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    <title>La Voz del Pueblo</title>
    <subtitle>Informate con las noticias de Argentina y el mundo.</subtitle>
    <updated>2026-06-20T01:00:04+00:00</updated>
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            Un trigo mal nutrido pierde hasta 3.500 kilos por hectárea
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZJGRMtr37QwQD5t4cqzHNhycFGU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/trigo_balcarce_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En la actualidad, existe una marcada diferencia entre los rendimientos potenciales en secano y los efectivamente logrados en distintas zonas agrícolas. En el caso del trigo en el sur bonaerense, la brecha entre el rendimiento potencial en secano y el rendimiento real oscila entre el 35% y el 50%, lo que equivale a 2,5 y 3,5 toneladas por hectárea, respectivamente. Según explicó Hernán Sainz Rozas del INTA Balcarce, parte de esa diferencia se vincula con una nutrición inadecuada, además de las condiciones ambientales y el deterioro físico de los suelos.</p><p>Uno de los puntos críticos está en la eficiencia en el uso de los nutrientes, especialmente del nitrógeno, un elemento central para alcanzar mejores rindes y calidad en los cultivos, explica Sainz Rozas.</p><p>“Nutrientes como el nitrógeno, el fósforo, el azufre y el zinc son fundamentales porque impactan directamente tanto en el rendimiento como en la calidad del grano”, sostuvo. De acuerdo con datos presentados por el técnico, la respuesta a la fertilización con nitrógeno y fósforo puede variar entre 10 y 30 kilos y entre 10 y 50 kilos de grano por kilo de nutriente aplicado, respectivamente, dependiendo de la oferta del suelo y de las dosis utilizadas.</p><p>En el caso del azufre, las respuestas productivas se ubican entre 120 y 240 kilos de grano por kilo aplicado, mientras que para zinc se registran incrementos de entre 300 y 600 kilos por hectárea cuando los niveles en el suelo son inferiores a 1 ppm (partes por millón) y se aplican dosis de entre 0,5 y 1 kilo por hectárea.</p><p>El especialista remarcó que las deficiencias nutricionales no solo afectan el rendimiento, sino también la eficiencia con la que los cultivos aprovechan otros nutrientes. “La deficiencia de azufre reduce significativamente la eficiencia en el uso del nitrógeno y además limita el contenido de proteína y gluten, variables determinantes para la calidad panadera”, explicó Sainz Rozas, y agregó que “algo similar ocurre con el zinc, cuya carencia reduce la eficiencia en el uso del fósforo”.</p><p>Además, consideró que la fertilización balanceada es una de las herramientas centrales para maximizar la productividad y optimizar el uso de los recursos. Por eso, destacan la importancia de realizar análisis de suelo y monitoreos que permitan ajustar las recomendaciones según cada ambiente productivo.</p><p>En ese sentido, Sainz Rozas señaló que el monitoreo durante el ciclo del cultivo mediante sensores de vegetación o imágenes satelitales resulta especialmente importante para nutrientes móviles como el nitrógeno, cuya disponibilidad y la demanda del cultivo cambia a lo largo de la campaña.</p><p>Costosa compactación</p><p>Más allá de la nutrición, el INTA pone el foco sobre otro problema que avanza silenciosamente: la degradación física de los suelos. “Si el suelo está compactado, las lluvias no se infiltran adecuadamente y los fertilizantes no pueden ser aprovechados por los cultivos”, advirtió el especialista.</p><p>Según indicó, el deterioro asociado al proceso de agriculturización tiene un fuerte impacto sobre la eficiencia en el uso de nutrientes. En suelos con buena calidad física se registran eficiencias de uso de nitrógeno cercanas a los 12 kilos de grano por kilo de N aplicado. Sin embargo, en lotes compactados ese valor puede caer hasta apenas 4 kilos de grano por kilo de nutriente.</p><p>Para el técnico, sostener la productividad exige pensar los sistemas de manera integral. La reposición de nutrientes y el ajuste fino de la fertilización deben complementarse con estrategias orientadas a recuperar la salud del suelo. Entre ellas, se destacan la intensificación de las rotaciones para aumentar el retorno de carbono y el uso de labranzas estratégicas para revertir la compactación.