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    <title>La Voz del Pueblo</title>
    <subtitle>Informate con las noticias de Argentina y el mundo.</subtitle>
    <updated>2025-09-24T12:57:01+00:00</updated>
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            Sembrar menos para producir más
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HLN8za8aBU1LrVbDQZLurCi4Vw0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/07/UBD-destacada.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cultivar maíz en baja densidad, más otras prácticas agronómicas, permite lograr buenos rindes en zonas con limitantes ambientales. Investigadores de todo el país, reunidos en una red con sede en la FAUBA, estudian el fenómeno para generar mejores manejos agrícolas.</p>
<p>(SLT-FAUBA) La contribución del maíz a la economía de la Argentina creció de forma sostenida en los últimos seis años. Mientras que en 2016 aportó al PBI cerca de USD 8.000 millones, en la campaña agrícola 2021-2022 participó con más de USD 20.000 millones. En parte, esto se explica porque desde hace diez años, la producción nacional de maíz se triplicó al expandirse su área cosechada hacia zonas con serias limitaciones ambientales. Con la idea de generar más y mejor conocimiento sobre las prácticas de manejo del maíz en estos ambientes marginales, investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), del CONICET y de otras instituciones, además de técnicos, empresas y productores, crearon la Red de Ultra Baja Densidad de Maíz. Buscan brindarle a productores de distintas zonas alternativas productivas nuevas, sostenibles y rentables para el cultivo.</p>
<p>“¿Qué hace que a un ambiente sea marginal?”, se preguntó Gustavo Maddonni, docente de Cerealicultura en la FAUBA, y encaró una explicación. “En general, en estos ambientes, las lluvias son escasas —menos de 700 mm al año— y varían mucho de un año a otro. Además, los suelos retienen poca agua o poseen algún impedimento por el que las raíces no llegan a profundizar. Sumado a esto, suelen darse temperaturas muy altas y estresantes para el maíz. Así que los productores buscan prácticas agronómicas para disminuir estos efectos”.</p>
<p>“La fecha de siembra tardía fue posible gracias a la tecnología, y eso ha posicionado al maíz en en las zonas con limitantes ambientales” (G. Maddonni)</p>
<p>Según Maddonni, quien también es investigador del CONICET, una práctica es sembrar en fechas tardías —por ejemplo, en enero— y otra es reducir la cantidad de plantas por unidad de superficie —por ejemplo, hasta 2 plantas por m2— respecto de las mejores zonas productoras, donde se siembran entre 7,5 y 8 plantas por m2. Al combinar ambos manejos, el cultivo florece en un mejor momento y, al haber menos plantas, sus requerimientos de agua y nutrientes pueden ser satisfechos, y así se alcanzan rendimientos rentables y más estables entre años.</p>
<p>“Lo que investiga la red en los ambientes marginales es la combinación entre las densidades de siembra recomendadas y los híbridos de maíz prolíficos, que generan más de una espiga por planta. Esta característica es fundamental para elevar los rendimientos. Hasta ahora tenemos los resultados de las dos primeras campañas —casi 40 experimentos—, y esta campaña sumamos alrededor de 30 experimentos más”, resaltó Gustavo.</p>
<p>Y agregó que “por un lado, pudimos determinar que en los mejores sitios dentro de los ambientes restrictivos —alrededor de 8000 kg/ha—, siempre la estrategia es subir la densidad de siembra y buscar híbridos que produzcan una sola espiga por planta. Por debajo de 8000 kg/ha, los mejores rendimientos se obtienen sembrando híbridos prolíficos en densidades de entre 4 y 6 plantas/m2. Y por debajo de esas densidades, rinden más los híbridos que producen más de dos espigas por planta”. Estos resultados fueron publicados en la revista Agronomía y Ambiente.</p>
<p>La red investiga dónde funciona mejor un híbrido prolífico, dónde uno macollador y dónde el que tiene una sola espiga grande</p>
<p>¿Por qué algunos maíces en bajas densidades producen más espigas por planta? En este sentido, Maddonni comentó que los experimentos permitieron estudiar los diversos mecanismos que, según cada híbrido, están detrás de este comportamiento. “Ahora estamos tratando de interpretar qué variables del ambiente hacen que un híbrido produzca espigas múltiples. También analizaremos esto desde el comportamiento del cultivo en sí, y más adelante trataremos de predecir cómo la variabilidad de las lluvias entre años puede hacer que gane un mecanismo u otro. Eso tenemos previsto dentro de la red”.</p>
¿Qué es la Red de Ultra Baja Densidad de Maíz?
