos, trabajó con sus vecinos principalmente de las zonas de Oriente, Irene y Aparicio.</p>



<p>Cooperativo</p>



<p>Toda la vida en el campo y toda la vida en la Cooperativa de Cascallares, entidad de la que su padre fue uno de los socios fundadores. “La cooperativa siempre ha sido un respaldo fundamental para mí, y me ayudó cuando lo necesité”, agradeció.</p>



<p>“Mientras pueda voy a seguir en el campo, ¿dónde mejor? A mí me gusta acá”, aseguró refiriéndose a San Nicasio, donde trabajó toda su vida, crío junto a Nora a su hija Mónica y cada tanto sigue recibiendo la visita de sus tres nietas y de su “nieto del corazón”.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/olzu7tA4vKrqj6GWT_yNRyWYpvU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2025/03/garate-cifuentes-rodriquez.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Enrique Alberto Cifuentes, distinguido como Productor Pionero en la 56ª Fiesta Provincial del Trigo, repasó sus 79 años hechos 100% a campo. Un testim...]]>
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                <updated>2025-09-24T12:59:15+00:00</updated>
                <published>2025-03-08T18:27:37+00:00</published>
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            Félix Vejrup, una vida hecha a campo
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OEP4Wg97DNT8bv86O26CvYPDIDw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/03/felix-pionero-9-scaled.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Distinguido como “Agricultor Pionero” en esta nueva edición de la Fiesta Provincial del Trigo, el productor recorrió su vida. Destacó que sus mayores logros fueron que sus hijos hayan podido hacer una carrera universitaria y haberle comprado el campo de su papá


<p></p>



<p>“Cuando Alex me vino a contar que le habían ofrecido la gerencia de la Cooperativa Alfa me largué a llorar, fue una satisfacción tremenda”.</p>



<p>El dueño de la frase es Félix Vejrup, papá de Alex, y quien fue distinguido con el reconocimiento de “Agricultor pionero” en esta nueva edición de la Fiesta Provincial del Trigo. Y es bueno empezar a desandar la vida de Félix a partir de esa frase, porque sintetiza en cierto sentido lo que logró como chacarero.</p>



<p>“Yo soy productor agropecuario desde 1973, ahí empecé a trabajar con mi papá, y fueron años durísimos los del inicio porque arrancamos sin plata. Pero una vez que estábamos afianzados en el campo, con mi señora -Liliana Bucci- nos propusimos dos objetivos: que mis tres hijos pudieran estudiar una carrera universitaria y poder comprarle las partes del campo de mi padre a mis tres hermanos. Y gracias a Dios se dieron las dos”, dice, y sirve como explicación del motivo de las lágrimas del primer párrafo.</p>



<p>“Alex es ingeniero agrónomo, Paula Andrea, la mayor, es ingeniera en medio ambiente; y&nbsp; María Eugenia es psicóloga. Y el campo es de nuestra propiedad y es parte de lo que trabajamos hoy con Alex”, cuenta este productor de 73 años que una vez que terminó la primaria en el Colegio Argentino Danés empezó a ayudar a su papá en las tareas rurales.</p>



<p>Dinamarca</p>



<p>Félix es hijo de inmigrantes daneses. El papá, Andrés, llegó en 1928 a la Argentina acobardado por la hambruna generada luego de la Primera Guerra Mundial. Tras varios años de trabajo en Balcarce, en 1939 vino a instalarse en Tres Arroyos, en una de las parcelas de 218 hectáreas en las que se dividió el campo de la familia Bellocq y que compró con un crédito del Banco Provincia.</p>



<p>“Yo nací en 1951 donde hoy es el Centro Danés, que en aquella época era una clínica, y me crie en el campo. Fui a la Escuela N°22 de San Francisco, un año a la Escuela N°29 de Tres Arroyos y después como pupilo al Colegio Argentino Danés –mis padres venían de visita cada 20 días-, donde terminé el primario”, repasa.</p>



Félix junto a su padre Manuel en el campo de San Francisco


<p>Con 14 años volvió al campo y el papá le planteó: “O seguía estudiando o me ponía a trabajar con él. Y decidí trabajar en el campo, no me arrepiento”.</p>



<p>En esos años el menú de trabajo era completo: “Había un poco de todo. Arrancábamos ordeñando, y después teníamos cerdos, ovejas, gallinas y hacíamos agricultura. Con la leche del tambo, además de para consumir nosotros, hacíamos manteca que se vendía en San Francisco”.</p>



<p>Manteca</p>



<p>Tras 32 años de estar en la Argentina, el papá de Félix pudo volver a Dinamarca a visitar a su padres y lo hizo gracias a lo que fue guardando de la venta de manteca.</p>



<p>Los tres hermanos de Félix se terminaron mudando a Dinamarca, algo que nunca estuvo en sus planes. “Yo fui de visita dos veces en 1967 y en 1971, pero siempre con la idea de volver. Mi papá era danés pero amaba Argentina. Estamos bendecidos de vivir en un país así”, asegura. “Y además, yo siempre quise seguir lo que él había empezado”, agrega.</p>



Otra antigua foto familiar, cuando todavía compartía las tareas con su padre


<p>Luego de hacer el servicio militar, en 1973 y con 23 años, Félix se transformó en socio de su papa y empezó a trabajar de firme como productor. “Arrendamos un pedazo de campo y arrancamos juntos. “Yo no tenía herramientas ni plata, ponía la mano de obra. Es un campo que está en Lin Calel y que todavía lo tengo arrendado. Hace 51 años que lo alquilo.</p>