</p><p>Las líneas de trabajo actuales del INTA también incluyen el diagnóstico de deficiencias de nutrientes que históricamente no eran considerados limitantes, como potasio, calcio o boro, además de estrategias de encalado para mitigar la acidificación y el uso de cultivos de cobertura.</p><p>“El objetivo es generar información y tecnologías adaptadas a cada región para avanzar hacia una agricultura más sustentable, con mayores niveles de productividad y un uso más eficiente de los recursos”, señaló el especialista del INTA.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZJGRMtr37QwQD5t4cqzHNhycFGU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/trigo_balcarce_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La estimación pertenece al INTA y para el cultivo en el sur bonaerense. Parte de esa diferencia se vincula con una nutrición inadecuada, además de las condiciones ambientales y el deterioro físico de los suelos]]>
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                <published>2026-06-20T01:00:00+00:00</published>
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            Las brechas de rinde siguen siendo un dolor de cabeza
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6fTfG7Zz1t_VZEMBcXFxW0xnv-w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/06/Maiz-tratado-con-Denka.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Cuánto más se podría producir con la tecnología actual y por qué no se logra? El debate sobre brechas de rendimiento está instalado hace varias campañas entre los técnicos y los productores de punta. El investigador del CONICET y docente de la FAUBA, José Andrade y el especialista de INTA Balcarce, Pablo Abbate adelantan algunas puntas que estarán presentando durante el Congreso Aapresid, integrando un panel que abordará la temática.</p><p>En cultivos de gruesa, el diagnóstico es claro. Según José Andrade, “en maíz los rindes logrados están en torno al 50-55% del potencial y en soja entre el 60 y el 65%”. Es decir, una parte significativa del techo productivo sigue sin capturarse, especialmente en maíz.</p><p>En cultivos de fina, el análisis cambia de enfoque. Pablo Abbate propone mirar no solo la brecha anual, sino cómo evoluciona el rendimiento en el tiempo: “En la mayoría de las localidades, la mayor brecha se da en los años de mayor potencial, donde se desaprovechan las mejores condiciones”, plantea el ex Ingeniero del INTA Balcarce.</p><p>Dónde se pierden hoy los kilos</p><p>Más que un problema puntual, las brechas reflejan limitaciones estructurales del sistema productivo.</p><p>En gruesa, Andrade identifica un punto crítico: la nutrición. “Estamos aplicando menos nutrientes de los que los cultivos se llevan, es decir, estamos haciendo minería de nutrientes en los suelos”. Esta subinversión impacta directamente en los rindes y explica gran parte de la distancia con el potencial.</p><p>En soja, además, aparecen factores operativos: el retraso en la fecha de siembra por limitaciones logísticas reduce el rendimiento, un problema que se agrava a gran escala. “No es solo manejo, también hay una cuestión de inversión y capacidad operativa”, advierte Andrade.</p><p>En trigo, Abbate pone el foco en otra dimensión: el manejo bajo incertidumbre. “El manejo está apuntado a un ambiente promedio porque el riesgo es alto”, explica. Esto lleva a estrategias conservadoras que funcionan en años normales, pero limitan el aprovechamiento de campañas favorables.</p><p>¿Brecha técnica o económica?</p><p>El techo productivo existe y es conocido, pero no necesariamente es el objetivo.</p><p>“Un productor eficiente debería apuntar a alrededor del 80% del rendimiento potencial, que es donde se logra un equilibrio costo-beneficio”, señala Andrade. Superar ese nivel implicaría asumir riesgos y costos difíciles de justificar en el contexto actual.</p><p>En esa línea, las brechas no son solo técnicas: también son económicas y, en muchos casos, estratégicas. La incertidumbre climática, los márgenes ajustados y el acceso al financiamiento condicionan las decisiones agronómicas.</p><p>Datos, ambiente y decisiones</p><p>Tanto en fina como en gruesa, los especialistas coinciden en que el uso de datos es clave, pero todavía insuficiente. Para Andrade, “cuanta más información tengamos para analizar las causas de la brecha, mejor”, aunque advierte que los datos por sí solos no alcanzan y deben validarse con experimentación.