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    <title>La Voz del Pueblo</title>
    <subtitle>Informate con las noticias de Argentina y el mundo.</subtitle>
    <updated>2026-03-24T15:05:08+00:00</updated>
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            Mejorar la tasa de destete, esa es la cuestión
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                <![CDATA[LaVozDelPueblo ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SFUYnieVrgZYfS4AJgTO8dM7nSE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/destete.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los últimos meses, se evidenciaron algunos problemas de la cadena de la carne. Esta situación, redujo la oferta interna y, además, la capacidad exportadora del país. Mientras el debate público se centra en factores económicos o coyunturales, especialistas advierten que también existe un límite dentro del propio sistema productivo que restringe la oferta de carne, tanto para el mercado interno como para la exportación, con el consiguiente impacto en los precios.</p><p>Para los Doctores Adriana Rodríguez, decana de la Facultad de Agronomía de la UBA, y Martín Garbulsky, profesor de la Cátedra de Forrajicultura, la baja tasa de destete del rodeo bovino constituye uno de los principales cuellos de botella de la cadena ganadera argentina.</p><p>“Actualmente el país mantiene un stock relativamente estable de entre 52 y 54 millones de cabezas, con aproximadamente 22 a 24 millones de vacas. Sin embargo, la producción anual ronda los 14 a 15 millones de terneros, lo que implica una tasa de destete promedio de entre 62% y 65%”, explicaron.</p><p>Estos valores se encuentran por debajo de los registrados en otros países con sistemas ganaderos comparables. En Uruguay, por ejemplo, la tasa de destete se ubica entre el 70% y el 75%, mientras que en sistemas más intensivos como los de Estados Unidos supera el 85%.</p><p>La diferencia tiene consecuencias directas sobre la producción potencial de carne. “Cada 10 puntos porcentuales adicionales de destete representarían aproximadamente dos millones de terneros más por año en Argentina”, señalaron los especialistas.</p><p>La tasa de destete es una variable clave porque determina cuántos animales ingresarán posteriormente a las etapas de recría y terminación. Cuando ese indicador es bajo, el flujo de animales destinados a la producción de carne también se reduce, lo que limita la oferta de carne futura. Al número de terneros se suma el bajo peso al destete, que también puede mejorarse.</p><p>“En los sistemas pastoriles de cría, es decir de producción de terneros, la disponibilidad de forraje define la condición corporal de las vacas y su capacidad reproductiva. Cuando la oferta de pasto es insuficiente en relación con la carga animal, se reducen las tasas de preñez y, en consecuencia, la cantidad de terneros que finalmente llegan al destete”, explicaron.</p><p>Según los especialistas, este indicador podría mejorar con mayor acompañamiento técnico y políticas públicas orientadas al sector. “No se trata de prácticas sofisticadas, sino de transferir conocimientos y mejorar el manejo productivo”, señalaron.</p><p>En ese sentido, destacaron que la falta de financiamiento para organismos públicos como el INTA y las universidades limita la capacidad de asesoramiento a los productores. A esto se suma la ausencia de programas de apoyo o créditos para mejorar aspectos básicos de la infraestructura productiva, como mejoramiento de los recursos forrajeros, nutrición mineral, alambrados o sistemas de provisión de agua.</p><p>Para los investigadores, abordar estos problemas no solo permitiría mejorar la productividad del sistema ganadero, sino también aumentar la oferta de carne y reducir el impacto ambiental. “No es sólo una cuestión macroeconómica: existen políticas públicas concretas que podrían ayudar a producir más carne y, al mismo tiempo, contribuir a moderar los precios”, concluyeron.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SFUYnieVrgZYfS4AJgTO8dM7nSE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/destete.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde la Facultad de Agronomía de la UBA señalan que mejorar ese indicador permitiría aumentar la producción sin necesidad de sumar más animales ni ampliar la superficie dedicada a la ganadería]]>
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                                <category term="campo" label="Campo" />
                <updated>2026-03-24T15:05:08+00:00</updated>
                <published>2026-03-24T13:35:09+00:00</published>
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            Una ventana al futuro para lograr mejores rindes en trigo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NoGAS6caqVn8Wa96aE1ziwNlOXQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/ensayos_trigo_di_pane_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El campo es una fábrica a cielo abierto, frase repetida como pocas y que sirve para dimensionar la permanente exposición a las condiciones climáticas con la que convive el productor. Y si bien no se pueden evitar los eventos climáticos, como calores extremos o heladas que afectan la evolución de los cultivos, si se disminuir el riesgo de que coincidan con el período crítico.</p><p>En el caso del trigo eso ocurre durante la aparición de la espiga y la floración. Por eso, la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y el INTA desarrollaron CRONOGEN Trigo, un software que predice cuándo sucederán estas etapas, y así esquivar los eventos climáticos adversos. “Es una herramienta libre, gratuita y un 50% más precisa que otras. Una gran incorporación para productores y mejoradores del cono sur que ya prepara su salto a EE.UU. y Europa”, destaca una publicación de Sobre La Tierra, el órgano de difusión de la FAUBA.</p><p>“Para un productor agropecuario, el objetivo principal es lograr los mayores rindes. Para que esto ocurra, es clave que todo vaya bien durante una etapa llamada período crítico”, aseguró Daniel Miralles, docente de Cerealicultura en la FAUBA en declaraciones a SLT.</p>CRONOGEN-Trigo predice las fechas críticas de cada variedad<p>Conocer cuándo se va a dar el período crítico es fundamental para evitar que coincida con épocas de alta probabilidad de heladas o golpes de calor. “En el caso del trigo, el cereal más importante del país, el período crítico coincide con la espigazón y la floración”, aclaró Daniel. Y lo que desarrolló un equipo de la FAUBA y del INTA es un sistema que predice esas fechas con escaso margen de error.</p><p>“Con solo elegir el cultivar que vamos a sembrar, la localidad y una fecha de siembra, CRONOGEN-Trigo predice las fechas de espigazón y de floración con apenas 3 o 4 días de error. Es un 50% más preciso que los modelos previos”, describió Miralles. Los resultados están publicados en la revista científica Journal of Experimental Botany.</p><p>“Lo más importante es que con CRONOGEN-Trigo, el productor puede definir la fecha de siembra para que el período crítico del cultivo ocurra en fechas en que los riesgos de heladas o de calores extremos son más bajos. De esta forma, es mucho más probable que llegue a esos rendimientos que busca”, indicó el docente.</p><p>“Es una evolución de los modelos CRONOS que desarrollamos en 2007 para conocer el ciclo de los cultivos y de sus variedades. En esta versión incorporamos información genética de trigo y de 35 años de historia climática en más de 260 localidades”, afirmó Daniel, quien también es investigador del CONICET.</p><p>Y agregó que es una herramienta libre y gratuita para productores de la Argentina y de otros países de Sudamérica, y que toda la familia CRONOS ya cuenta con más de 50.000 usuarios registrados.&nbsp;</p><p>Herramienta para los mejoradores</p><p>Además, Miralles destacó en SLT que, a diferencia de los modelos anteriores, CRONOGEN-Trigo también aporta a la tarea de los mejoradores. “Pueden acelerar mucho la creación de nuevas variedades, reduciendo un proceso que demora 10 años a apenas unos meses”.</p>El nuevo programa redujo la necesidad de numerosos ensayos a campo<p>Y también explicó que le ahorra costos al sector. “Hace 20 años, encontrar determinado gen de una variedad costaba cientos de dólares porque se precisaban años de pruebas con muchas variedades en muchas parcelas distintas. CRONOGEN-Trigo puede bajar el costo a una décima parte de ese valor -o incluso menos- porque permite seleccionar una enorme cantidad de combinaciones genéticas ideales sin tantas pruebas a campo”, concluyó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NoGAS6caqVn8Wa96aE1ziwNlOXQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/ensayos_trigo_di_pane_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La FAUBA y el INTA crearon CRONOGEN, una app que predice cuándo sucederán las etapas más sensibles del cultivo. Eso permite decidir fechas de siembra que esquiven heladas o calores que bajen los rindes]]>
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                                <category term="campo" label="Campo" />
                <updated>2026-02-25T15:50:07+00:00</updated>
                <published>2025-12-22T17:31:42+00:00</published>
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            Estudio de la FAUBA: la producción forrajera tiene su ranking nacional
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        <link rel="alternate" href="https://lavozdelpueblo.com.ar/2024-10-09-estudio-de-la-fauba-la-produccion-forrajera-tiene-su-ranking-nacional" type="text/html" title="Estudio de la FAUBA: la producción forrajera tiene su ranking nacional" />
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SbIne-iJ3UwRYEl9V0GS6VG3LSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/10/ale6-scaled.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>
<p>El trabajo inédito recopiló más de 6.000 datos de los últimos 30 años sobre producción forrajera. A la hora de medir productividad, la zona pampeana lideró con una producción media de 8.500 kilos por hectárea anuales</p>



<p></p>



<p>Conocer la producción de forraje de nuestros campos es fundamental para implementar manejos ganaderos basados en información y lograr los mejores resultados. Un trabajo de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) recopiló más de 6 mil datos de producción anual de forraje de los últimos 30 años y creó una base de datos inédita para el país. Las regiones Pampeana y del Espinal lideran las regiones de mayor producción promedio anual, y las regiones Chaqueña, Monte y Patagónica, las de mayor variabilidad. Destacan el desafío ganadero de ajustarse a la variabilidad de la producción de forraje.</p>



<p>“El forraje es la principal fuente de alimento para el ganado. Conocer cuánto se produce es fundamental porque permite saber cuántos animales por superficie y tiempo tolera un potrero o campo sin degradarse. Sin embargo, en muchos casos se desconoce esta información”, señaló Anoux Jadur, reciente egresada de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la FAUBA.</p>



La base de datos abarcó 748 sitios (n). En las pasturas se encontraron 4231 registros, en los verdeos de invierno 891, en los de verano 365 y en los pastizales 886. Imagen: Anoux Jadur


<p>“Si bien había publicaciones sobre la producción de forrajes de pastizales, pasturas o verdeos de la Argentina, la gran mayoría estaba dispersa o era difícil de encontrar. Nuestro trabajo buscó unificarlas para conocer cuánto se produce en cada región, cómo varía en el tiempo y en el espacio”, contó Jadur en Sobre La Tierra, el órgano de difusión de la FAUBA.</p>



<p>Entre los resultados, Mariano Oyarzabal, docente de la FAUBA y director del estudio de Jadur, destacó que lograron generar una base de datos con más de 6.000 registros de producción forrajera anual. “Revalorizamos casi 30 años de trabajos de distintas instituciones y, sobre esa base, generamos información productiva faltante y muy necesaria”.</p>



<p>La producción media de forraje de los pastizales varió según la región. Los mayores valores se dieron en la Regiones Pampeana y del Espinal, y en los Mallines Patagónicos: 4.600, 4278 y 4.399 kilogramos por hectárea por año (kg/ha.año), respectivamente. Los menores los observaron en la región Chaqueña, en la Estepa Patagónica y en el Monte: 1464, 696, y 575 kg/ha.año, respectivamente.</p>



<p>Mariano remarcó que dentro de cada región encontraron una variación considerable de la producción, ya sea entre años o entre sitios. Fue menor al 40% en el Espinal, cerca del 60% en la Región Pampeana y superior al 70% en las regiones Patagónica, Monte y Chaqueña. Destacó que la variación dentro de cada región fue mucho mayor que la que muestra los promedios de cada región.</p>