<p>En 1977 se casó con Liliana, que era docente en San Francisco y entre los dos fueron cimentando la familia y el porvenir. En esos tiempos ya la sociedad con el papá tenía más variantes. “El ponía el 50% de los insumos y el campo, y yo ponía el otro 50%, las herramientas y la mano de obra. Y en eso íbamos 50 y 50. Y lo que era arrendado, era 25 y 75”, explica.</p>



<p>Las cooperativas</p>



<p>A partir de su padre también comenzó a relacionarse con el movimiento cooperativo. “Trabajamos un tiempo con la Cooperativa La Victoria de San Francisco, y después gracias a Germán Van Strien entramos en Alfa. Yo casi que he trabajado toda la vida con la cooperativa, nos sentimos muy cómodos. Incluso durante 15 años integré el consejo de administración”.</p>



<p>Claro que no todo fue color de rosa, a fines de los 90 a partir de la compra un campo todo el proyecto pareció derrumbarse. “Estuve muy comprometido con los bancos, pero la devaluación de ‘San Duhalde’ ayudó a mucha gente, entre ellos a nosotros”, reconoce.</p>






<p></p>



<p>Desde hace años tiene la producción bien definida. Con superficie dedicada a la agricultura y otra a la ganadería. Trabaja en siembra directa desde 1998 y ha tratado de producir en forma sustentable para poder dejarles tierra fértil a sus herederos.</p>



<p>A los cultivos tradicionales de la zona que siempre sembró, desde 2007 les agregó girasol confitero y arveja, que siembra para “Productos del Sudeste” el proyecto de agregado de valor a partir de la venta de specialities que creó junto a otros ocho productores.</p>



<p>Un gran equipo</p>



<p>En cada recuerdo, en cada repaso de su vida, Félix le pone nombre y apellido a todos los que trabajaron o estuvieron a su lado, evidenciando el valor que le da al trato y al aspecto humano.</p>



<p>“Tuve un empleado, Roberto Andino, ‘Peto’, que trabajó 30 años conmigo y ya se jubiló. Y tenemos una relación hermosa, voy a tomar mate a su casa. Hoy trabaja con nosotros Sergio Funes, que vino a matar hormigas y hace 33 años que está en el campo; Ariel Montenegro, que se dedica a la hacienda, y hace poquito entró Lucas González, que anda en la sembradora.</p>



<p>El equipo lo completa el veterinario Víctor Ruppel y Mauro Arzoz, que se encarga de la comercialización de la hacienda.</p>



“Tengo la bendición de tener una familia hermosa&#8220;, asegura con orgullo Félix


<p>“La verdad es que tenemos un equipo muy lindo de gente en el campo y eso es fundamental también y nos da mucha tranquilidad”, cuenta Félix, que habla en plural porque ya desde hace años comenzó el traspaso de mando a su hijo.</p>



<p>“Uno tiene que aprender a dar un paso al costado, por eso yo me he ido retirando de a poco y dejando todo en manos de Alex.</p>



<p>Una gran familia</p>



<p>Lo que nunca va a entregar es el casco del campo. La casa original de los sus padres la fueron arreglando junto a Liliana y hoy es la sede de inolvidables encuentros familiares. “Tengo la bendición de tener una familia hermosa. Cuando todos van al campo se llena la casa de chicos y lo disfrutamos un montón”, explica.</p>