</p><p>Abbate, en tanto, hace hincapié en el seguimiento del cultivo y la ambientación. “La ambientación ayuda a reducir riesgos y el monitoreo permite ajustar decisiones en tiempo real”. Sin embargo, aclara que, herramientas como imágenes o sensores deben complementarse con estrategias como franjas de suficiencia para ser realmente útiles.</p><p>Qué falta para cerrar la brecha</p><p>Si bien no hay una única receta, las oportunidades están identificadas. En los cultivos de gruesa, la reducción de las brechas pasa por mejoras en la nutrición, ajustando dosis y estrategias, la optimización de fechas de siembra y la inversión en capacidad operativa.</p><p>En fina, el desafío se debate entre ajustar decisiones en función del año y no del promedio, intensificar el seguimiento del cultivo y aprovechar mejor los años de alto potencial. “Hoy el problema no es solo producir más, sino saber cuándo y dónde invertir para capturar ese potencial”, sintetiza Abbate.</p><p>“Las brechas de rendimiento no son solo una limitante: son, sobre todo, una oportunidad concreta. En un contexto donde aumentar superficie no siempre es viable, mejorar la eficiencia dentro del lote aparece como el camino más directo para crecer”, concluyen desde Aapresid, e invitan a participar de este debate y de toda la oferta de más de 300 paneles con los disertantes más destacados en su próximo Congreso, que se llevará a cabo en Rosario del 4 al 6 de agosto.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6fTfG7Zz1t_VZEMBcXFxW0xnv-w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/06/Maiz-tratado-con-Denka.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>¿Por qué no cosechamos todo el potencial de los principales cultivos? Las miradas de dos especialistas y que dejan el debate abierto y como anticipo de uno de los temas que se abordará en el próximo Congreso Aapresid]]>
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                                <updated>2026-06-07T23:15:05+00:00</updated>
                <published>2026-06-07T23:15:00+00:00</published>
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            Claves para acortar las brechas de rinde en suelos cada vez más pobres
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-SoxD-xyWjwPa19gHJjbWtfuTmM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/10/soja-sol.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Las brechas de rendimiento en los principales cultivos extensivos de Argentina fue uno de los temas de la primera jornada del Simposio Fertilidad 2023. El análisis de los especialistas
<p>&nbsp;</p>
<p>En la primera jornada del Simposio FERTILIDAD 2023 organizado por la Asociación Civil Fertilizar, tuvo lugar un panel moderado por el investigador Juan Pablo Monzón del Conicet, donde se abordó la temática de las brechas de rendimiento en los principales cultivos extensivos de Argentina.</p>
Ingeniero agrónomo José Andrade, especialista de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires (FAUBA)
<p>Abriendo el bloque, el ingeniero agrónomo José Andrade, especialista de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires (FAUBA), dio a conocer los datos de un estudio basado en modelos de simulación de cultivos y datos de campo que realizó junto a su equipo de colaboradores, en el que estimaron la brecha existente entre los rendimientos potenciales y reales, en las principales zonas productoras de soja (primera y segunda), maíz (temprano y tardío), girasol y trigo del país, tanto en la frontera agrícola como en la región núcleo, en doce zonas climáticas, considerando la influencia de la napa.</p>
<p>“Los rendimientos promedio en campos de productores suelen estar muy por debajo del potencial debido a factores que los limitan y reducen, como la deficiencia de nutrientes, la competencia de malezas y el daño causado por insectos y enfermedades”, repasó Andrade. También influye la concentración de dióxido de carbono atmosférico, la temperatura, la radiación solar, el balance hídrico, tipo de suelo y el manejo.</p>
<p>Según indicó el experto, “un productor con buen acceso a insumos, mercados y conocimientos técnicos podría alcanzar entre el 70 y 80% del potencial, aunque más allá de este nivel sería difícil lograr incrementos de rendimiento de manera rentable con las tecnologías existentes”.</p>
<p>Kilo a kilo</p>