<p>Manejar la variabilidad</p>



<p>Oyarzabal indicó que muchos factores explican la variabilidad en la producción de forraje. “Están los ambientales, como dónde está ubicado el potrero o cuánto llovió, y están los de manejo; por ejemplo, si está muy pastoreado, si se sembró en tiempo y forma o si le dieron un descanso”.</p>



<p>La base de datos que generaron les permitió comprender en profundidad esa variación. “Las pasturas pueden producir 1.000 o 18.000 kg/ha.año; eso depende del manejo y del ambiente”, explicó Oyarzabal, integrante del Departamento de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información (FAUBA).</p>



El trabajo también permite reconocer en qué lugares faltan datos. Imágenes: Pedro M. Tognetti y Darién Prado


<p>Según Jadur, el estudio representó un avance en lo productivo, ya que ahora se conocen las producciones medias de los principales recursos forrajeros que se usan en la ganadería pastoril de nuestro país y las variaciones que existen dentro de una misma región.</p>



<p>Por su parte, Mariano destacó que desde el punto de vista académico, implicó aprovechar el trabajo de muchísima gente que trabajó en el campo cortando con una tijera el pasto para luego secarlo y pesarlo. Es un paso más para que se conozca mejor cuánto forraje se produce en la Argentina.</p>



<p>Para finalizar, Oyarzabal reflexionó: “Los datos con los que trabajamos son de productividad primaria neta aérea. Es un término bastante técnico, clave porque expresa el funcionamiento de los ecosistemas pastoriles y permite la caracterización ambiental del país”.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SbIne-iJ3UwRYEl9V0GS6VG3LSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/10/ale6-scaled.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El trabajo inédito recopiló más de 6.000 datos de los últimos 30 años sobre producción forrajera. A la hora de medir productividad, la zona pampeana l...]]>
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                <updated>2025-09-24T12:58:58+00:00</updated>
                <published>2024-10-09T17:46:00+00:00</published>
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            En Tres Arroyos el trigo puede crecer tranquilo
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J6OFr6gEo3e49XLTYq6tRUn_lyo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/09/lluvias-agosto-6-scaled.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>
<p>Un informe de la FAUBA indica que en esta zona “la disponibilidad de agua es buena para que el trigo crezca adecuadamente”. El trabajo explica que hoy hay “condiciones hídricas contrastantes para la agricultura en la Región Pampeana</p>



<p></p>



<p>“Condiciones hídricas contrastantes para la agricultura en la Región Pampeana”, indicó entre sus conclusiones el informe con fecha 2 de septiembre elaborado por la cátedra de Climatología y Fenología Agrícolas de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA). Y como parte del trabajo, y para mostrar la disparidad de escenarios que viven hoy las regiones productivas del país, puso como ejemplo la situación de Tres Arroyos.</p>



<p>Gastón Sosa, coautor del informe junto con Adela Veliz, Leonardo Serio y María Elena Fernández Long -docentes de la misma cátedra e integrantes del Centro de Información Agroclimática y Ambiental de la FAUBA- abordó la evolución del almacenaje de agua en el suelo en Tres Arroyos y en Reconquista para evidenciar la disparidad de escenarios en el mencionado trabajo publicado en Sobre La Tierra, el órgano de difusión de la FAUBA.</p>



<p>“Tomando el perfil hasta un metro de profundidad y analizando la evolución del almacenaje de agua en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, y en Reconquista, provincia de Santa Fe, hallamos situaciones contrastantes. En Tres Arroyos, la disponibilidad de agua es buena para que el trigo crezca adecuadamente. Pero en Reconquista, la escasez generalizada de humedad edáfica estaría impactando en el cultivo: los lotes más adelantados están en floración, que es el período crítico de definición del rendimiento”.</p>



 Evolución del almacenaje de agua en el suelo en Tres Arroyos y en Reconquista (Santa Fe). La línea roja representa valores de referencia entre 1991 y 2020 en esas localidades. La línea azul representa valores entre enero y agosto de 2024


<p>Por otra parte, el informe señaló que las lluvias caídas en el centro-este de la Región Pampeana generan muy buenas condiciones para las últimas etapas de los cultivos de invierno y el arranque de los de verano. Sin embargo, hacia el oeste y el noroeste de la región, los suelos están desecándose. Mientras se espera una primavera seca y cálida, los pronósticos oficiales de El Niño-Oscilación del Sur difieren en la probabilidad de condiciones Niña, con valores entre 41% y 66% para el trimestre septiembre, octubre y noviembre.</p>



<p>Adela Veliz, docente de Climatología y Fenología Agrícolas en la FAUBA, afirmó a Sobre La Tierra que agosto finalizó con precipitaciones abundantes en el centro-este de la Región Pampeana, en particular, en el AMBA. “Los acumulados en dos días superaron con amplitud los valores medios del mes. En el Observatorio Central de Buenos Aires se registraron 114 mm entre el 30 y el 31 de agosto, cuando el valor promedio mensual es 70,3 mm”.</p>



Panel superior: marcha anual de la precipitación en Buenos Aires (datos del Observatorio Central de Buenos Aires. La línea roja muestra los niveles de referencia para el período 1991-2020. Panel inferior: Precipitaciones acumuladas el último día del mes en la estación meteorológica automática instalada en el predio de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fuente: CIAg)


<p>Según la docente, también el sur y este de la zona núcleo recibió lluvias abundantes. “Los registros de la localidad de Junín, en la provincia de Buenos Aires, indican acumulados de 45 mm en los últimos dos días de agosto, sumando en todo el mes 72,4 mm, cuando la media de agosto es 40,8 mm”.</p>