<p>Gustavo Maddonni explicó que la red se creó en 2019 y que se la denominó así porque se basa en ensayos con densidades de siembra muy por debajo de las que se usan en la zona núcleo maicera (este de Córdoba, sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires). “En las zonas marginales de la Argentina se contemplan distintos valores de densidad de siembra, siempre más bajas que las típicas de las mejores zonas productoras. Por ejemplo, mientras que en la zona núcleo las densidades pueden alcanzar las 75.000 u 80.000 plantas por hectárea, en las zonas marginales la densidad puede variar entre 60.000 plantas/ha hasta 10.000 ó 20.000 plantas/ha”.</p>
<p>El investigador de la FAUBA, coordinador de la red, destacó su crecimiento sostenido en todo el país a lo largo de los tres años. “La red es interdisciplinaria, tiene filiación en la FAUBA, donde forma parte de un Grupo de Estudio y Trabajo. Hoy la conforman once universidades, de las cuales tres son extranjeras. Además, también la integran diversas disciplinas, investigadores y estudiantes de grado y posgrado. También contamos con ocho estaciones experimentales del INTA, la Chacra Barrow y la estación experimental Obispo Colombres, además de siete semilleros, grupos de asesores y productores, y tres empresas de agroservicios. Todo esto nos posibilita abarcar numerosos y diversos ambientes”.</p>
<p>Maddonni y su grupo de investigación visitan los experimentos de la Red de Ultra Baja Densidad de Maíz en la Estación Experimental Agropecuaria INTA Cerrillos, provincia de Salta</p>
<p>“Además de investigar el cultivo de maíz, la red también estudia aspectos del sistema de producción. Ahí entra en juego la Universidad con sus investigadores —muchas veces pertenecientes al CONICET—, y estudiantes de grado y posgrado que desarrollan sus estudios dentro de la red. Por su parte, los semilleros son los que proveen los híbridos a toda la red y mantienen al día los materiales genéticos que se usan. Tanto los investigadores como los técnicos e investigadores del INTA también participan de los experimentos para probar densidades, ya sea en los campos experimentales de las universidades o del INTA, o de productores que siembran en estas zonas marginales”, indicó Maddonni.</p>
<p>“La idea es entre todos generar una sinergia, intercambiar conocimientos, codirigir grupos humanos y valernos de la diversidad que genera poder abarcar estos ambientes tan distintos. La red está abierta para todos mientras se cumplan sus objetivos. Nuestra idea es buscar entre todos el mejor paquete tecnológico de maíz para cada ambiente marginal, que sea económicamente rentable y también sostenible en el tiempo”, cerró el docente de la FAUBA. (sobrelatierra.agro.uba.ar)</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HLN8za8aBU1LrVbDQZLurCi4Vw0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/07/UBD-destacada.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cultivar maíz en baja densidad, más otras prácticas agronómicas, permite lograr buenos rindes en zonas con limitantes ambientales. Investigadores de t...]]>
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                <updated>2025-09-24T12:57:01+00:00</updated>
                <published>2022-07-20T15:50:24+00:00</published>
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            Maíz: primero pienso, luego siembro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2SsmHXsW88x_cojlTF7QXe9UZOk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2021/09/maiz-mas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El ingeniero Gustavo Thiessen, principal responsable de la revolución que tuvo el cultivo en la última década y media, deja algunas recomendaciones de manejo de cara a la nueva siembra. “La densidad es un elemento a tener en cuenta, no el único. Se pueden conjugar distintas estrategias, y para eso es fundamental conocer el comportamiento de la genética que vamos a utilizar”, dice