<p>Tanto como disfruta ver a su hijo seguir sus pasos, como alguna vez él siguió los de su papá; y también ver que se asoma su nieto Juan Cruz caminando en la misma dirección.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OEP4Wg97DNT8bv86O26CvYPDIDw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/03/felix-pionero-9-scaled.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Distinguido como “Agricultor Pionero” en esta nueva edición de la Fiesta Provincial del Trigo, el productor recorrió su vida. Destacó que sus mayores...]]>
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                <updated>2025-09-24T12:58:29+00:00</updated>
                <published>2024-03-10T02:43:47+00:00</published>
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            Tilo Di Marco: una vida hecha a campo
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VHUuVDxKAy4u8T9eSsP6ONAU6FE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/03/tilo-pionero-2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>A meses de cumplir 90 años de un recorrido forjado a base de trabajo tranqueras adentro y una conducta intachable tranqueras afuera le llegó el merecido reconocimiento: fue distinguido como Agricultor Pionero en la nueva edición de la Fiesta Provincial del Trigo. “Hubo momentos muy duros y siempre de muchísimo esfuerzo. No hubiera logrado nada si no fuera por mi familia”, dice
<p>&nbsp;</p>
<p>Al verle la mirada vidriosa de la emoción en el momento de agradecer que haya sido elegido Agricultor Pionero en esta nueva edición de la Fiesta Provincial del Trigo, queda claro que el campo le dio otra satisfacción a Tilo. Una más. Más bien, esta se la ganó él.</p>
<p>Tilo es Albino Héctor Di Marco. En realidad pocos lo conocen por sus nombres, él siempre fue Tilo, así, a secas. Y no sabe por qué le pusieron así. Lo que sí saben todos los que lo rodean es que Tilo es sinónimo de campo.</p>
<p>“El 1 de agosto va a cumplir 90 años y hasta hace unos meses iba solo a encargarse de la hacienda y hasta andaba arriba de los molinos”, cuenta su hijo Javier. No lo hace a modo de reto, sino de admiración.</p>
<p>“Yo sé que voy a cumplir 90 años, pero si no me muevo, si no voy al campo me deprimo”, cuenta Tilo. Es cierto que ya no anda arriba del molino, pero bastante seguido va a El Cencerro, su establecimiento ubicado a 15 kilómetros de Cascallares junto a Javier y su nieto Facundo, se sube a su S-10 y recorre las vacas, los terneros, los novillos, corre el eléctrico, arregla algún alambrado. “El campo es mi vocación, es mi vida”, dice como para justificarse.</p>
<p>El Porvenir</p>
<p>Tilo es hijo de un inmigrante italiano que tras llegar al puerto de Buenos Aires trabajó primero en un campo de Cabildo, luego de Chaves y finalmente recaló en Tres Arroyos. En el establecimiento El Porvenir, en La Tigra, crió a sus seis hijos. Salvo uno que eligió estudiar y ser farmacéutico, el resto se dedicó a ayudarlo en el campo.</p>
<p>“A mí me mandaron a hacer la primaria de pupilo en el colegio de curas, pero no me gustaba nada. Entonces, a eso de los 11 o 12 años fui y le dije a mi papá que no quería estudiar más. Yo sabía que me iba a costar mucho y que iba a sentirme un fracasado toda mi vida. Yo me quería ir al campo”, cuenta. “Mi papá me advirtió: ‘pero vas a tener que trabajar’. Le dije que sí, que iba a trabajar”, recuerda.</p>
<p>Y se fue nomás. Pero no la tuvo fácil. “Los primeros años fueron durísimos. Nunca pensé que iba a ser tan difícil el trabajo. Me tenía que levantar a las tres de la mañana para echarles los caballos a los bolseros que hacían la cosecha. Para esquivar el calor arrancaban bien temprano a trabajar”, cuenta sobre sus inicios.</p>
Facundo (nieto) y Javier (hijo) custodian a Tilo, el merecido Agricultor Pionero
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<p>“Mi mamá le decía a mi papá que les pagará un poco más a los bolseros para que se echaran ellos los caballos y yo pudiera dormir más tiempo, pero él siempre dijo que no. ‘Lo tiene que hacer él’, contestaba”, repasa Tilo. En el resto del día, estaba encargado de recorrer a caballo el campo y solucionar lo que hubiera que solucionar. Entre una cosa y otra, nunca podía acostarse temprano. “Terminaba durmiendo tres horas nada más”, cuenta.</p>
<p>Así se le grabó a fuego que nada se consigue sin sacrificio.</p>
<p>La familia tenía una sola camioneta y para usarla para ir al pueblo a distraerse tenía muy pocas chances. “A mi papá no le gustaba darla y además me tenía que turnar con mis hermanos. Así que a mí me tocaba cada dos meses más o menos”.</p>
<p>Más tarde fue “ascendido a tractorista” y las jornadas arrancaban a las 5 de la mañana y terminaban a las 9 de la noche. Primero comandó un Case de ruedas de hierro, luego pasó al Hanomag.</p>
<p>Pasó el tiempo, su papá decidió retirarse y Tilo conformó una sociedad con sus cuatro hermanos, y llegaron a trabajar más de 2.000 hectáreas. Una gran majada de 2.000 ovejas, un rodeo de 150 vacas y los lotes de trigo, cebada, lino y maíz eran su paisaje cotidiano.</p>
<p>Hasta que llegó el momento de la separación porque la familia se iba agrandando y era complicada la organización. Fue en 1977, y otra vez volver a empezar.</p>
<p>Su lugar en el mundo</p>
<p>“En la división a mí me tocó un pedazo de campo, El Cencerro, que eran 340 hectáreas, un tractor y un arado. Me costó mucho progresar porque no tenía plata para comprar herramientas”, explica. La falta de implementos Tilo la enmendó con más horas de trabajo y así empezó a progresar.</p>
<p>En 1982 y con apenas 12 años comenzó a ayudarlo su hijo Javier. El tampoco quiso seguir estudiando y eligió irse al campo. La que sí se inclinó por los libros fue su hija Claudia, que tras irse a estudiar psiquiatría se radicó en la localidad de Verónica.</p>
<p>De a poco, a fuerza tiempo en los lotes y con la hacienda, y una administración muy estricta, Tilo y Javier fueron progresando. “El trabajó mucho de muy chico, también le tocó madrugar. Y mi señora fue fundamental para que creciéramos y mejoráramos”, dice sobre Marta, su compañera con la que ya lleva compartidos 60 años.</p>
<p>“Mi viejo casi no tenía vacaciones, porque cuando terminaba la cosecha se quedaba haciendo los barbechos. Siempre fue un excelente agricultor y por eso tuvo los resultados que tuvo”, asegura Javier. “Nunca dio un paso entero, a la hora de crecer, siempre dio primero medio paso, y después sí, cuando todo estaba encaminado, avanzaba la otra mitad”, grafica sobre la austeridad con la que siempre se manejó su papá.</p>
<p>Haber arrendado durante 22 años el campo de un vecino es prueba de que Tilo se comportó bien tranqueras adentro y también tranqueras afuera.</p>