<p>A lo que agregó: “Así quedó definida una zona amplia en el este del área agrícola de secano con excelentes condiciones hídricas en el perfil para que los cultivos de fina continúen creciendo a buen ritmo. Del mismo modo, el contenido de agua útil en la capa arable es muy favorable para la campaña gruesa que está comenzando. Sin embargo, la disponibilidad hídrica disminuye paulatinamente hacia el oeste y el noroeste de la Región Pampeana, ya que en el norte y el centro de Santa Fe y en el norte y el centro de Córdoba se observa un desecamiento notable”.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J6OFr6gEo3e49XLTYq6tRUn_lyo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/09/lluvias-agosto-6-scaled.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un informe de la FAUBA indica que en esta zona “la disponibilidad de agua es buena para que el trigo crezca adecuadamente”. El trabajo explica que hoy...]]>
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                <updated>2025-09-24T12:58:53+00:00</updated>
                <published>2024-09-03T22:57:53+00:00</published>
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            El mapa de caminos rurales de la leche bonaerense
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        <link rel="alternate" href="https://lavozdelpueblo.com.ar/2023-10-06-el-mapa-de-caminos-rurales-de-la-leche-bonaerense" type="text/html" title="El mapa de caminos rurales de la leche bonaerense" />
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wQfVJmusOH6sJrnfIzvVRtP9M-I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/10/leche-caminos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un trabajo elaborado por la FAUBA identificó que la producción láctea de la provincia de Buenos Aires utiliza casi 11 mil kilómetros de caminos rurales. En promedio, los tambos están a 7 kilómetros del pavimento, y las industrias, a 3,5. Esté inédito informe posibilita enfocar las inversiones y mejorar la conectividad
<p>&nbsp;</p>
<p>Un equipo de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) recorrió 10 municipios lecheros bonaerenses y analizó la logística que demanda la producción láctea provincial. Entre los resultados destacan que la producción transita por más de 10.000 kilómetros de caminos rurales y que, en promedio, los tambos están a 7 kilómetros del pavimento, y las industrias, a 3,5 kilómetros. En tanto, en el informe se resaltan experiencias positivas en la gestión de los caminos con cooperativas o consorcios viales y remarcan los múltiples impactos de una buena conectividad para la producción y la vida cotidiana de miles de personas en la ruralidad.</p>
<p>Joaquín Pérez Martín, docente de la cátedra de Sistemas Agroalimentarios de la FAUBA, explicó que el sector lácteo bonaerense incluye 2.000 tambos y 300 industrias, es clave en la generación de mano de obra y requiere una logística muy compleja para su desarrollo. “Hay que ordeñar las vacas todos los días y, en promedio, las industrias recolectan la leche seis veces por semana. Por eso, los caminos rurales son fundamentales: cuando se vuelven intransitables, hay que almacenar la leche en tanques refrigerados con capacidad limitada y solo por menos de 48 horas por una cuestión de calidad”.</p>
A la izquierda se marca la ubicación de los 2 mil tambos, y a la derecha, la de las 300 industrias
<p>Con el objetivo de fortalecer el Plan Estratégico de Mejoras de Caminos Rurales, el Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires solicitó asistencia técnica a la FAUBA para evaluar los caminos que utilizan las industrias y los tambos, los problemas principales que surgen y los lineamientos para mejorar la logística. Además, se buscó analizar otros impactos sociales de los caminos para proponer un plan de acción y direccionar las inversiones.</p>
<p>“La provincia de Buenos Aires tiene más de 100.000 km de caminos rurales. El 75% es de gestión municipal y el 25% restante es provincial. En particular, encontramos que la leche transita por 10.900 kilómetros, y que, en promedio, los tambos están a 7 km del asfalto, y las industrias, a 3,5 km. Además, identificamos 4.000 km de caminos vulnerables a inundaciones y realizamos mapas inéditos a nivel provincial”, remarcó Pérez Martín.</p>
<p>Gestión compartida</p>
<p>El equipo interdisciplinario de la UBA visitó 10 municipios que representan un tercio de los tambos y de las industrias, y que tienen el 15% de los caminos rurales de la provincia. “Luego de las visitas y de investigar otras localidades, encontramos que la gestión público-privada de los caminos rurales tiene un gran potencial para explorar. En donde se generó un consorcio, una comisión o una cooperativa entre los municipios y otros actores sectoriales, los resultados fueron muy interesantes”, afirmó Joaquín.</p>
<p>Pérez Martín destacó que identificaron y mapearon el impacto social de los caminos, incluyendo a los trabajadores y las familias vinculadas a los tambos y a las industrias, su acceso a escuelas, a centros de salud, a pueblos o a ciudades. “Por ejemplo, las restricciones cotidianas afectan mucho la capacidad de contratar mano de obra. Los caminos más degradados por la sequía están en las zonas más arenosas. Con la llegada del El Niño hay que mirar los caminos vulnerables a excesos hídricos”. En este sentido, encontraron que 32.400 km son fundamentales para los usos sociales más cotidianos, principalmente para conectar centros urbanos y escuelas rurales.</p>
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                <published>2023-10-06T17:56:16+00:00</published>
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            Suelos artificiales a partir de residuos industriales
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Miles de toneladas de residuos industriales se generan a diario, y gestionarlas implica altos costos económicos y ambientales. Sin embargo, muchos de estos residuos poseen elementos que se pueden revalorizar, como carbono, nitrógeno y fósforo. Por eso, un proyecto de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), el CONICET y la empresa TECSAN busca reciclar esos nutrientes para elaborar suelos artificiales capaces de mejorar las propiedades edáficas y la productividad de las tierras degradadas.</p>
<p>Los resultados preliminares son prometedores en suelos de relleno sanitario y “de descarte”. Resaltan la escala inédita de los ensayos y las posibilidades que se abren para los grandes generadores de residuos.</p>
<p>“Las industrias generan millones de toneladas de residuos, y su gestión tiene costos ambientales y económicos elevados por los impactos del almacenamiento, el transporte y la disposición. Muchos de estos residuos contienen mucha materia orgánica, nitrógeno y fósforo, y tienen gran potencial para revalorizarse. Sin embargo, les falta un “esqueleto” como son las arenas o los limos, es decir, partículas que les den estructura. En cambio, hay muchos suelos con poca materia orgánica y mucho “esqueleto”. Entonces, al mezclarlos, obtenemos lo mejor de cada parte”, comentó Filipe Behrends Kraemer, docente de la cátedra de Manejo y Conservación de Suelos de la FAUBA.</p>
“Esta línea de estudio representa pasar de gastar dinero para deshacernos de los residuos a convertirlos en productos y obtener regalías” (F. Behrends Kraemer)
<p>En miras a restaurar suelos degradados y mejorar las propiedades de otros poco productivos, el proyecto interinstitucional produce suelos artificiales -o tecnosoles- a partir de grandes volúmenes de residuos industriales. “La idea es elaborar productos que sirvan para mejorar suelos en términos de fertilidad, de aireación y de actividad microbiana. Los tecnosoles tienen muchas propiedades y brindan servicios similares a un suelo natural. Al poder aplicarse en diversos casos y a gran escala, abren muchas posibilidades y desafíos”, resaltó Behrends Kraemer.</p>
<p>Resultados concretos y horizontes prometedores</p>
<p>Filipe, quien además es investigador del CONICET, explicó que cuando se cierran los rellenos sanitarios, se trae “suelo negro” para cubrirlos y vegetarlos. “Ese suelo venía de otro lado, con lo cual estamos degradando un lugar para remediar otro. Entonces, usamos residuos orgánicos del relleno y efluentes cloacales, los mezclamos con suelos degradados y los aplicamos en 10 hectáreas del Complejo Ambiental Norte del CEAMSE. En poco tiempo creció muchísima vegetación, y al año, la mezcla se estructuró en bloques, presentó poros verticales y estables, y una comunidad microbiológica muy parecida a la de un suelo”.</p>
<p>El equipo también trabaja con lo que se llama “suelo de descarte”. Filipe contó que cuando las empresas extraen y comercializan el horizonte A -la capa más superficial y fértil de los suelos-, dejan mucha greda, parte de horizonte B y tosca -como se le dice al horizonte C-, estratos más profundos y menos productivos.</p>
<p>“Nosotros aprovechamos 600 kg de este descarte y lo mezclamos con 200 kg de diversos residuos industriales procesados. Para nuestra sorpresa, obtuvo mejores resultados en la estructuración del suelo y en el crecimiento vegetal que el horizonte A de la misma zona”.</p>
“Para la mezcla en gran escala hay que tener protocolos y maquinaria específica. Son desafíos para investigar” (F. Behrends Kraemer)
<p>Los tecnosuelos tienen la complejidad de que su funcionamiento depende del sitio donde se apliquen y del residuo que se use. “Para sacar conclusiones generales, requerimos mucha experimentación a corto y largo plazo. Por eso, desde hace cinco años trabajamos en el tema junto con la empresa TECSAN, el instituto INGEBI, del CONICET, y las cátedras de Fertilidad y Fertilizantes y de Química Inorgánica y Analítica de la FAUBA. Esto nos permite analizar un mismo ensayo desde diferentes puntos de vista y escalas”, señaló el investigador.</p>
<p>Marca personal</p>
<p>Behrends Kraemer aclaró que al trabajar con residuos, realizan controles muy detallados. “Para evitar riesgos, hay que conocer en profundidad con qué material empezamos y con qué lo mezclamos. Seleccionamos los residuos y descartamos los que poseen metales pesados u otros materiales tóxicos. Probamos diferentes mezclas, proporciones y cultivos. También monitoreamos los impactos superficiales y subsuperficiales a corto y largo plazo”.</p>
<p>Por otro lado, el investigador indicó que un problema de la gestión de volúmenes elevados de residuos industriales es que contienen hasta un 80% de agua. “Por eso, estamos diseñando sistemas para evaporar el agua cerca de donde se originan y facilitar el transporte. En este sentido, estamos comenzando a trabajar en secaderos especiales que funcionan como invernáculos gigantes con robots que miden la humedad del residuo y lo revuelven para que se seque de forma homogénea. Aunque parece sencillo, es complejo y costoso”.</p>
<p>El suelo de nuestra vida</p>
<p>A futuro, otro de los objetivos del proyecto es transformar zonas con suelos degradados en unidades productivas agroforestales. Sobre los suelos artificiales se busca producir cultivos energéticos como caña de castilla y pasto elefante, especies forestales como el eucalipto, el álamo y el sauce, y cultivos de grano como soja y maíz. Además, la idea es incluir diferentes especies de árboles nativos.</p>
<p>Para finalizar, Filipe remarcó que sin suelos sanos no sería posible respirar, alimentarnos o tomar agua. “El suelo es como un reactor biogeoquímico que provee alimento, purifica el agua y el aire, y secuestra gases de efecto invernadero. Está un poco olvidado, pero de la mano de las ciencias ambientales se lo volvió a mirar de otras formas y a revalorizar sus múltiples funciones y servicios ecosistémicos”.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                <updated>2025-09-24T12:58:08+00:00</updated>
                <published>2023-09-14T14:11:43+00:00</published>
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            Nuevas claves en el control de Sanguinaria
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1QJjXzMUcSkhSK8MNIaD7TPGATU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/08/polygonum-destacada.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio de la FAUBA profundizó en los efectos de las condiciones del ambiente materno sobre la germinación de esta planta silvestre transformada en maleza problema que afecta a diversos cultivos. Los resultados permitirían manejos innovadores y más precisos en el futuro
<p>&nbsp;</p>
<p>Polygonum aviculare, o Sanguinaria, es una maleza problemática en los cultivos de granos de Argentina. Por eso, una investigación de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) analizó cómo las condiciones ambientales que atraviesan las plantas madres -conocidas, en sentido amplio, como “ambiente materno”- afectan su germinación.</p>
<p>Las semillas que provienen de plantas que crecen en invierno “esperan” más tiempo en el suelo antes de germinar que las que provienen de plantas que crecen en primavera. Esto permite a la nueva generación emerger en condiciones ambientales más favorables. El estudio es el primero en cuantificar el proceso, y podría abrir las puertas a nuevas y más precisas herramientas de control de malezas a futuro.</p>