<p>&nbsp;</p>
<p>El celular de Gustavo Thiessen está en llamas. Audios, mensajes de texto, mails, llamadas… El precio del maíz sigue escalando y la demanda por el conocimiento del ingeniero dorreguense copia el incremento. Charla en Pedro Luro, presentación en Tres Arroyos, consultas del oeste bonaerense, pedido de opinión desde la zona núcleo. Verborrágico, sencillo y amable, el hombre responde todo lo que le llega; y a la hora de protagonizar una disertación, te mata a datos.</p>
<p>“De entrada, a todos les digo lo mismo: ¿qué buscas, a qué resultado aspirás? A partir de ahí empezamos a ver las variantes, las ventajas y las desventajas. Y les aclaro que la densidad es una pata más de la mesa, no es lo único que importa”, explica en la puerta de El Agropecuario, donde fue convocado para contar los resultados de sus ensayos de manejo y de los distintos híbridos.</p>
Thiessen fue el descubridor de que bajando la densidad se podía hacer maíz en suelos antes considerados marginales, como los de Coronel Dorrego
<p>Si hay alguien autorizado para hablar es él, que no tiene mucho cartel, pero le sobra archivo: fue el descubridor de que bajando la densidad se podía hacer maíz en suelos antes considerados marginales, como los de Coronel Dorrego. La primera vez que lo contó en público fue en una JAT de CREA, en la Escuela Agropecuaria de Tres Arroyos, allá por 2012.</p>
<p>Mucho más que densidad</p>
<p>“En un campo de Coronel Dorrego, por ejemplo, si tenés un costo de 2.500 o 3.000 kilos, hacer un maíz de 4.000 o 4.500 kilos es buenísimo. Porque a su vez, en el costo es mucho más barato que hacer una cebada de 4.500 kilos, el insumo que tenés es mucho menor porque estás trabajando con baja densidad y podés fertilizar menos”, explica.</p>
<p>“En la medida que vas buscando rinde tal vez la densidad la podés mantener, pero tenés que empezar a trabajar con otras cuestiones: más fertilización, usar algún  enraizador que de alguna manera estimule la planta, y si ya buscás los 10.000 kilos, ahí ya vas a trabajar con distintas densidades, sabiendo cuál es la genética y fertilizando acorde”, agrega.</p>
<p>“Porque no es solamente un tema de densidad”, insiste.</p>
<p>Desde hace unos años, el ingeniero empezó a poner énfasis en que hay que mirar toda la película y no sólo la foto. Porque la explosión que tuvo el maíz en el sur bonaerense, si bien empezó por el cambio en el manejo en referencia a la cantidad de plantas, se potenció a partir de la adaptabilidad que demostró el cultivo, a la evolución que fueron teniendo los híbridos y toda la ayuda que se le puede dar a la planta para que exprese todo lo que puede ofrecer.</p>
<p>“Son varias cosas las que juegan, y algo fundamental es conocer la genética. Hoy con ciertos híbridos se pueden sacar 10.000 kilos con 25.000 o 30.000 plantas, pero trabajás con esos materiales, que son los famosos macolladores a la ultra baja, es muy difícil que vayas a tener maíz seco aun sembrándolo temprano, para abril. Porque la planta se comporta de distinta manera”, indica.</p>
<p>“Pero podés trabajar con los materiales de doble espiga, que no te van a macollar y tienen el ciclo determinado. O si no te tenés que jugar con precoces sembrándolos un poco más tarde. Hoy se puede conjugar un juego distinto, pero es fundamental saber la genética por el tema de la humedad y saber cuándo lo vas a poder cosechar”, aclara.</p>
<p>El punto de partida, para cualquier estrategia, es el análisis de suelo. “Yo tengo que saber qué tengo, porque hablamos mucho de densidad, pero estamos echando nada en la línea y no estamos aportando nitrógeno”, advierte.</p>