https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/03/tilo-ovejas.mp4
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<p>“Hemos pasado muchas malas con el clima. Tuvimos sequías, granizadas y hasta fuego. A un vecino se le empezó a quemar el campo y se nos vino a nosotros, perdimos el casco y un lote de 80 hectáreas de trigo”, recuerda uno de los momentos más difícil que tuvo que atravesar.</p>
<p>“Mi vida fue muy dura”, reconoce sin ánimo de victimizarse. “A mí me hubiera gustado que disfrutara más. Pero él siempre fue igual”, dice Javier. “Lo lindo de su historia y de la mía también es que pudimos crecer y progresar en familia. Porque ahora está mi hijo Facundo trabajando conmigo, lo estoy haciendo como mi papá me hizo a mí. Pero yo no soy tan buen maestro como lo fue él, no le llego ni a la mitad”, asegura Javier.</p>
<p>Los nietos Luca y Matías completan la foto familiar que muestra con orgullo Tilo.</p>
<p>Un señor productor</p>
<p>Uno de los motivos por los que fue propuesto como Agricultor Pionero, más allá de su historia bien campera, es que siempre fue un excelente productor. “El fue uno de los primeros en implementar la siembra directa en esta zona. Se inició mi primo y nosotros lo seguimos”, relata Javier.</p>
<p>“Ha sido un productor abierto a las nuevas tecnologías y probar, a ir para adelante. Empezó a probar la urea cuando muy pocos lo hacían, fue uno de los primeros en comprar una fertilizadora. Se adaptó toda su vida a los cambios”, agrega.</p>
<p>“Siempre trabajó campos mixtos, de poca calidad, y le sacó los mejores resultados posible. Si hubiera estado en suelos buenos hoy tendría el doble de lo que tiene”, completa el hijo anta la mirada del padre.</p>
<p>Los caballos son la otra gran pasión de Tilo. Llegó a tener una tropilla de 120 animales. “Tiene un don que yo no se lo he visto a nadie. Caballos que no servían para andar, que eran malos, que iban directamente para doma, él los hacía andar. Les hablaba, los acariciaba, y los terminaba andando”, relata Javier.</p>
<p>“Hasta hace un par de años todavía montaba”, cuenta Tilo antes de cerrar la charla.</p>
<p>Para la despedida, Tilo deja los agradecimientos: “A los consejeros de la Cooperativa Agraria, que es mi segunda casa, que me propusieron como Agricultor Pionero. Y a mi familia, en especial a Marta”.</p>
<p>Mejor final, imposible.</p>
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                <updated>2025-09-24T12:57:36+00:00</updated>
                <published>2023-03-12T12:45:50+00:00</published>
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            Pablo Lebeck: un productor con valor agregado
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vzo9b2-WgKAnGWNJKALIqPlixqc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/07/los-lebeck-3-scaled.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un recorrido por la rica vida productiva y comunitaria de este porteño que llegó al campo sin saber nada producción y se ganó merecidamente el reconocimiento como Agricultor Pionero. Su intervención en la lucha contra la aftosa, en la evolución del Instituto Almafuerte, en la autonomía del Ente Vial, en la consolidación de la Cooperativa Alfa y en la conformación de una empresa familiar modelo desde su establecimiento ubicado entre Copetonas y Reta
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<p>Por Juan Berretta</p>
<p>“Ahí viene el preguntón del barrio”, recuerda con humor que sus amigos y vecinos de los campos de Copetonas le decían cuando llegaba a alguna reunión. No era despectivo el apodo, era 100% descriptivo. Pablo Lebeck, el protagonista de esta historia, se hizo productor agropecuario produciendo y en ese proceso de formación, ayudada por un año en la Escuela Agrícola San Francisco de Bellocq fueron clave su curiosidad, sus ganas de aprender y su permanente vocación de innovar.</p>
<p>De modo que era común que una visita a un establecimiento vecino terminará convirtiéndose en un interrogatorio productivo, que se daba gracias a la buena predisposición y a la generosidad de quienes eran acorralados a preguntas por este porteño de nacimiento y tresarroyense por adopción.</p>
<p>En más de una hora de charla en el agradable living de su casa de la calle Olavarría, Pablo agradecerá a todos los que aportaron para que él se convirtiera en un productor modelo. Porque si fue muy preguntón, más lo es agradecido. En cada recuerdo, en la descripción de todo paso productivo, siempre hay un nombre y apellido al que Lebeck trae a superficie.</p>
<p>Marzo de 2016, Pablo Lebeck recibe de manos de Carlos Sánchez la distinción como Agricultor Pionero en el marco de la Fiesta Provincial del Trigo</p>
<p>Pero hay que volver a las preguntas para encontrar la razón por la que Pablo, criado en Olivos, en la zona norte del conurbano bonaerense, se relacionó con el campo y con Tres Arroyos. Y el origen de todo fue una pregunta. No la hizo él sino su padre, a quien por razones de salud le habían recomendado cambiar su actividad, era representante de una empresa noruega exportadora de lana, un rubro muy estresante por las variaciones del mercado, y le preguntó a Holger Finneman, uno de sus clientes de esta región con quien ya había construido una amistad a partir de las visitas que hacía buscando ropa y elementos para enviar a Dinamarca durante la Segunda Guerra Mundial, si no sabía de algún campo que estuviera en venta. “Yo vendo el mío”, le contestó. Así Henrik Lebeck desembarcó en Tres Montes, el campo de 800 hectáreas ubicado entre Copetonas y Reta.</p>
<p>Ese mismo verano Pablo, todavía un estudiante secundario, ayudó con la cosecha y empezó a descubrir el mundo que más tarde abrazaría con pasión.</p>
<p>Química con el campo</p>