<p>“Polygonum aviculare es una maleza que aparece en los campos a fines de invierno y principios de la primavera, y dispersa sus semillas en otoño. Suele traer problemas a la hora realizar cultivos como trigo y cebada, entre otros. Por eso nos interesa estudiarla, para poder predecir su comportamiento y tomar mejores decisiones al momento de controlarla en los campos”, dijo Rocío Belén Fernández, egresada de la Escuela para Graduados “Alberto Soriano” (FAUBA).</p>
Campo agrícola infestado por Polygonum aviculare en la localidad bonaerense de Balcarce
<p>Según la investigadora, predecir la germinación de las malezas no es fácil, dado que presentan dormición. ¿Qué es la dormición? Es una característica que la semilla adquiere al madurar en la planta madre. Las semillas dormidas no perciben los estímulos ambientales -como luz y temperatura- y, por lo tanto, no germinan hasta que no se despiertan. Este rasgo es ventajoso porque en ambientes con estaciones marcadas evita que las plántulas emerjan en momentos desfavorables. Por ejemplo, cuando hay riesgo de daño por heladas.</p>
<p>“Nos importa predecir la germinación de las malezas en el campo porque el momento en que emerge la plántula determina las condiciones ambientales a las que estará expuesta el resto de su vida, incluyendo, obviamente, la producción de semillas. En mi doctorado estudié cuáles son las variables que afectan ese proceso”, explicó Rocío.</p>
<p>Despertar en el laboratorio</p>
<p>Rocío Fernández comentó a Sobre La Tierra que para que las semillas de Sanguinaria a estudiar maduraran en condiciones ambientales distintas, sembró en el campo las plantas madre en dos fechas contrastantes: una temprana, a mediados del invierno, y otra tardía, al final de la primavera. Cuando las plantas completaron sus ciclos de vida -lo que sucedió en momentos diferentes-, cosechó las semillas producidas y analizó en el laboratorio su nivel de dormición.</p>
<p>“En este caso, lo que encontramos estuvo de acuerdo con lo que esperábamos. Las semillas que venían del ambiente de maduración temprano -más frío- estaban mucho más dormidas que las que habíamos cosechado en un ambiente de maduración tardío, más cálido, que estaban más despiertas. Observamos diferencias de hasta un 50% en la germinación entre ambos grupos de semillas”, dijo Fernández, cuyos resultados están publicados en la revista científica Journal of Experimental Botany.</p>
<p>Sorpresas en el terreno</p>
<p>Cuando Rocío sembró a campo ambos grupos de semillas, obtuvo resultados inesperados. Como las plantas madre habían sido sembradas en momentos diferentes, dispersaron las semillas también en momentos diferentes: a mediados de febrero cuando las plantas madre se sembraron en invierno y a inicios de mayo cuando las plantas se sembraron en primavera.</p>
Rocío Fernández llevó a cabo los ensayos de emergencia de Polygonum aviculare en un campo experimental en la FAUBA
<p>“En cada momento de dispersión natural cosechamos las semillas, las enterramos en el suelo y fuimos registrando cuándo emergían las plántulas. Para nuestra sorpresa, en junio, julio y agosto no vimos diferencias en la emergencia de plántulas provenientes de semillas maduradas en ambientes maternos tempranos -o sea, invierno- y tardíos -en primavera-. A lo largo de esos meses, la emergencia fue similar entre ambos grupos de semillas, pese a que se habían dispersado en distintos momentos, y por lo tanto las sembradas en invierno fueron enterradas 3 meses antes que las sembradas en primavera”, observó Rocío.</p>
<p>Para la investigadora, esa sincronización de la emergencia se debió a la menor dormición de las semillas que provenían de plantas sembradas en primavera, que determinó que tardaran menos en germinar después de la dispersión y emergieran en el mismo momento que semillas provenientes de plantas sembradas en invierno.</p>
<p>Una ayuda digital</p>
<p>¿Cómo se podrían unir los resultados del laboratorio y los de campo?, se preguntó Fernández. Y la respuesta llegó de la mano de la computación. Con los datos de los experimentos en laboratorio desarrollaron modelos de simulación que permitieron contestar preguntas como ¿qué ocurriría si las semillas de plantas de Polygonum que crecen en verano tuviesen la misma dormición que las que provienen de plantas que crecen en invierno, y por la tanto, luego de la dispersión, tardasen el mismo tiempo para germinar que estas últimas?</p>
<p>“Los modelos mostraron que, si eso sucediera, las semillas de las plantas que crecen en verano germinarían casi 30 días más tarde en la estación de crecimiento, bajo condiciones ambientales que acortarían su ciclo de vida y bajarían sus probabilidades de dejar descendencia. Ese sería el control del ambiente materno sobre el tiempo hasta la germinación”, explicó.</p>
<p>Tras numerosas simulaciones, la investigadora concluyó que los distintos niveles de dormición de las semillas dispersadas temprana y tardíamente permiten sincronizar la germinación y la emergencia a campo de las plántulas hacia el momento del año que maximiza su producción de semillas.</p>
<p>De madres a hijas</p>
<p>Para Rocío Fernández, sus resultados poseen implicancias agronómicas significativas. “Creo que este trabajo sienta las bases para comenzar a tener en cuenta el ambiente materno de las semillas. Esto permitirá predecir el comportamiento posterior de las malezas y elaborar, por ejemplo, estrategias novedosas de control. Incluso, también permitiría decidir en qué momentos no tiene sentido aplicar herbicidas”.</p>
<p>“En el doctorado obtuve resultados inesperados, y junto con Diego Batlla y Roberto Benech Arnold, mis directores, pudimos interpretarlos y darles un marco. Si bien representan un avance en el conocimiento, aún falta seguir analizando la información para profundizar más en el tema del ambiente materno y la dormición de las semillas. Nuestra idea es llegar a generar propuestas de manejo para las malezas en los sistemas productivos”, concluyó.</p>
<p>Por Pablo Roset / SLT FAUBA</p>
<p>&nbsp;</p>
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                <updated>2025-09-24T12:58:04+00:00</updated>
                <published>2023-08-29T13:02:50+00:00</published>
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            “El campo está todo cortado”
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<p>&nbsp;</p>
<p>Las cárcavas constituyen una forma irreversible de degradación de los suelos, y su frecuencia en los lotes agrícolas es cada vez mayor. ¿Cuán grave es este proceso? Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) utilizó imágenes satelitales para identificar y cuantificar este tipo de erosión hídrica en la Pampa Ondulada bonaerense, la región con mayor historia de uso agrícola del país. El trabajo encontró más de 1 km de cárcavas por km2 de campo productivo. Desarrollan una metodología de alta eficiencia para detectarlas desde el espacio y plantean la necesidad urgente de medidas de prevención.</p>
Hace dos décadas se conocían los signos de erosión hídrica en la cuenca del Arroyo Tala, pero faltaba profundizar en su análisis y en sus consecuencias
<p>“Las cárcavas son como grandes zanjones que se generan por pérdida de suelo; pueden medir kilómetros de largo y tener bastantes metros de ancho y profundidad. Son producto de la erosión hídrica; es decir, por efecto del agua, que al correr por la superficie se lleva el suelo. Es importante atenderlas porque son irreversibles y se están haciendo más severas. Con ellas se pierde suelo, superficie agropecuaria y se puede generar contaminación de cursos de agua”, explicó Lucía Worcel, docente de Manejo y Conservación de Suelos en la FAUBA.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Trabajamos en la Pampa Ondulada, la región con la más larga historia de uso agrícola del país. Cuenta con pendientes suaves y suelos muy limosos, una textura que los vuelve frágiles a ciertos manejos agronómicos. Durante muchas décadas se realizaron laboreos convencionales, lo cual generó una situación propicia para la erosión hídrica. En esta zona vemos cómo las cárcavas avanzan y ganan cada vez más terreno”, contó Lucía.</p>
<p>En este sentido, destacó que quiso definir cuán grave es la situación de la erosión en cárcavas en la Pampa Ondulada. Para ello, utilizó fotografías aéreas, imágenes satelitales y relevamientos a campo. Específicamente, se enfocó en la cuenca del arroyo El Tala. “Analizamos dos sectores de 90 km2 bien contrastantes por sus pendientes, topografía e historia de uso. En cada uno identificamos entre 200 y 400 cárcavas”, resaltó Worcel.</p>
Se identificaron 647 cárcavas entre ambos sectores. En la Ea. &#8220;Los Patricios&#8221; se registraron 207, y en la Ea. &#8220;La Esperanza&#8221;, 440
<p>¿Son muchas o pocas? Para conocerlo, la docente utilizó un indicador que se usa a nivel mundial: la densidad de cárcavas; es decir, cuántos km de cárcavas hay por km2 de superficie. “En los dos sectores hay una densidad de cárcavas extremadamente alta. Encontramos más de 1 km de cárcavas por km2 de campo, y detectamos que el proceso está avanzando”, advirtió a partir de un artículo publicado en la Revista Científica Agropecuaria de la Universidad Nacional de Entre Ríos.</p>
<p>Perspectivas desde el cielo</p>
<p>Worcel indicó que en las imágenes satelitales, una cárcava se ve como un arroyo, pero que contrasta con el paisaje productivo. “Un río o un arroyo se ven mucho más integrados a la estructura del paisaje. En cambio, las cárcavas irrumpen en el paisaje, lo fragmentan siguiendo las pendientes hacia arriba, en caminos complejos que se van conectando como en una red”.</p>
El relevamiento a campo les permitió separar cárcavas de otros elementos del paisaje como caminos de animales, canales de desagüe, surcos y arroyos
<p>Junto con Sebastián Vangeli, Alejandro Maggi y Celio Chagas, docentes de la misma cátedra que Lucía, generaron una metodología efectiva para identificar cárcavas tanto en la Pampa Ondulada como en otras regiones. Al basarse en herramientas satelitales, no sería necesario recorrer en persona los campos. “Primero identificamos las cárcavas en las imágenes y luego fuimos al campo para corroborar si, en efecto, lo eran. Tuvimos una eficiencia del 85%. Durante esas jornadas, los productores nos mencionaron que ‘el campo está todo cortado’”.</p>
<p>Profundizar la prevención</p>
<p>“Un campo fragmentado dificulta el paso de las maquinarias y el resto de las actividades en los establecimientos”, afirmó Worcel. “Esto implica que se deben cambiar los manejos, porque si bien -como dije antes- es un proceso irreversible, se puede prevenir. Para ello es necesario determinar en profundidad cuáles son los factores que las desencadenan y dónde es posible que se desarrollen, a fin de saber dónde tomar medidas”.</p>
<p>“En la Pampa Ondulada, las cárcavas tienen que ver con una situación de baja cobertura y de encostramiento de los suelos que genera que el agua no infiltre, escurra y se concentre en determinadas zonas donde genera surcos. Entonces, principalmente se debe mejorar la infiltración y la cobertura vegetal, repensar la intensidad del uso agrícola y definir las zonas donde no se puede hacer agricultura”, agregó.</p>
<p>Al disponer de fotografías aéreas de la década del sesenta e imágenes satelitales desde los ochenta hasta la actualidad, Worcel y el equipo de trabajo detectaron un proceso muy rápido de transformación del uso del suelo en la Pampa Ondulada, de pastizales naturales a la ganadería y a la agricultura. Para cerrar, reflexionó: “Hay que repensar la intensidad de uso que se le dio a la Pampa Ondulada y aprender de lo que muestran los signos de degradación que aparecieron en sus suelos”.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TxgiuW4aTvEurZlF91hPNTPDfnY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/08/carcavas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio de la FAUBA señaló que la densidad de las cárcavas en la Pampa Ondulada es extremadamente alta y está en aumento. Por medio de imágenes sat...]]>
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                <updated>2025-09-24T12:58:01+00:00</updated>
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            Hongos para mejorar rindes en cultivos intensivos y extensivos
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/APi3jqH6yZyoHz0SgrW8BaVnPsM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/07/hongos-fauba.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Con cepas nativas del género fúngico Trichoderma, investigadores de la FAUBA lograron aumentar el rendimiento del trigo y el peso de plantines de lechuga. Generaron bioproductos que podrían contribuir a reducir el uso de agroquímicos
<p>&nbsp;</p>
<p>Los hongos se encuentran en todos lados. En nuestra piel, en ríos, en platos gourmet y hasta en series de televisión. En el agro, existen algunos que perjudican a los cultivos, pero por suerte hay otros que los favorecen. Investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) aislaron cepas nativas del género de hongos Trichoderma para mejorar la sanidad y el rinde de cultivos intensivos y extensivos. Ya lograron incrementar un 40% el peso de plantines de lechuga y un 20% el rendimiento del trigo. Dentro de esta línea de trabajo se elaboran productos biológicos que podrían ayudar a disminuir el uso de productos de síntesis química en el sector.</p>