<p>De acuerdo con el estudio, para el caso de un trigo en Tandil, los rendimientos logrados a nivel de partido se ubicaron en 3,5 toneladas por hectárea en promedio, mientras que los rindes potenciales, sin limitación de agua, llegaron a 6,7 toneladas, es decir que la brecha fue del 52%.</p>
<p>Para el cultivo de maíz (temprano y tardío), en Pergamino, la producción obtenida fue de 14,4 toneladas por hectárea con un potencial de 7,6 toneladas, con lo cual, la diferencia entre ambos resultados llegó a 47%.</p>
<p>La soja de primera en Pehuajó alcanzó 3,2 toneladas por hectárea, pero tenía un potencial de 4,9, de ese modo, la brecha fue del 66%. Para los cultivos de segunda, se registraron rindes de 2,2 toneladas por hectárea cuando podrían haberse logrado 3,6 toneladas.</p>
<p>En el caso del girasol, en General Pico los rendimientos reales llegaron a 2,1 toneladas por hectárea y tenían un potencial de 1 tonelada más, por eso, la brecha llegó al 67%.</p>
<p>“Llevar los rendimientos logrados actualmente al 80% de su potencial en secano, en la superficie actual, significaría que en maíz podríamos estar hablando de 80 millones de toneladas de producción anual a nivel nacional”, aseguró Andrade. En trigo sería posible llegar a los 30 millones de toneladas, en soja a 60 millones de toneladas y en girasol a 4 millones de toneladas de producción al año.</p>
<p>Nutrición y manejo</p>
<p>Luego, el ingeniero agrónomo Nahuel Reussi Calvo, especialista de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Mar del Plata e investigador adjunto del Conicet, analizó cuánto de la brecha de rendimiento se debe a la nutrición y cuánto al manejo de suelos.</p>
Ingeniero agrónomo Nahuel Reussi Calvo, especialista de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Mar del Plata e investigador adjunto del Conicet
<p>El ingeniero remarcó que, en la actualidad, se registra una mayor demanda y una menor oferta natural de nutrientes en los lotes de producción agrícola argentinos y que la respuesta a la nutrición varía con la condición de salud del suelo. Asimismo, señaló que la contribución de la nutrición aumenta con los años de agricultura y que la reducción de las brechas de rendimiento se obtiene por un efecto combinado de la disponibilidad de nutrientes y la mejora en la salud edáfica.</p>
<p>“La nutrición es condición necesaria pero no suficiente”, advirtió Reussi Calvo, al tiempo que destacó la importancia de hacer un diagnóstico y monitoreo de nutrientes adecuado y considerar las interacciones entre las distintas prácticas de manejo que afectan su disponibilidad.</p>
<p>“Los rendimientos de los principales cultivos extensivos de Argentina y, por ende, la demanda de nutrientes se ha incrementado en los últimos 20 años. La tasa de crecimiento de la producción total de granos alcanzó 4,17 millones de toneladas por año como consecuencia de la mayor participación del cultivo de maíz, sin embargo, en la actualidad existe una brecha entre los rendimientos actuales y los alcanzables en secano que se ubican entre el 35% al 50%”, contó el ingeniero.</p>
<p>Las causas de esa diferencia son varias, desde la salud del suelo hasta las prácticas de manejo de cultivos. “La falta de rotaciones con pasturas y la disminución de la frecuencia de gramíneas en la rotación, sumado al bajo uso de fertilizantes, han producido una notable disminución de los niveles de materia orgánica de los suelos de la región pampeana y, por lo tanto, la oferta natural de nutrientes. Así, dependiendo del tipo de suelo y textura, hoy en día solo existe el 50% del nivel original de materia orgánica”, dijo Reussi Calvo.</p>
<p>Cuando se agregan nutrientes, la respuesta de las plantas puede seguir distintos patrones dependiendo de la salud edáfica de cada uno de los suelos. En los que están muy degradados, con la nutrición no alcanza para producir más granos mientras que en los suelos sanos, la nutrición es el principal factor para reducir la brecha de rendimiento. En tanto que en los de degradación intermedia, la nutrición contribuye, pero las limitaciones del suelo suelen impedir la disminución de esa diferencia de rindes. En este último caso, la mejor estrategia es la combinada: mayor nutrición y más salud edáfica.</p>