<p>Hijo del matrimonio conformado por Henrik y Maren Maegaard (odontóloga recibida en Copenhagen), los dos daneses pero que se conocieron en Buenos Aires,</p>
<p>Pablo nació el 14 de septiembre de 1933 en el Hospital Alemán de Barrio Norte, en la Capital Federal. Se crío y transcurrió su adolescencia en Olivos y se educó en el prestigioso colegio San Andrés, de origen escocés, en el que en 1952 se recibió de bachiller. Además del título, se llevó el amor por el rugby, el absoluto dominio del inglés y una inclinación para continuar una carrera relacionada con la química. Nada más alejado del camino que terminó recorriendo.</p>
<p>A fines de 1949 su padre había comprado Tres Montes y en el verano de 1950 Pablo hizo su primer viaje a Copetonas. “Fue en tren del entonces F.C. Sud desde Plaza Constitución, en un camarote dormitorio, como se estilaba entonces”, recuerda. “Un acontecimiento cuasi social pues muchos pobladores concurrían a la estación por una cuestión u otra o simplemente a curiosear. De ahí en Ford A al campo”.</p>
<p>Después de trabajar en las cosechas de los veranos del 50, 51,52, tras el cierre de la trilla del 53 no volvió a Olivos. “Ya bachiller, me interné en la Escuela Agrícola San Francisco de Bellocq para un curso anual relacionado al trabajo de campo, su director era el botánico noruego Gunnar Weiseth”, cuenta Pablo.</p>
<p>Bodil, su hermana, tres años menor, no se vio tentada por la vida rural y una vez que terminó el secundario emigró a Dinamarca donde todavía hoy reside.</p>
<p>“De jugar al rugby pasé al handball, uno de los deportes favoritos de la zona. En el equipo femenino de la escuela jugaba Riet Groenenberg, vecina de la Colonia Claromecó. Fue amor a primera vista…”.</p>
<p>La familia que Pablo y Riet supieron conseguir. En primera fila sus hijos Enrique, Ana María y Andrés, junto a sus nietos -falta un hijo de Enrique-</p>
<p>El año 1954 fue de un impasse obligado en la relación presencial con el Riet y con el campo. “Tuve que hacer el servicio militar y en enero ingresé al ejército como soldado conscripto en la Escuela Superior Técnica, en Capital Federal. Me desempeñé como oficinista y traductor de inglés de los manuales de los vehículos que el ejército trajo de la Segunda Guerra Mundial”, cuenta.</p>
<p>En noviembre le dieron la baja y volvió a Tres Montes a trabajar. En el inicio de 1955, en plena cosecha, el padre (54 años) se enfermó y en marzo falleció. Así fue que con apenas 22 años y casi sin experiencia, Pablo tuvo que se hacerse cargo del establecimiento.</p>
<p>“En esos difíciles primeros años mi madre y yo fuimos ayudados muchísimo por Finneman, quien le había vendido el campo a papá, y en la emergencia actuó como apoderado de la sucesión. Venía todas las semanas a ver qué estábamos haciendo y a orientarnos”, dice. “También colaboraron con nosotros los vecinos, que eran muy comunicativos”.</p>
<p>“Cuando recibimos el campo, la mayoría de los trabajos se realizaban con caballos, por eso teníamos que sembrar mucha avena para alimentarlos. Pero justo mi padre antes de enfermarse compró un tractor y lo empecé a usar yo. Me adapté bien, aprendí todas las tareas”, agrega.</p>
<p>Un año después, en marzo de 1956, Pablo y Riet se casaron y se instalaron en Tres Montes, que fue el hogar de la familia hasta que tiempo después, con la llegada de Enrique, Ana María y Andrés, los tres hijos del matrimonio que durante sus primeros años fueron internados en el Colegio Holandés, decidieron construir la casa de la calle Olavarría.</p>
<p>Expansión y vacas</p>
<p>Volviendo a aquellos primero tiempos, en 1959, los Lebeck compraron Calen, un campo cercano y duplicaron la superficie, que se empleaba un 60% con agricultura y un 40% con ganadería.</p>
<p>“Hasta 1961 nuestra actividad ganadera se basaba casi exclusivamente en el lanar con una majada Lincoln, que producía principalmente lana gruesa y en menor grado carne. Con el advenimiento de la fibra sintética y la aplicación de impuestos y diferencias cambiarías a la exportación, la oveja dejó de ser rentable y liquidamos la majada”, explica Pablo.</p>
<p>Ese fue el punto de inflexión en la explotación ganadera. “Durante los años siguientes incorporamos campos heredados por Riet, cambiamos la figura jurídica a La Costera S.A. y Lebeck S.A.; se compraron y arrendaron algunas parcelas, inclusive de médanos”.</p>
<p>Criado en la ciudad, los conocimientos ganaderos de Pablo eran muy limitados. “Entonces entró a jugar el factor suerte y las amistades”, reconoce. Su vecino y muy buen amigo era Quico Skou, un eximio conocedor de Aberdeen Angus y quien dirigía la cabaña La Verbena de Copetonas.</p>
<p>“Su desempeño era muy bueno, entre tantas cucardas logró el único triple Gran Campeón Macho de la raza en la Exposición de Palermo entre los años 1976 y 1978. El toro Gran Sureño”.</p>
<p>Por la influencia de su amigo, Pablo se inclinó por Angus, “dada su fertilidad, facilidad de parición y por ese entonces única raza de carne sin cuernos”, explica. “Entre los asesores de Quico estaba el doctor Robert Long, de la Universidad de Purdue, cuyos consejos eran tan convincentes como la de producir el tipo de animal demandado por los frigoríficos”, indica.</p>
<p>Motivo que justificaba empezar a comprar vientres y reproductores mayormente en la tradicional cabaña copetonense, pionera en publicar los índices de crecimiento de sus animales. “Gran parte de nuestra actual genética se origina en los Angus de La Verbena”, asegura Pablo.</p>
<p>En el verano de 2018 visitó varios establecimientos ganaderos de la zona, entre ellos Tres Montes, el Agregado Comercial del estado de Nebraska, Stan Garbacz. La recorrida fue gestionada por Juan García y Juan de Ezcurra, asesores de las cabañas que recibieron al funcionario y se dio en el marco de operaciones comerciales de genética de la raza Angus</p>