<p>“Trichoderma es un género de hongos que se encuentra en los suelos de todo el planeta. Si bien en muchos países se lo estudia hace tiempo por sus efectos benéficos para los cultivos, en la Argentina, su investigación es más reciente. El grupo de trabajo que integro recolecta y aísla cepas nativas de Trichoderma en suelos de zonas hortícolas del Área Metropolitana de Buenos Aires con la idea de estudiar cómo afectan el crecimiento de diversos cultivos”, explicó Patricio Wigdorovitz, docente de Fitopatología en la FAUBA.</p>
“En los ecosistemas, Trichoderma principalmente degrada la materia orgánica”, (P. Wigdorovitz)
<p>“Trabajamos con lechuga en la localidad de La Plata y con trigo en la zona pampeana. Los elegimos como ejemplos típicos de cultivos intensivos y extensivos. Probamos casi 30 cepas de Trichoderma y encontramos que varias de ellas generaban efectos positivos. Una aumentó casi 40% el peso de plantines de lechuga, y otra incrementó cerca del 20% el rendimiento del trigo”, resaltó.</p>
<p>Patricio agregó que los efectos positivos de estos microorganismos se explican de diferentes maneras. “Por un lado, fomentan la producción de biomasa de algunas plantas, ya que generan compuestos similares a las hormonas vegetales que promueven el crecimiento. Por otro lado, en base a su gran capacidad de colonizar los suelos evitan que proliferen otros hongos que dañan a los cultivos”, afirmó a partir de sus estudios de doctorado que lleva a cabo en la Escuela para Graduados “Alberto Soriano” (FAUBA).</p>
<p>Más Trichoderma, menos agroquímicos</p>
<p>En este contexto, Wigdorovitz destacó que desarrollar un producto biológico basado en Trichoderma podría ayudar a aquellos productores que buscan usar menos agroquímicos en sus campos. “Hay muchos productores que quieren cambiar sus sistemas hacia otros más orgánicos, más agroecológicos, y muchas veces se encuentran con limitaciones. Mediante Trichoderma podemos favorecer esa transición”.</p>
<p>Además, añadió que los hongos en cuestión soportan aplicaciones de fungicidas en dosis relativamente bajas. “Esto posibilita usarlo en producciones del tipo convencional, sobre todo en sistemas intensivos hortícolas”.</p>
<p>Productos biológicos para el futuro</p>
<p>Wigdorovitz contó que en el suelo se pueden encontrar muchas cepas de Trichoderma, pero que no todas funcionan de la misma manera. “Depende de las cepas, de los aislados y de las especies con las que se relacionan, y por eso hay que realizar varios ensayos”.</p>
<p>Junto con Eduardo Wright, el director de su doctorado, Patricio y otros compañeros de la FAUBA crearon, con el apoyo de IncUBAgro -una iniciativa de la FAUBA que promueve los emprendimientos innovadores vinculados al agro-, la empresa Airu, que investiga y elabora insumos biológicos para la producción agropecuaria. Trabajan con Trichoderma y con otros hongos, llamados entomopatógenos, que controlan insectos plaga.</p>
<p>Para cerrar, Patricio reflexionó: “Muchos productores tuvieron experiencias negativas con productos biológicos porque hay mucho mercado negro. En ocasiones, hicimos pruebas con insumos que supuestamente tenían Trichoderma, y no lo encontramos. En nuestra interacción con productores, también luchamos contra ese fantasma, pero en general nos reciben de buena forma”.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                <updated>2025-09-24T12:57:55+00:00</updated>
                <published>2023-07-12T17:43:01+00:00</published>
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            Pastorear los pastizales del Río de la Plata conserva el carbono del suelo
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BETtUXNZQ3YTkChMDI9BxfOjVNM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/06/oyarzabal-destacada.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En estos ecosistemas del sur de Sudamérica, investigadores de la FAUBA y la UdelaR detectaron que la ganadería pastoril promueve el almacenaje de este elemento en forma de raíces. Visibilizan para la comunidad científica numerosas publicaciones locales sobre el tema
<p>&nbsp;</p>
<p>La vasta región de los pastizales del Río de la Plata se extiende por la Argentina, Brasil y Uruguay, y desde hace 200 años sustenta la producción ganadera. Su relevancia llevó a ecólogos de los tres países a publicar numerosos estudios que, sorprendentemente, apenas están considerados en las síntesis globales sobre pastizales. Para abordar esa problemática, un trabajo de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y la Universidad de la República de Uruguay compiló y publicó la primera base de datos con esos estudios y, aplicándole una metodología estadística específica, descubrió que excluir el pastoreo por más de 3 años disminuyó a la mitad la biomasa de raíces. Proponen agregar esta información a las bases de datos globales.</p>
Pastizales del Río de la Plata. Las letras indican las unidades de vegetación como subdivisiones de las subregiones Pampas (A, B1, B2, C, D y E) y Campos (G y F). (A) Pampa Ondulada. (B1) Pampa Interior Plana, (B2) Pampa Interior Occidental, (C) Pampa Austral, (D) Pampa Deprimida, (E) Pampa Mesopotámica, (F) Campos del Sur, (G) Campos del Norte
<p>Mariano Oyarzabal, docente del Departamento de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información de la FAUBA, coautor del trabajo, comentó que su estudio se centró en los pastizales del Río de la Plata, una región de 760.000 kilómetros cuadrados -2,5 veces la provincia de Buenos Aires- en el centro-oeste de la Argentina, el sur de Brasil y todo Uruguay. Es una de las pocas áreas del mundo que aún cuenta con pastizales no modificados por el ser humano, y sus suelos son de muy alta fertilidad. Hoy, una parte considerable de la región se usa con fines ganaderos.</p>
<p>“Descubrimos que los trabajos que resumen a nivel global la información publicada sobre pastizales, su productividad y biomasa de raíces, o sobre cómo responden las raíces al pastoreo, no incluyen trabajos en los pastizales del Río de la Plata. En parte, eso se debe a que muchas de estas publicaciones están en revistas locales de poca difusión o en capítulos de libro de difícil acceso. Entonces, ese problema nos motivó a compilarlas en una base de datos”, sostuvo Mariano.</p>
<p>El investigador señaló que los trabajos que hallaron se enfocan mayormente en las raíces -un reservorio importante de carbono- y en el pastoreo, principal disturbio de los pastizales.</p>
<p>“Al compilar todos esos artículos, notamos que incluían comparaciones entre áreas pastoreadas y no pastoreadas. Por lo tanto, nos preguntamos: ¿qué efecto tiene sobre las raíces de estos pastizales la exclusión del pastoreo? Este interrogante es central, ya que la ganadería tiene casi dos siglos de historia en la región”.</p>
<p>Con ustedes, los pastizales del Río de la Plata</p>
<p>Oyarzabal, quien también es investigador del Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección del instituto IFEVA (UBA-CONICET) destacó dos resultados clave de su estudio, publicados en la revista científica Austral Ecology. El primero fue la creación de la base de datos bibliográfica en sí.</p>
<p>“La base pone a disposición de la comunidad científica internacional 15 estudios publicados en los últimos 40 años por ecólogos brasileros, uruguayos y argentinos. A partir de sus más de 1000 registros identificamos que hay pastizales muy estudiados -como los de la Depresión del Salado en la provincia de Buenos Aires- y otros de los que casi no conocemos nada sobre sus raíces, como los de la Pampa Ondulada argentina o los del norte de Uruguay y Brasil”, detalló Mariano.</p>
Alambrado mediante, la foto muestra el contraste entre un área pastoreada y otra clausurada en un pastizal de Uruguay. Foto: Mariano Oyarzabal
<p>Por otro lado, a partir de la nueva base de datos, Oyarzabal y los demás coautores/as del estudio realizaron un análisis estadístico llamado metaanálisis que les permitió combinar los resultados de todos los estudios sobre raíces y pastoreo en estos pastizales, y obtener conclusiones cuantitativas y extrapolables.</p>
<p>“Detectamos un patrón muy claro en relación con el efecto de la exclusión del ganado, o efecto clausura. Si la clausura tenía más de tres años de antigüedad, la biomasa de raíces se reducía en promedio hasta un 50% respecto de los sitios pastoreados. En cambio, si la clausura era más reciente, la biomasa de raíces en los pastizales era similar a la registrada bajo pastoreo”, observó el investigador de la FAUBA.</p>
<p>El pastoreo como aliado</p>
<p>“Nuestros resultados tienen implicancias concretas, ya que encontramos que la ganadería pastoril, muy extendida y típica en la región, es una herramienta valiosa para capturar carbono en el suelo. Aunque en la región casi no se les da ‘descansos’ a los pastizales, si un productor excluyera al ganado, se reduciría la cantidad de raíces en el suelo, lo cual sería muy negativo para eso que tanto nos importa que es mitigar el cambio climático”, sostuvo Mariano.</p>
Panorámica de un pastizal con palmeras Butia odorata en los Campos del Sur, Uruguay. Foto: gentileza Mauricio Bonifacino
<p>Oyarzabal remarcó las ventajas de contar con la base de datos y los registros que antes no estaban disponibles o eran difíciles de acceder. “Ahora, cualquier persona que quiera trabajar sobre la biomasa subterránea de los pastizales del Río de la Plata u otras variables tiene toda la información a mano”.</p>
<p>Y, a modo de cierre, agregó: “La puerta está abierta a que se planteen nuevas preguntas. Incluso, investigadores de otros países podrían usar la base de datos y avanzar en el conocimiento. Es más, creemos que sería necesario incluir los pastizales de esta región en las bases de datos globales para corregir el desbalance en los estudios globales y los sesgos en los patrones allí detectados”.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BETtUXNZQ3YTkChMDI9BxfOjVNM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2023/06/oyarzabal-destacada.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En estos ecosistemas del sur de Sudamérica, investigadores de la FAUBA y la UdelaR detectaron que la ganadería pastoril promueve el almacenaje de este...]]>
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                <updated>2025-09-24T12:57:53+00:00</updated>
                <published>2023-06-30T10:45:00+00:00</published>
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            “La expansión de la soja modificó drásticamente la vida de muchas personas”
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-SoxD-xyWjwPa19gHJjbWtfuTmM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/10/soja-sol.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Una investigación analizó los impactos de una década de producción de este cultivo sobre el ambiente, el empleo y las migraciones en las regiones Pampeana y Chaqueña. Según el trabajo, los cambios que ocurrieron ponen en tensión el desarrollo sostenible
<p>&nbsp;</p>
<p>El comercio internacional alcanza casi todos los rincones del planeta. Las decisiones de un país afectan al desarrollo de muchos otros, aunque estén alejados. Un caso emblemático es el de China, que al aumentar su demanda de soja produjo una expansión sin precedentes del cultivo en la Argentina. En este marco, un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), el CONICET y la Fundación Bariloche analizó qué cambios produjo el avance de la soja entre los años 2000 y 2010, y de qué manera eso impactó en aspectos sociales, ambientales y productivos en dos regiones de nuestro país. Mientras que en la Región Chaqueña se redujo la superficie de bosques y pastizales, en la Región Pampeana disminuyó la ganadería y la diversidad de cultivos, y aumentaron el desempleo y las migraciones desde los pueblos hacia la periferia de las grandes ciudades.</p>
<p>“Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas -u ODS- buscan direccionar esfuerzos internacionales en combatir la pobreza, proteger el planeta y garantizar la paz. En este sentido, el mercado global puede favorecer que algunos de estos objetivos se cumplan, pero al mismo tiempo puede perjudicar otros. La producción de soja se puede vincular positivamente con el objetivo de Hambre Cero porque se usa como insumo para la producción ganadera, pero ¿cómo afecta a los otros objetivos?”, se preguntó Florencia Rositano, docente del Area de Educación Agropecuaria de la FAUBA.</p>
De los 126 sitios analizados, 84 correspondieron a la Región Pampeana y 42 a la Región Chaqueña
<p>De los 126 sitios analizados, 84 correspondieron a la Región Pampeana y 42 a la Región Chaqueña</p>
<p>“Para cumplir con la demanda del mercado internacional, en diferentes países del mundo, como la Argentina, la soja se expandió y trajo diversas consecuencias. Por eso decidimos estudiar de qué manera ese crecimiento impactó en 14 variables sociales, agronómicas y ecológicas entre los años 2000 y 2010. Analizamos 126 municipios tanto de la Región Pampeana -el área con mayor producción agrícola del país- como de la Región Chaqueña, una zona con grandes extensiones de bosques y pastizales naturales”, dijo Florencia.</p>
<p>Según el estudio de Rositano, publicado en la revista científica Anthropocene, el avance del cultivo tuvo efectos distintos en las variables de cada zona. “En la Región Chaqueña se redujo la superficie de bosques y pastizales, y la provisión de servicios ecosistémicos. Como sus suelos son frágiles y no soportan muchos años de soja, la pérdida de bosques y de pastizales no ocurrió directamente para realizar el cultivo, sino indirectamente para recibir al ganado desplazado de otras zonas”.</p>