<p>Profundidad de lote</p>
<p>El ingeniero repasa su celular y comparte una consulta que le había llegado un par de días antes. Un productor de Coronel Dorrego buscaba orientación para el manejo adecuado para poder cosechar el maíz los primeros días de abril. “Tenés que sembrarlo temprano, como primera medida, pero lo más importante y lo que te daría más estabilidad, es elegir el lote más profundo que tengas para poder acumular agua. Entonces, ante un faltante de lluvia, el suelo te puede dar el extra”, dice Gustavo.</p>
<p>“Si vos buscas 8.000 kilos en un suelo somero de Dorrego en abril, y más vale que te llueva bien en enero y principios de febrero, porque si no, se te cocina. Hay que hacer una siembra lógica”, aporta.</p>
El punto de partida, para cualquier estrategia, es el análisis de suelo
<p>En lotes someros, con la tosca a 50 o 60 centímetros, la experiencia de Thiessen marca que la siembra ideal es de la primera semana de diciembre en adelante. “La floración te va a estar cayendo a fines de febrero. Entonces, cuando el cultivo tiene la máxima demanda de agua, la atmósfera ya viene mucho más tranquila en su demanda. Hay que evitar que coincidan las máximas demandas de la planta y de la de atmósfera, como ocurre los primeros días de enero, y muchos milímetros de agua pasan por planta y se van a la atmósfera”.</p>
<p>Si la elección son materiales precoces y la siembra se realiza tarde pasa a ser clave la fertilización. “En ese escenario no se puede especular con los nutrientes, porque el maíz no tiene que frenar. Desde que arranca hasta que termina tiene que venir a fondo, no tiene que faltarle”, aclara el ingeniero.</p>
<p>Y cuanto más tarde se haga la siembra, más preponderancia tiene el uso “de bacterias, solubilizadores, micronutrientes, hongos. En esas condiciones es cuando el maíz linealmente paga”, dice.</p>
<p>Un boom que no para</p>
<p>Al revisar las estadísticas de producción y de área sembrada apenas 15 años atrás se dimensiona lo que ha sido la revolución maicera en el sur de la provincia de Buenos Aires. Hasta 2006 la soja dominaba con holgura en lo que eran los cultivos de gruesa, de Tres Arroyos para abajo no se hacía maíz porque era totalmente errático. “El mapa cambio por completo. Ahora con el manejo de la densidad, con el conocimiento que tenemos de los híbridos, con el ingreso campaña tras campaña de nuevos materiales al mercado, de distintos ciclos, más el aporte que nos da tener noches frescas. El cultivo ha tenido una adaptación notable”, dice Thiessen.</p>
<p>A esas bondades del maíz hay que sumarle las complicaciones de los otros cultivos de verano: “Los problemas de malezas que generalmente tenemos en la zona, muy complejas para girasol o soja, en el maíz no son tal”. Y todo eso se le suma un precio que cada día se ve mejor.</p>
<p>La desventaja que tiene el maíz en esta región es que las siembras tardías liberan el lote muy tarde. “Eso hace que tengas que tener una espalda financiera ancha para bancar la cosecha hasta julio o agosto”, explica.</p>
<p>Otro punto a contemplar es que el maíz en baja densidad deja poca cobertura. Entonces, en los planteos en los que el cultivo va estar en la secuencia tres o cuatro años, es necesario generar cobertura.</p>
<p>“Lo que estamos haciendo es un boleo de avena o de un centeno, entonces para cuando se está entregando el maíz, el cultivo se está empezando a formar y así puedo competir con las malezas también”, indica el técnico. “Si cosecho en julio o agosto, me queda un colchón que después quemo”, explica.</p>
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                <published>2021-09-26T11:16:06+00:00</published>
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