<p>“Quiero destacar la gran ayudada brindada en esos tiempos por Heriberto Strassburger, que me enseñó en el corral lo bueno y lo malo de un rodeo. Con él hicimos muchos y buenos negocios tanto de compra como de venta”, dice agradecido.</p>
<p>Ese proceso se dio en forma simultánea a la implementación del Plan Balcarce del INTA Balcarce, “el mejor programa ganadero impulsado por un gobierno, y a partir del que empezamos con la fertilización y con el asesoramiento. Era fantástico porque te enseñaban, te mandaban un ingeniero a tu casa, te daban créditos para pasturas, para comprar animales de calidad y te hacían un seguimiento para que cumplieras los objetivos”, cuenta.</p>
<p>La innovación es un componente de la sangre de Pablo, y prueba de eso fue la decisión de comenzar a entorar las terneras a los 15 meses. “En esos tiempos se les daba servicio a los 27 meses, luego debido a la mejora en la alimentación comenzamos a hacerlo a los 15. El ingeniero Daniel Casanova del INTA Balcarce condujo un experimento muy didáctico y oportuno. Con un lote de unas 150  hembras, mitad con servicio de 27 meses, la otra mitad con 15 meses, y no se percibió diferencia en el índice de parición”, cuenta.</p>
<p>“La única diferencia es que al segundo servicio las hembras de 15 meses lograban una preñez un poco menor. Insignificante ante la opción de tener las terneras sin entrar en producción hasta los 27 meses. El desafío era mejorar la nutrición del rodeo”, agrega.</p>
<p>La selección de Lebeck</p>
<p>Seleccionar las hembras para integrar el rodeo resultó sencillo. “La fertilidad y la precocidad es hereditaria. Con el servicio estabilizado en el tiempo simplemente elegíamos las hembras por su tamaño. Las más grandes lo eran porque sus madres se habían preñado rápidamente o porque eran más precoces. La báscula decidía”, describe.</p>
<p>El segundo filtro se produce al destete, ternera que abortara o perdía su cría, se vendía sin contemplación. Esto y un examen visual, define el destino del animal. “Luego de 40 años de esta estricta selección, al resultado lo podemos apreciar hoy con prácticamente todos los animales aprobados por el inspector de Aberdeen Angus y en el resultado de las ventas”, plantea Pablo.</p>
<p>CREA Cascallares</p>
<p>Otro de los quiebres en la vida productiva de Pablo Lebeck fue la incorporación al grupo CREA Cascallares. “Nos asociamos en 1968 y eso se tradujo en un curso muy acelerado en agricultura y ganadería. Es la mejor universidad que existe para el productor con espíritu de mejorar su empresa. Es un sistema donde todos aprenden, incluidos los profesionales involucrados”, asegura.</p>
<p>“Nuestro primer asesor y durante 12 años fue el ingeniero Ernesto Friederichs, seguido por el ingeniero José Borghetti otros tantos años. Esas relaciones trajeron profundos beneficios de amistad y conocimientos a nuestra empresa”.</p>
<p>Pablo fue presidente del CREA Cascallares e integraba el CAR Mar y Sierras, conformado por todos los grupos del sur de la provincia. “En esos intercambios hice muchos amigos y sobre todo aprendí muchísimo. Yo no sabía nada, y había productores e ingenieros de vanguardia, muy adelantados, y que eran muy didácticos. Eso permitía llevar adelante las innovaciones en nuestro campo”.</p>
<p>Siembra directa</p>
<p>Con su decisión de estar siempre en la vanguardia y su ausencia de prejuicios agronómicos “por venir de la ciudad”, a Pablo no le tembló el pulso en el amanecer de los 2.000 para adoptar la siembra directa. “Considero que fue el cambio más fundamental en la producción. No me costó la adopción porque siempre estuve abierto a lo que surgiera. Me interesaba implementar todo lo que sonara lógico y además me gustaba mucho leer”.</p>
<p>A eso se le sumaron la llegada de los híbridos de maíces, y antes de girasoles “que permitieron que se pudiera hacer cultivos de gruesa en nuestra zona. Empezamos a cosechar 5.000 o 7.000 kilos de maíz, algo que ni siquiera había soñado”, explica.</p>
<p>Andrés junto a sus padres y a Sergio Amuchategui, creador de Rústicos. En 2007, los Lebeck fueron quienes confiaron e impulsaron el proyecto ganadero que hoy está posicionado como uno de los eventos más importantes del país en la comercialización de genética</p>
<p>Después de tanto camino recorrido, como una estación más del itinerario fue surgiendo la incorporación de los hijos al trabajo activo de la empresa. No sólo que no se trató de una situación conflictiva, sino que sirvió para potenciar todo lo bueno hecho hasta el momento por Pablo.</p>
<p>“Tenemos la suerte de que nuestros hijos estén trabajando con nosotros y hemos conformado un gran equipo. Ana María se ocupa de la administración, Enrique de la agricultura y Andrés de la ganadería. Hace unos 20 años comencé a delegar y desde hace 10 años no tomo más decisiones, sólo funciono junta a mi señora como ‘consultores no vinculantes’, cuenta con satisfacción.</p>
<p>“A los tres les gustó seguir con el campo, yo nunca los obligué a nada”, agrega.</p>
<p>Rústicos</p>
<p>Una vez que Andrés comenzó a dedicarse exclusivamente de la pata ganadera de la empresa se produce otro quiebre productivo. “Es el momento en que nos vinculamos a Rústicos, a cargo de nuestro amigo de muchos años, Sergio Amuchategui. El, junto a Juan García y Francisco Franganillo, son los que asesoran a Andrés y que han conformado un equipo formidable con nuestro personal y mi nieto Juan, a quienes cariñosamente llamamos ‘Los Vaqueros’”, cuenta Pablo.</p>
<p>El primer mojón en la relación Lebeck – Rústicos fue en septiembre de 2007, cuando Amuchategui organizó el remate inicial del proyecto, que con el paso de los años se transformaría en uno de los eventos más reconocidos del país por la calidad genética que comercializa. Los Lebeck participaron como criadores invitados con un grupo de terneras.</p>