“A nivel regional, en Paraguay y en Brasil, la expansión del cultivo también conllevó consecuencias ambientales, socioeconómicas y productivas” (F. Rositano). Foto: Matías Mastrángelo
<p>La docente agregó que en la Región Pampeana, la soja avanzó por los campos y disminuyó la ganadería y la diversidad de cultivos que se hacían. “Por otro lado, se redujo el empleo, la población económicamente activa y la densidad de hogares, y aumentaron las migraciones. Como el cultivo de soja no requiere tanta mano de obra, muchas personas perdieron sus trabajos, dejaron sus casas y migraron hacia la periferia de las grandes ciudades para buscar más oportunidades. En general, son los jóvenes quienes se van, y en los pueblos queda menos gente o la población envejece”.</p>
<p>Además, observó que el analfabetismo y los hogares con necesidades básicas insatisfechas se redujeron muy poco. “Esto se dio en ambas zonas a pesar de que en esa década se fomentaron políticas públicas vinculadas a mejorar la calidad de vida de las personas y la alfabetización”.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                <updated>2025-09-24T12:57:16+00:00</updated>
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            Una alianza por una mejor cerveza
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<p>&nbsp;</p>
<p>La cebada cervecera es la principal fuente de malta, un insumo básico para elaborar cerveza. En la Argentina, la superficie sembrada con este cultivo viene creciendo de forma sostenida desde mediados de los ‘90, y no por casualidad. En aquel momento ingresamos al Mercosur con Brasil como principal socio comercial. Si bien ese país consume mucha birra, sus condiciones agroecológicas para cultivar cebada no son las óptimas. Para responder a esa demanda, las malterías argentinas se acercaron a la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) en busca de una mayor calidad de granos. ¿Cómo continúa hoy este ejemplo de integración entre la academia, la industria y los productores?</p>
<p>“Hace 25 años empezamos a trabajar con Maltería Pampa, que se había instalado en el sudoeste de Buenos Aires cuando el país se incorporó al Mercado Común del Sur, y después se sumó la Maltería Quilmes. Era un momento clave para la industria maltera: necesitaba crecer y se nos acercó buscando soluciones para ciertos problemas vinculados a los granos de la cebada cervecera”, recordó Roberto Benech, docente de Cultivos Industriales de la FAUBA.</p>
&#8220;La malta cervecera se usa solo para hacer cerveza, y la cebada es el grano por excelencia para la malta. De hecho, lo que se conoce como cerveza premium está hecha sólo con malta de cebada” (R. Benech)
<p>“¿Qué nos pidió en su momento la industria cervecera?”, se preguntó Roberto, quien también es investigador del CONICET en el instituto IFEVA (UBA-CONICET). “Básicamente, cuestiones muy específicas sobre la calidad de los granos, ya que la industria fija determinados parámetros de calidad y los productores, que producen cebada por contrato para las malterías, siembran los materiales genéticos que esta les pide. La idea es satisfacer los requerimientos industriales”.</p>
<p>Benech señaló que la calidad del grano la determina el genotipo que se siembra, y la modulan características ambientales como la temperatura y la fertilización con nitrógeno. Dos parámetros claves de calidad son el contenido de proteína de la semilla -que debe estar entre 10 y 12%- y el poder germinativo, que tiene que ubicarse entre el 95 y el 98% porque el proceso de malteado requiere la germinación del grano. A estos parámetros se suma el calibre, que es el porcentaje mínimo de grano retenido en una zaranda estandarizada. Si los tres aspectos se satisfacen, hay altas probabilidades de producir una buena cerveza.</p>
<p>Son tus huellas el camino</p>
<p>“El contacto industria-productores-academia generó una interacción muy provechosa para todos, y es fundamental destacarlo -puntualizó Roberto Benech-. Las malterías quieren que los productores contratados produzcan una cebada acorde con los requisitos de calidad industrial. Los productores, por su parte, necesitan cumplir con los requerimientos agronómicos y, por lo tanto, siempre poseen consultas respecto del cultivo. Y nosotros, desde la ciencia, desarrollamos herramientas que solucionan gran parte de las problemáticas”.</p>
<p>El camino recorrido a lo largo de los 25 años le permitió al investigador y a su grupo generar publicaciones científicas y nuevas líneas de investigación. “Detrás de cada una de las herramientas que elaboramos para la industria hay avances en el conocimiento, a tal punto que todo está publicado en revistas científicas. A su vez, esos avances dispararon una serie de preguntas que nos permitieron profundizar en aspectos aún más básicos del comportamiento del grano de cebada, lo cual sirve como fundamento para generar nuevas herramientas”, observó Roberto.</p>
<p>Soluciones novedosas</p>
<p>Benech rememoró que “uno de los primeros problemas sobre los que nos consultó la industria maltera fue el pre-germinado y el brotado de los granos que ocurre en algunas variedades de cebada. Muchas veces, eso sucede cuando llueve antes de la cosecha, y el resultado final es que quedan inutilizados desde el punto de vista industrial. La susceptibilidad a sufrir este daño está regulada por la temperatura durante el desarrollo de las semillas en la planta”.</p>
<p>“Entonces, desde la FAUBA elaboramos una herramienta predictiva que le indica al productor cuán susceptible a germinar anticipadamente estará el grano si llueve antes de cosechar. Sobre la base de ese pronóstico, el productor puede tomar la decisión de adelantar la cosecha ante un pronóstico de lluvia”, resaltó el investigador. Estos resultados están publicados en las revistas científicas Agronomy Journal, Field Crops Research y Euphytica.</p>
<p>El siguiente paso consistió en generar herramientas para manejar los granos durante el almacenaje. “Normalmente, la cosecha se industrializa después de un año por cuestiones de capacidad operativa de la industria: no se puede procesar todo al mismo tiempo. Esto significa que los granos deben conservarse en buen estado durante muchos meses. Si las condiciones de almacenaje no son adecuadas, van perdiendo su poder germinativo hasta que se los desecha si cae por debajo del 95%”, explicó Roberto.</p>
<p>Para abordar este problema, Benech y su grupo produjeron un instrumento para asignar prioridades de malteo según ciertas características del grano. “Era importante establecer en qué orden maltear los lotes de semillas para que el poder germinativo fuera el correcto. Hallamos que el falling number -un parámetro que la industria mide rutinariamente para estimar el daño por germinación-, se relaciona con la longevidad potencial del lote. Con este desarrollo, la industria diseñó condiciones de almacenaje que maximizan la longevidad de los granos”. Estos resultados están publicados en la revista Journal of Cereal Science.</p>
Por medio del modelo CRONOCEBADA se pudo realizar la zonificación por calidad del cultivo de cebada
<p>El docente comentó que sus investigaciones más recientes apuntan a entender de qué manera el ambiente regula la calidad de los granos, estimada a través del extracto de malta, que es el indicador que más usa la industria para medir calidad. “La calidad de este extracto está dada por una serie de atributos, y nosotros identificamos que dos de ellos están modulados por el ambiente: el calibre y la temperatura de ‘pastificación’, que describe la calidad del almidón que contiene la semilla”.</p>
<p>Según Benech, “estos dos atributos son modulados por las temperaturas que atraviesa el cultivo durante el período de llenado de grano. Los resultados de nuestros experimentos nos permitieron armar mapas de la región productora de cebada. Luego, por medio del modelo CRONOCEBADA determinamos el período de llenado de grano en cada zona, y con esa información realizamos una zonificación del cultivo por calidad”. Estos resultados fueron publicados en la revista Field Crops Research en enero y septiembre de 2021.</p>
<p>Por más pintas y papers</p>
<p>“En este momento estamos trabajando para incorporar todas las herramientas desarrolladas como un módulo de calidad dentro del modelo CRONOCEBADA, el sistema experto que desarrolló el Grupo de Cultivos de Invierno de la cátedra de Cerealicultura de la FAUBA, dirigido por Daniel Miralles”, dijo Benech a Sobre La Tierra.</p>
<p>Y completó: “Es apasionante la integración vertical, es un claro ejemplo de agroindustria. Por eso no sólo importa lo que pasa en la industria, sino que a la industria le importa todo lo que pasa en el campo antes de llegar allí. Es un ejemplo con un montón de aristas, y eso es lo que lo hace tan interesante. Probablemente, sin el contacto con la industria no habríamos producido toda la información sobre cebada que fuimos generando a lo largo de estos años. Sin ese contacto, no habríamos avanzado en ese camino, que, como investigadores, nos ha enriquecido un montón”.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                <published>2022-10-13T06:24:38+00:00</published>
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            La FAUBA patentó una tecnología para aumentar los rindes
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/32sriW1d6qO2pNAlOkuIoHeg_Wo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/10/Foto-carlos-3.png" class="type:primaryImage" /></figure>La UBA y el CONICET lograron los derechos intelectuales de una tecnología genética que incrementa la fotosíntesis de las plantas. Podrán obtener regalías por su uso comercial y administrar cómo se va a aplicar
<p>&nbsp;</p>
<p>La UBA y el CONICET consiguieron la patente de una tecnología que se puede aplicar en diversos cultivos y podría mejorar sus rendimientos. Se trata de un gen que aumenta la fotosíntesis de las plantas sin provocarles efectos negativos sobre su crecimiento o desarrollo. Al poseer los derechos de propiedad intelectual sobre el avance genético, podrán decidir cómo llevarlo a la práctica y recibirán reconocimiento económico. Ya probaron su efectividad en papas y tienen propuestas para incorporar la tecnología en soja, maíz, alfalfa y cannabis. Representa la primera patente internacional de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA).</p>
<p>“Desarrollamos una construcción genética que nos permite aumentar los niveles de un gen que se encuentra muy presente en el reino vegetal, con su función biológica conservada. Cuando incorporamos esta biotecnología en una planta, se genera una mayor tasa de fotosíntesis, lo cual se puede traducir en mayores rendimientos. Probamos la tecnología en la papa y obtuvimos muy buenos resultados. Por medio de la ingeniería genética logramos manipular dicho gen, sin provocar efectos negativos sobre las plantas, un aspecto muy buscado en los desarrollos biotecnológicos”, contó Carlos Crocco, docente de Fisiología Vegetal en la FAUBA.</p>
“Patentamos una tecnología que se puede usar para desarrollar eventos transgénicos como las plantas de papa que generamos” (C. Crocco)
<p>En este marco, la UBA y el CONICET consiguieron los derechos de la propiedad intelectual de esta tecnología que se podría aplicar en una gran variedad de cultivos. “En el 2018 comenzamos a tramitar la patente de nuestro desarrollo, y hoy ya está aprobada en la Oficina de Patentes de EE.UU. Esto significa que las empresas que quieran utilizarla con fines comerciales tendrán que acordar con las instituciones. La patente protege la utilización de esta tecnología para varias especies de interés agronómico”, agregó Crocco, quien también es investigador del CONICET en el instituto IFEVA (UBA-CONICET).</p>
<p>“Además de significar un hecho comercial importante, la patente posibilita administrar cómo se va a transferir el conocimiento. La UBA y el CONICET pueden decidir que la tecnología llegue a diferentes actores y que cada uno la use de la manera más eficiente posible. Ya hay muchas empresas interesadas en adquirirla”, resaltó Carlos.</p>
<p>Por su parte, Gustavo Schrauf, docente de la cátedra de Genética y Secretario de Desarrollo y Relaciones Institucionales de la FAUBA, remarcó que, además, esta patente significa proteger la propiedad intelectual de la tecnología y reconocer a sus autores.</p>
<p>Al acecho</p>
<p>Schrauf afirmó que quienes desarrollan la tecnología no siempre tienen los derechos sobre su uso. “Si está desprotegida, cualquiera puede tramitar su patente y luego cobrarle a los que quieran aplicarla. Existen muchos profesionales que leen artículos científicos para extraer, copiar y patentar tecnologías. Un ejemplo es el arroz dorado. Ingo Potrykus fue la primera persona en transformar el arroz en el mundo, pero no lo patentó. Cuando lo quiso hacer, se encontró que su desarrollo infringía 20 patentes”.</p>
<p>Asimismo, el docente destacó que cambió de opinión con respecto a estas herramientas legales. “Antes consideraba que las patentes eran un freno al avance científico más que un reconocimiento a la inventiva. Muchas empresas patentan una tecnología y durante 20 años pueden cobrar precios muy altos a quienes quieran usarla. Así, dominan los mercados. Hoy entiendo que no proteger el conocimiento es una ingenuidad, ya que alguien siempre se va a apropiar de ese conocimiento”.</p>
<p>Requerimientos y precauciones</p>