<p>Reussi Calvo indicó que la brecha de rendimientos se incrementa en forma lineal a medida que aumentan los años de agricultura continua. Uno de los motivos es que se deteriora no solo la fertilidad química sino también la física. En la actualidad, la mayor parte de los lotes bajo producción agrícola de la Argentina presentan más de 15 años de agricultura y en estas condiciones, ensayos realizados en distintas zonas del país demostraron que la nutrición balanceada con nitrógeno, fósforo y azufre contribuye entre un 15% a un 47% de los rendimientos de soja, maíz o trigo. Pero lamentablemente, los balances de nutrientes en los cultivos han sido históricamente negativos en Argentina.</p>
<p>Casto testigo, el maíz</p>
<p>Cerrando el panel, el ingeniero agrónomo Gustavo A. Maddonni, docente de la Cátedra de Cerealicultura de la FAUBA e investigador del Conicet, se refirió a la influencia de la estructura de planta en maíz en los rendimientos.</p>
<p>La estructura de un cultivo, es decir, el tamaño y la disposición espacial de las hojas y raíces responsables de la captura de radiación, agua y nutrientes, presenta una dinámica temporal determinada por los efectos del ambiente, temperatura, fotoperiodo, radiación, agua y nutrientes, explicó.</p>
Ingeniero agrónomo Gustavo A. Maddonni, docente de la Cátedra de Cerealicultura de la FAUBA e investigador del Conicet
<p>Las prácticas de manejo impactan sobre la dinámica y el tamaño de la estructura del cultivo y con ello sobre la captura de recursos, la producción de biomasa y la determinación del rendimiento alcanzado por el cultivo. “En ausencia de limitaciones hídricas y/o nutricionales, retrasos en la fecha de siembra pueden impactar positivamente sobre el tamaño de la estructura del canopeo generando una mayor captura diaria de recursos, pero acorta el ciclo del cultivo a floración y posiciona a este momento crítico para el rendimiento a menores valores diarios de radiación incidente”, sostuvo el experto. Por eso, según la latitud y el rango de fechas de siembra, cultivos de siembras más tardías pueden alcanzar menores rendimientos que los tempranos en ambientes sin limitaciones hídrico nutricionales.</p>
<p>Sin embargo, en condiciones de secano los rendimientos alcanzados en siembras tardías pueden resultar similares o superiores a los de siembras tempranas debido a las menores limitaciones hídricas o menores episodios de golpes de calor en floración.</p>
<p>Por otro lado, para una determinada fecha de siembra, tanto los rendimientos potenciales como los rendimientos de secano pueden variar entre años y, según la expectativa del año y del ambiente (reserva de agua útil de los suelos previo a la siembra), los productores pueden tomar decisiones sobre la densidad de siembra, el genotipo y la necesidad de fertilización. Como resultado, indicó Maddoni, para un rango estrecho de fechas de siembra, algunos lotes de una misma región podrán alcanzar rendimientos superiores a otros, acercándose a los máximos rendimientos de secano a obtener en esa localidad. Es así que las brechas entre los rendimientos alcanzados en secano y los potenciales limitados por agua podrían variar según la densidad de siembra, el genotipo, el manejo del agua y de los nutrientes, y las medidas de protección frente a malezas, plagas y enfermedades. El manejo nutricional puede reducir brechas y la magnitud dependerá del grado de limitación del elemento en el lote.</p>
<p>En resumen, “la optimización del manejo de la estructura del cultivo es una herramienta exitosa en el cierre de brechas en maíz”, dijo Maddoni. Según afirmó, los rangos de brechas entre fechas de siembra parecen ser superiores que los originados por el ajuste de la densidad, el genotipo o el manejo nutricional. Sin embargo, advirtió, “es necesario identificar para cada ambiente la mejor combinación de la fecha de siembra, densidad y genotipo y el manejo nutricional a efectos de reducir las brechas en maíces de secano”.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-SoxD-xyWjwPa19gHJjbWtfuTmM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/10/soja-sol.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Las brechas de rendimiento en los principales cultivos extensivos de Argentina fue uno de los temas de la primera jornada del Simposio Fertilidad 2023...]]>
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                                <updated>2025-09-24T12:57:46+00:00</updated>
                <published>2023-05-11T09:16:51+00:00</published>
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