<p>Hoy un vientre marca Lebeck ya es conocido a nivel país, producto del trabajo que “Los Vaqueros” han venido llevado adelante desde entonces.</p>
<p>En 2016, ya estando retirado de la vida activa como productor, Pablo fue distinguido como Agricultor Pionero en el marco de la Fiesta Provincial del Trigo. “Fue un reconocimiento que me generó satisfacción y felicidad, pero realmente no sé si fue algo merecido”, dice.</p>
<p>El testimonio y los recuerdos que nutren esta nota despejan cualquier duda: más que merecida estuvo su elección.</p>
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<p>De puño y letra: el Instituto Almafuerte, la Cooperativa Alfa y el Ente Vial</p>
<p>Nuestra mayor falencia como país es la falta de educación, principal responsable de nuestro atraso y condicionante de nuestro futuro. En ese contexto, mi mayor satisfacción ha sido mi trabajo en apoyo del Instituto Almafuerte de Copetonas.</p>
<p>En 1962 un grupo de vecinos comenzó con su creación y en 1963 se inauguró el primer año, orientación comercial. Este mismo año me designaron presidente de la cooperadora. Pudimos avanzar gracias al aporte de todos, especialmente de los docentes que en los años iniciales trabajaron total o parcialmente ad honoren.</p>
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<p>Dependíamos del Servicio Nacional de Enseñanza Privada (SNEP), que comenzaba pagando el 70% de los salarios a partir del segundo año de funcionamiento del curso. Así fue como se iniciaron los primeros tres años.</p>
<p>Al principio el Instituto funcionó en la Escuela 25 de Copetonas. En 1968, con el aporte de los vecinos, se compró el edificio propio, hoy agrandado a su actual estructura.</p>
<p>En 1972 se produce el egreso de la primera promoción de peritos mercantiles.</p>
<p>Luego de arduas entrevistas, finalmente se consigue del SNEP el pago del 100% de los salarios más sus cargas sociales. Hoy asesoran a mis hijos en temas agropecuarios tres ex alumnos del ISA. Misión cumplida.</p>
<p>La Cooperativa Rural Alfa</p>
<p>Mi relación con la Cooperativa Rural Alfa comenzó en los años 80 y en 1983 fui electo para integrar el Consejo de Administración, cargo del cual me retiré en 2003.</p>
<p>Habituado a administrar un bien propio, pasar a ser parte de la administración de un bien de los socios es un cambio de responsabilidad que hay que asimilar prontamente. Sobre todo siempre hay que tener en cuenta que se está manejando el dinero de terceros. Esto exige un consensuado trabajo de equipo, y aunque antipático, control de las cuentas y manejo estricto de los bienes.</p>
<p>El Consejo siempre se manejó a puertas abiertas, estimulando la participación de jóvenes y con frecuentes y concurridas reuniones de socios.</p>
<p>Mayormente tuvimos viento a favor a pesar de las políticas perjudiciales para el campo. Hoy podemos ver como Alfa evoluciona en la buena senda luego de un muy modesto pero visionario comienzo en 1938.</p>
<p>De la Cooperativa tengo muy lindos recuerdos y la satisfacción de haber hecho muy buenos amigos.</p>
<p>El Ente Vial Rural</p>
<p>En 1973 fui electo concejal municipal por Nueva Fuerza junto con Torkild Rybner. Eramos un bloque chiquito y de principiantes, lo que nos demandó tiempo por lo que ambos abandonamos otras actividades, salvo las relativas al campo.</p>
<p>En 1993 volví al Concejo Deliberante, esta vez al bloque unipersonal de la UCD. Los primeros dos años con el intendente doctor Fernando Ricci y luego con el ingeniero Carlos Aprile. Fue todo un desafío pues en ocasiones resulté ser el edil que inclinaba la balanza.</p>
<p>El mejor recuerdo que tengo fue la creación del Ente Vial Rural autónomo en cuyo proyecto trabaje con mis entonces colegas concejales Carlos Aprile y Carlos Sánchez.</p>
<p>Mi paso por la política lo viví con mucha pasión, era algo que me gustaba y lo hice por vocación. Es algo que llevo en la sangre: uno de mis abuelos fue diputado en el Congreso de Dinamarca.</p>
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<p>La Comisión Local de Lucha contra la fiebre aftosa</p>
<p>En 1963 a partir de la fundación de la Comisión Local de Lucha contra la fiebre aftosa (CANEFA) se introduce la vacunación obligatoria y la libreta sanitaria. Participaban del ente Víctor Aizpurúa, presidente de la Sociedad Rural, y Pablo Lebeck en representación de las cooperativas del partido.</p>
<p>“Toda la gestión era de índole privada supervisada por la Comisión y los primeros años administrada por la Sociedad Rural. El productor compraba sus vacunas y las aplicaba con su veterinario. Se asentaba en la libreta, algo indispensable para mover y comercializar la hacienda”.</p>
<p>Luego CANEFA fue sustituido por SELSA y se comenzó a contratar veterinarios para un mejor control de la campaña. “Con la introducción de la vacuna oleosa aplicada cada seis meses a partir del 1987 se consiguió un muy elevado nivel de inmunización. Es la vacuna que con sus variantes de cepa se utiliza hoy”.</p>
<p>En 2000 SENASA se hace cargo de todo y con la misión cumplida, la Comisión local queda disuelta.</p>
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            Nivardo Zamora, el adiós a un Agricultor Pionero
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zyYZNqajez7ESYTiuMGmk-VrHHE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/06/agricultor-pionero.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El productor agropecuario que fue distinguido en la Fiesta Provincial del Trigo de 2015, falleció el miércoles a los 88 años. Fue pionero en la siembra de raigrás y llegó a esquilar 25.000 ovejas por campaña. Desde siempre estuvo relacionado con la Cooperativa de Cascallares