<p>Carlos Crocco contó que para patentar una tecnología hay tres requisitos. “El primero es el de la novedad. Esto implica tener mucho cuidado con la información. Si uno la divulga, incluso parcialmente, puede dejar de ser novedosa. Hay que planificar la difusión de la información si hay perspectivas de patente”.</p>
<p>“El segundo requisito tiene que ver con la inventiva. Debe ser una tecnología que a nadie más se le pueda ocurrir, ningún especialista del área tiene que ser capaz de imaginarla o llegar a los resultados que uno llegó. El tercero es que pueda tener una aplicación industrial”, indicó el investigador.</p>
<p>Acompañamiento</p>
<p>Crocco añadió que la UBA y el CONICET entendieron la importancia del descubrimiento y sus utilidades, y acompañaron los esfuerzos. “La FAUBA tuvo un rol protagónico. Este tipo de desarrollos no se podrían hacer sin las instituciones que los financian durante muchos años”.</p>
<p>Para cerrar, Schrauf sostuvo que si bien desde la FAUBA ya se habían tramitado otras patentes, no se tenía mucha costumbre de proteger la propiedad intelectual. “Creo que esta tecnología y su patente tendrán un gran impacto. Iniciamos un camino de cuidar las investigaciones que desarrolla la facultad, el CONICET y la ciencia argentina”.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                <published>2022-10-04T08:19:19+00:00</published>
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            Un mapa triguero basado en 30 años de rindes, climas y manejos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9nMnCwyNuzmCUDx0AWfyL-c0vtk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/08/trigo-slt.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio de la FAUBA analizó y agrupó las zonas del país donde se siembra este cereal. La región este-suroeste mostró lluvias suficientes, fertilización y altos rendimientos. La región centro-norte mostró más limitaciones ambientales. Prevén mejoras genéticas y agronómicas
<p>&nbsp;</p>
<p>El trigo es uno de los principales cultivos de la Argentina. Se siembra en zonas con climas y suelos muy distintos, con diferentes rendimientos y manejos agronómicos. En este contexto, un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) analizó el vínculo entre el cultivo y la disponibilidad de agua en las áreas que ocupa, y encontró dos zonas contrastantes.</p>
<p>Una, en el este y el suroeste, y la otra, en el centro y norte del país. La primera presentó, en promedio, mayor sincronía entre la lluvia y las necesidades hídricas del cultivo, fertilización y rindes elevados. La segunda mostró, en promedio, ambientes con más restricciones, menos uso de insumos y rindes más bajos. La investigación abre puertas para ajustar manejos y hasta mejorar la genética del cultivo.</p>
<p>“En la Argentina, el trigo es clave para la industria alimentaria, para las exportaciones y para la estabilidad de los sistemas productivos, ya que provee cobertura vegetal y genera materia orgánica. La superficie sembrada con el cereal varía entre 3 y 7 millones de hectáreas según el contexto, y se reparte en diferentes zonas del país. En el sur de Buenos Aires se produce casi la mitad del trigo nacional. El resto se divide entre el sur de Santa Fe, de Córdoba y de Entre Ríos y el norte de Buenos Aires, y hay una pequeña producción en el norte del país”, comentó Pedro Pellegrini, docente de Métodos Cuantitativos y Sistemas de la Información de la FAUBA.</p>
El trigo se siembra en una gran diversidad de ambientes del país
<p>El trigo se siembra en una gran diversidad de climas y suelos que ofrecen distintos volúmenes de agua, recurso fundamental para el desarrollo del cultivo. “La escasez de agua estresa al cultivo e impacta en su rendimiento. Las consecuencias dependen de cuán grave es la falta de agua y del momento en que ocurre, ya que es más sensible en ciertas fases de su desarrollo.  Por eso quisimos analizar su relación con el agua disponible en los ambientes donde se lo siembra”, explicó Pellegrini en base a un estudio publicado en la revista científica Field Crops Research.</p>
<p>En este sentido, destacó: “A partir de información meteorológica de tres décadas y un modelo de simulación, caracterizamos y agrupamos regiones con patrones similares de falta de agua, y encontramos dos zonas. Por un lado, está la región este y suroeste del país, donde los estreses son poco frecuentes y los rindes, más altos. En general, se podría decir que en estos lugares llueve cuando el cultivo lo necesita. Por otro lado, está la región centro y norte del país, donde los estreses se dan en etapas más tempranas del cultivo, y como llueve poco, se desencadenan otros patrones de estreses a lo largo de su desarrollo”.</p>
<p>Reservas y riesgos</p>
<p>Pedro Pellegrini, quien también es estudiante de doctorado en la Escuela para Graduados de la FAUBA, señaló que, entre las dos zonas, es diferente el efecto que tiene el agua del suelo al momento de la siembra. “En el norte del país, si el trigo parte de suelos con poca reserva de agua, tiene altísimas chances de experimentar estreses severos y duraderos a lo largo del cultivo. En cambio, si parte de un suelo con buenas reservas, puede ‘pilotear’ mejor la falta de lluvias. La reserva de agua es clave en la zona norte. En el sur no tanto, ya que es más frecuente que las lluvias acompañen”.</p>
<p>“Algunos suelos del sur de la provincia de Buenos Aires tienen tosca cerca de la superficie. Es una capa muy dura que las raíces de los cultivos no pueden atravesar, y por eso retienen menos agua”, sostuvo el docente, y agregó: “Observamos que en esos suelos, el agua disponible cuando se siembra el trigo tiene mucho menos efecto que en la zona norte. Como tienen poca capacidad de almacenar agua, el rinde del cultivo depende fuertemente de las lluvias durante la temporada”.</p>
“Me gustaría compartir mi estudio con productores y profesionales del INTA para que lo puedan relacionar con lo que pasa en sus territorios” (P. Pellegrini)
<p>Pellegrini también resaltó que encontraron una relación entre los patrones de estrés y la frecuencia y el uso de insumos por parte de los productores. “En regiones donde los estreses son más frecuentes y más extremos, la fertilización fue más baja. Los productores tomaron menos riesgo porque están expuestos a climas más hostiles y es mayor la posibilidad de que el cultivo falle”.</p>
<p>El universo simulado</p>
<p>Pellegrini contó que para el estudio usaron modelos de simulación, herramientas que describen el comportamiento del cultivo a través de ecuaciones. “Simulamos cultivos de trigo en todo el país y en diferentes situaciones ambientales durante los últimos 30 años. Fue un estudio muy ambicioso que abarcó un espacio muy grande y un largo intervalo de tiempo. Equivaldría a haber hecho experimentos durante todos esos años y haberlos monitoreado a diario”.</p>
<p>El estudio de Pedro dispara nuevas hipótesis. “Quizás podemos trabajar a campo, evaluar los patrones que encontramos y probar diferentes manejos. Por ejemplo, acumular agua durante el barbecho para ver cuánto efecto tiene en el desempeño del cultivo. También podemos pensar en mejorar la genética del cereal teniendo en cuenta las características de cada zona. Para el norte, trigos que toleren los estreses largos y tempranos en el ciclo del trigo. Lo lindo de investigar es que el final de un estudio es el punto de partida de otro”.</p>
<p>Para finalizar, el investigador remarcó el gran potencial que tienen los modelos de simulación. “Muchas empresas los usan para tomar decisiones. Si bien cada productor conoce mejor que nadie su campo y su clima, es útil tener una herramienta que permita simular el desempeño de los cultivos en diferentes fechas de siembra, perfiles de suelo y agua de reserva. Lleva su tiempo aprender a usarlos, pero no son tan complicados”.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9nMnCwyNuzmCUDx0AWfyL-c0vtk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/08/trigo-slt.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio de la FAUBA analizó y agrupó las zonas del país donde se siembra este cereal. La región este-suroeste mostró lluvias suficientes, fertiliza...]]>
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            Sembrar menos para producir más
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<p>(SLT-FAUBA) La contribución del maíz a la economía de la Argentina creció de forma sostenida en los últimos seis años. Mientras que en 2016 aportó al PBI cerca de USD 8.000 millones, en la campaña agrícola 2021-2022 participó con más de USD 20.000 millones. En parte, esto se explica porque desde hace diez años, la producción nacional de maíz se triplicó al expandirse su área cosechada hacia zonas con serias limitaciones ambientales. Con la idea de generar más y mejor conocimiento sobre las prácticas de manejo del maíz en estos ambientes marginales, investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), del CONICET y de otras instituciones, además de técnicos, empresas y productores, crearon la Red de Ultra Baja Densidad de Maíz. Buscan brindarle a productores de distintas zonas alternativas productivas nuevas, sostenibles y rentables para el cultivo.</p>
<p>“¿Qué hace que a un ambiente sea marginal?”, se preguntó Gustavo Maddonni, docente de Cerealicultura en la FAUBA, y encaró una explicación. “En general, en estos ambientes, las lluvias son escasas —menos de 700 mm al año— y varían mucho de un año a otro. Además, los suelos retienen poca agua o poseen algún impedimento por el que las raíces no llegan a profundizar. Sumado a esto, suelen darse temperaturas muy altas y estresantes para el maíz. Así que los productores buscan prácticas agronómicas para disminuir estos efectos”.</p>
<p>“La fecha de siembra tardía fue posible gracias a la tecnología, y eso ha posicionado al maíz en en las zonas con limitantes ambientales” (G. Maddonni)</p>
<p>Según Maddonni, quien también es investigador del CONICET, una práctica es sembrar en fechas tardías —por ejemplo, en enero— y otra es reducir la cantidad de plantas por unidad de superficie —por ejemplo, hasta 2 plantas por m2— respecto de las mejores zonas productoras, donde se siembran entre 7,5 y 8 plantas por m2. Al combinar ambos manejos, el cultivo florece en un mejor momento y, al haber menos plantas, sus requerimientos de agua y nutrientes pueden ser satisfechos, y así se alcanzan rendimientos rentables y más estables entre años.</p>
<p>“Lo que investiga la red en los ambientes marginales es la combinación entre las densidades de siembra recomendadas y los híbridos de maíz prolíficos, que generan más de una espiga por planta. Esta característica es fundamental para elevar los rendimientos. Hasta ahora tenemos los resultados de las dos primeras campañas —casi 40 experimentos—, y esta campaña sumamos alrededor de 30 experimentos más”, resaltó Gustavo.</p>
<p>Y agregó que “por un lado, pudimos determinar que en los mejores sitios dentro de los ambientes restrictivos —alrededor de 8000 kg/ha—, siempre la estrategia es subir la densidad de siembra y buscar híbridos que produzcan una sola espiga por planta. Por debajo de 8000 kg/ha, los mejores rendimientos se obtienen sembrando híbridos prolíficos en densidades de entre 4 y 6 plantas/m2. Y por debajo de esas densidades, rinden más los híbridos que producen más de dos espigas por planta”. Estos resultados fueron publicados en la revista Agronomía y Ambiente.</p>
<p>La red investiga dónde funciona mejor un híbrido prolífico, dónde uno macollador y dónde el que tiene una sola espiga grande</p>
<p>¿Por qué algunos maíces en bajas densidades producen más espigas por planta? En este sentido, Maddonni comentó que los experimentos permitieron estudiar los diversos mecanismos que, según cada híbrido, están detrás de este comportamiento. “Ahora estamos tratando de interpretar qué variables del ambiente hacen que un híbrido produzca espigas múltiples. También analizaremos esto desde el comportamiento del cultivo en sí, y más adelante trataremos de predecir cómo la variabilidad de las lluvias entre años puede hacer que gane un mecanismo u otro. Eso tenemos previsto dentro de la red”.</p>
¿Qué es la Red de Ultra Baja Densidad de Maíz?
<p>Gustavo Maddonni explicó que la red se creó en 2019 y que se la denominó así porque se basa en ensayos con densidades de siembra muy por debajo de las que se usan en la zona núcleo maicera (este de Córdoba, sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires). “En las zonas marginales de la Argentina se contemplan distintos valores de densidad de siembra, siempre más bajas que las típicas de las mejores zonas productoras. Por ejemplo, mientras que en la zona núcleo las densidades pueden alcanzar las 75.000 u 80.000 plantas por hectárea, en las zonas marginales la densidad puede variar entre 60.000 plantas/ha hasta 10.000 ó 20.000 plantas/ha”.</p>
<p>El investigador de la FAUBA, coordinador de la red, destacó su crecimiento sostenido en todo el país a lo largo de los tres años. “La red es interdisciplinaria, tiene filiación en la FAUBA, donde forma parte de un Grupo de Estudio y Trabajo. Hoy la conforman once universidades, de las cuales tres son extranjeras. Además, también la integran diversas disciplinas, investigadores y estudiantes de grado y posgrado. También contamos con ocho estaciones experimentales del INTA, la Chacra Barrow y la estación experimental Obispo Colombres, además de siete semilleros, grupos de asesores y productores, y tres empresas de agroservicios. Todo esto nos posibilita abarcar numerosos y diversos ambientes”.</p>