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<p>El último miércoles se produjo el fallecimiento a los 88 años de Nivardo Zamora, un reconocido productor agropecuario de la zona de Cascallares que fuera distinguido como Agricultor Pionero en la Fiesta Provincial del Trigo de 2015. Zamora, además, estuvo desde siempre relacionado con la Cooperativa de Cascallares habiendo integrado el consejo directivo durante varios años.</p>
<p>Nivardo había nacido en Barrow, localidad en la que su padre se desempeñaba como estafeta postal. Pero sus primeros recuerdos ya los tenía en un campo de Cascallares, donde su familia se instaló antes de 1935, cuando su papá decidió dejar el correo y transformarse en chacarero.</p>
<p>Acompañó a su padre en las tareas rurales y se incorporó a la sociedad “Martin Zamora e hijos”, a los 18 años, en un campo de 400 hectáreas. Hasta que tras la gran sequía de 1962, su papá decidió dejar de arrendar un campo de 160 hectáreas, y Nivardo eligió independizarse y continuar con el arrendamiento. Al poco tiempo compró una esquiladora y se dedicó a sembrar y brindar servicio de esquilado. “Llegue a esquilar 25.000 animales con cinco varillas”, le contó a La Voz del Pueblo en 2015.</p>
<p>Como otro de los puntos para destacar de su vida como productor está la incursión en la siembra de raigrás. “Debo haber sido uno de los primeros en sembrarlo. Junto a Cristian Bolt empezamos a hacerlo en 1945. Ocurre que en esa época había una plaga que se llamaba pulgón verde y no había productos para combatirla porque todavía no se fumigaba. Pero el raigrás no lo comía, así que era una buena alternativa hacerlo”, explicó.</p>
<p>Y si de recuerdos y de agricultura se trata, Nivardo fue un gran productor de lino, un cultivo hoy casi desaparecido. “Después hice siempre trigo, cebada, avena, y una vez que el girasol se adaptó a la región, empecé a sembrarlo también”, comentó en aquella oportunidad.</p>
<p>También tuvo una larga relación con la ganadería. Primero se dedicó a los lanares, porque además de esquilar, llegó a tener una majada de 1.300 cabezas. “En esos tiempos la raza que se usaba era Lincoln. Después pasé a tener Corriedale”.</p>
<p>Con el paso de los años y sobre todo a partir de la siembra de cultivos de cosecha gruesa, los lanares le dejaron el espacio a los vacunos. “Tuve pocas vacas, entre 100 y 130, y me dedicaba a hacer cría”, contó.</p>
<p>Nivardo trabajó toda la vida con la Cooperativa de Cascallares, a la que sin dudar definió como “mi casa” y en la que siempre se sintió contenido, sobre todo cuando la mano vino difícil. Incluso durante varios años integró el consejo directivo de la entidad. En 1956 se casó con Ethel Nelly Cabodevilla, con quien tuvo un hijo (Abel Armando), 11 nietos y cinco bisnietos.</p>
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                <updated>2025-09-24T12:56:55+00:00</updated>
                <published>2022-06-10T10:01:17+00:00</published>
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            “No me imagino la vida sin el campo”
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<p>“Yo voy a seguir viniendo hasta que me digan que molesto”, les avisa Cali a sus tres hijos medio en chiste y medio en serio antes de subirse a su camioneta para irse de El Fortín, el campo que los Mendiberri trabajan hace casi 100 años.</p>
<p>Cali es Carlos Hugo Mendiberri, productor agropecuario de la zona de Cascallares y quien fuera distinguido como Agricultor Pionero en el marco de la 53ª Fiesta Provincial del Trigo.</p>
<p>Nieto e hijo de productores, Cali siempre supo que su pasión era el campo y su deseo poder vivir de su producción. Pero su relación directa con la actividad rural comenzó cuando tenía 26 años. Antes trabajó en el dique Paso las Piedras de Bahía Blanca, en un molino harinero y en una acería. Hasta que su padre, también llamado Carlos, tras el fallecimiento de sus hermanos le propuso trabajar en el campo. Cali no lo dudó y comenzó a escribir su historia como productor.</p>
<p>Lo primero que hizo fue asociarse a la Cooperativa de Cascallares, entidad que tuvo a su abuelo como uno de los fundadores y primer presidente. Su padre también la presidió, y él luego integraría el consejo. Cali empezó de cero y resultó vital el soporte de la cooperativa.</p>
<p>“Te apoyaba en los momentos difíciles, te financiaba, y así podías llegar a la cosecha. Pero además, cualquier problema que tenías ibas a hablar con el gerente y tenías apoyo siempre”, dice.</p>
<p>En esa época, con condiciones laborales, tecnológicas y económicas muy diferentes a las actuales, después de días de tractor y noches de insomnio, se fue afianzando como productor.</p>
<p>Cali se casó con Margarita Dannunzio (Bety) y tienen tres hijos, con quienes vivieron El Fortín. Y los tres desde chicos lo acompañaron con la misma pasión por producir, y con el tiempo se convirtieron en pilares fundamentales para el crecimiento de la empresa agropecuaria familiar.</p>
<p>Cali asegura que lo que más aprendió de su padre fue la decencia y la sencillez, valores que él también les inculcó a sus hijos. Y ellos heredaron el amor por el campo. Por eso se fueron sumando, cada uno a su tiempo y para cumplir un rol determinado, a la empresa familiar. “Matías desde los 7 años andaba en el tractor, lo de él eran las máquinas. Sebastián estaba más con los animales. Y Carlos María salió agrónomo”, indica Cali.</p>
<p>No esconde que le causa felicidad que los tres hayan decidido seguir sus pasos, aunque aclara que él no le impuso nada a ninguno. “Somos una familia de campo, es un modo de vida. No me imagino un día sin el campo”, resume con satisfacción.</p>
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                <updated>2025-09-24T12:56:42+00:00</updated>
                <published>2022-03-13T02:01:21+00:00</published>
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