<p>Maddonni y su grupo de investigación visitan los experimentos de la Red de Ultra Baja Densidad de Maíz en la Estación Experimental Agropecuaria INTA Cerrillos, provincia de Salta</p>
<p>“Además de investigar el cultivo de maíz, la red también estudia aspectos del sistema de producción. Ahí entra en juego la Universidad con sus investigadores —muchas veces pertenecientes al CONICET—, y estudiantes de grado y posgrado que desarrollan sus estudios dentro de la red. Por su parte, los semilleros son los que proveen los híbridos a toda la red y mantienen al día los materiales genéticos que se usan. Tanto los investigadores como los técnicos e investigadores del INTA también participan de los experimentos para probar densidades, ya sea en los campos experimentales de las universidades o del INTA, o de productores que siembran en estas zonas marginales”, indicó Maddonni.</p>
<p>“La idea es entre todos generar una sinergia, intercambiar conocimientos, codirigir grupos humanos y valernos de la diversidad que genera poder abarcar estos ambientes tan distintos. La red está abierta para todos mientras se cumplan sus objetivos. Nuestra idea es buscar entre todos el mejor paquete tecnológico de maíz para cada ambiente marginal, que sea económicamente rentable y también sostenible en el tiempo”, cerró el docente de la FAUBA. (sobrelatierra.agro.uba.ar)</p>
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                <updated>2025-09-24T12:57:01+00:00</updated>
                <published>2022-07-20T15:50:24+00:00</published>
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        <title>
            Una App para prever los riesgos en la aplicación de fitosanitarios
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VPMNePrpyLC8iQXw42-tv__uz70=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/06/resize_1624988621.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Una vez aplicados, los fitosanitarios pueden moverse y afectar a diversos organismos. Este desarrollo de la FAUBA informa el riesgo ambiental que implica utilizar estos productos
<p>&nbsp;</p>
<p>Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) diseñó un modelo de simulación que permite pronosticar el riesgo que tendría para el ambiente la aplicación de fitosanitarios. La herramienta permite identificar los momentos, tecnologías y productos que generan un mayor riesgo ambiental, y así, con esa información, tomar decisiones agronómicas de menor impacto. La App es gratuita y de libre acceso.</p>
<p>“Los agroquímicos son insumos muy importantes que se usan en la producción agropecuaria. Si bien se aplican para afectar a un ser vivo determinado, es común que también alcancen y tengan efectos nocivos en otros organismos como insectos, aves y personas”, comentó al portal Sobre La Tierra de la FAUBA Rodrigo de Paula, docente de Cerealicultura en la casa de altos estudios.</p>
<p>“En las últimas décadas aumentó tanto el uso de fitosanitarios como la percepción de la población sobre los riesgos de utilizarlos. Un sector de la sociedad los percibe como amenazas a los ecosistemas y a la salud, y otros los perciben como herramientas fundamentales para la producción. Es un problema muy complejo”, afirmó de Paula.</p>
<p>En este marco, el investigador diseñó una aplicación que predice el riesgo ambiental que tendría aplicar pesticidas. Este instrumento tiene en cuenta el producto a aplicar, de qué forma se lo aplicaría, el pronóstico meteorológico y las características del suelo en el lote. “El riesgo se muestra como un valor entre 0 y 1. El 0 representa el riesgo mínimo, y el 1, el máximo”, explicó Rodrigo a partir del estudio que publicó en la revista Science of The Total Environment junto con Diego Ferraro, docente de Cerealicultura en la FAUBA e investigador del Conicet.</p>
<p></p>
<p>La herramienta, llamada Proripest, tiene en cuenta posibles impactos en el agua superficial y subterránea, en el suelo, en el aire, y también expresa el peligro ecotoxicológico para insectos, mamíferos y peces. Como se vincula con pronósticos meteorológicos, es capaz de predecir el riesgo ambiental tres días antes de la aplicación. De esta manera, posibilita saber cómo reducir los riesgos de una aplicación particular.</p>
<p>Montados en el aire</p>
<p>Con referencia a los valores de riesgo en el aire, de Paula señaló que los fitosanitarios salen de los agroecosistemas de diferentes maneras, y pueden viajar grandes distancias. “El producto activo se diluye en un líquido, y esta solución es la que se aplica. La deriva se da cuando las gotas no llegan al organismo objetivo y se van del lote arrastradas por el viento. La volatilización ocurre cuando la molécula del principio activo ‘deja la gota’ y pasa a la atmósfera como gas. Un proceso análogo a la evaporación”.</p>
<p>El modelo de Ferraro y de Paula logró identificar los procesos y variables que maximizan o minimizan los riesgos de deriva y volatilización. “Las variables que más inciden en la deriva son la temperatura, la humedad relativa, la velocidad del viento, el tamaño de gota que se aplica y si se emplearán equipos aéreos o terrestres. En cuanto a la volatilización, los factores más importantes son la volatilidad propia del compuesto químico a usar, la temperatura, la velocidad del viento y la humedad ambiente. También influye todo lo que afecte la interacción entre el producto y el suelo, como la vegetación”, resaltó de Paula.</p>
<p></p>
<p>El valor de riesgo que brinda el modelo permite que los usuarios identifiquen situaciones en las que no conviene aplicar porque la probabilidad de deriva o volatilización puede ser muy alta.</p>
<p>Decidir con miras en el ambiente y las personas</p>
<p>De forma simultánea, Proripest anticipa condiciones que aumentan el riesgo sobre el agua y el suelo, como pueden ser lluvias intensas, suelos con mucha pendiente o de textura arenosa, o tecnologías inadecuadas para aplicar los productos. Así, es posible elegir el momento para aplicar, pensar en cambiar la tecnología de aplicación o, incluso, cambiar el producto por otro que implique menos riesgo. Esta herramienta permite plantear diversos escenarios sin tener que experimentar con pesticidas.</p>
<p>Por su parte, Ferraro remarcó el papel que ocupan los organismos públicos de ciencia y técnica en el debate de los pesticidas. “Las universidades, el Conicet y el INTA son independientes de las empresas que comercializan fitosanitarios y de otros actores agropecuarios. Pueden analizar de manera objetiva la información que generan con modelos y experimentos. Además, forman profesionales capaces de entender cómo funcionan los ecosistemas, un tema complejo y central para el país”.</p>
<p>Además, Ferraro agregó que las innovaciones, como Proriest, se adoptan en mayor medida cuando los actores privados también se involucran en su desarrollo. “La aplicación contó con el apoyo fundamental de Red Surcos, una empresa vinculada al desarrollo y comercialización de fitosanitarios”.</p>
<p>“Nuestra herramienta es útil como insumo para las empresas agropecuarias que quieran incorporar la dimensión ambiental a sus decisiones. También puede ser útil a productores y aplicadores, a investigadores, a docentes y a cualquiera que le interese saber qué pasaría con los fitosanitarios en el ambiente”, agregó de Paula.</p>
<p>Y para finalizar, contó que la herramienta es libre y gratuita, que requiere acceso a internet y que se puede usar tanto desde la computadora como del celular. “Nos llegaron muchas devoluciones y sugerencias para mejorarla. Seguiremos trabajando en ello”.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VPMNePrpyLC8iQXw42-tv__uz70=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/06/resize_1624988621.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Una vez aplicados, los fitosanitarios pueden moverse y afectar a diversos organismos. Este desarrollo de la FAUBA informa el riesgo ambiental que impl...]]>
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                <updated>2025-09-24T12:56:56+00:00</updated>
                <published>2022-06-20T18:04:23+00:00</published>
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        <title>
            La descompactación mecánica del suelo ayuda, pero no cura
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/P-ax5sxJq0OZwYVfOQ_HhHR4KKI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/03/descompactacion-destacada-collage.png" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio de la FAUBA realizado en la Pampa Ondulada encontró que esta técnica aumenta el rendimiento del maíz al favorecer una mayor disponibilidad de agua y nutrientes. Sin embargo, se la debe usar eventualmente y no reemplaza el buen manejo del recurso. El trabajo fue publicado en la revista científica Agronomía y Ambiente
<p>&nbsp;</p>
<p>La siembra directa tiene grandes ventajas, entre otras permite reducir los costos de producción y las emisiones de carbono desde la capa superficial del suelo. Pero, de no implementarse técnicas de manejo apropiadas, puede producir la compactación del suelo. Este fenómeno, que afecta de manera negativa a los cultivos, se puede remediar aplicando técnicas de descompactación mecánica usando maquinaria agrícola.</p>
<p>Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) publicado en la revista científica Agronomía y Ambiente evaluó los efectos de la descompactación del suelo sobre cultivos de maíz en siembra directa, y encontró que las condiciones físicas del suelo, como su porosidad -es decir, la cantidad y el tamaño de sus poros- mejoraron y se tradujeron en un aumento del rendimiento. No obstante, según aclaró Carina Alvarez, docente de la cátedra de Fertilidad y Fertilizantes de la FAUBA y coautora del estudio, “el primer mensaje es que la descompactación es una medida de remediación que no reemplaza las buenas prácticas de cuidado y manejo del suelo”.</p>
<p>Más espacio para las raíces, por favor</p>
<p>“La compactación ocurre cuando las maquinarias o los animales transitan continuamente el suelo. Eso ejerce una presión frente a la que muchas veces termina cediendo, formándose capas endurecidas”, comentó Carina al sitio Sobre La Tierra, órgano de difusión de la FAUBA. Este fenómeno, añadió, afecta los cultivos de diversas formas: “En suelos compactados, las raíces no tienen las condiciones que necesitan para su buen desarrollo, o sea para crecer cómodamente y acceder al agua, nutrientes y oxígeno”.</p>
<p>Por esto, la docente resaltó que es clave cuidar la calidad física del suelo en siembra directa. “Como prescindimos de la labranza, es muy importante prevenir la compactación o tratar de remediarla con procesos biológicos o procesos que combinan ciclos de humedecimiento y secado, o sea, con manejo, para mantener esa buena cama para la siembra”.</p>
Instalación de los ensayos de descompactación mecánica. Se pueden apreciar franjas descompactadas (más oscuras) y franjas no descompactadas
<p>Pero cuando el suelo se compacta, se deben aplicar medidas de remediación para devolverle su porosidad. Este es el momento en que se puede aplicar la descompactación mecánica. El estudio encontró que la técnica resulta beneficiosa para recuperar la calidad física del suelo.</p>
<p>“La idea de hacer el experimento con descompactación surgió a partir de un grupo de productores que querían conocer los beneficios de la práctica”, comentó Carina. Entonces, cultivaron maíz en lotes en donde combinaron tres parcelas con suelo sin descompactar y tres con suelo descompactado. “Uno de los principales resultados que observamos es que el rendimiento del maíz aumentó entre el 6 y el 7%. Esto fue consecuencia de un aumento en la abundancia de raíces en los primeros 10 centímetros del suelo y mayor infiltración del agua de lluvia, lo que generó una mayor disponibilidad de agua y nutrientes para la planta”.</p>
<p>Carina Alvarez comentó que la elección de trabajar con maíz se debió a las particularidades de este cultivo que lo hacían más susceptible a responder a los cambios físicos del suelo. “Teníamos el antecedente de estudios en los que el maíz era el cultivo más sensible a la compactación. Esto tiene que ver con que el maíz tiene necesidades hídricas concentradas en el tiempo, alrededor de la floración. En ese momento es cuando se define el número de granos que tendrá la planta, y si le falta agua, el rendimiento baja”.</p>
<p>La docente señaló que este estudio complementa a muchos otros realizados en otros cultivos y que permiten dar un panorama completo sobre los efectos de la descompactación. “Con el tiempo se fueron haciendo otros trabajos de descompactación. Además del maíz, otros grupos de trabajo hicieron estudios sobre la soja y eso nos permitió hacer una revisión mucho más sólida que publicamos en la revista Soil and Tillage Research”.</p>
<p>Estos estudios, según Carina, aportaron mucha información sobre el fenómeno de la compactación y su impacto en la soja. “Al diseñar el experimento, usamos maíz porque pensábamos que la soja no iba a responder tanto a la descompactación, pero nos sorprendió. Otros estudios mostraron que en suelos arcillosos que estaban compactados, la soja respondía muy bien cuando los rendimientos eran bajos. Es decir que cuando la soja estaba rindiendo poco, la descompactación del suelo mejoraba de manera importante el rendimiento”.</p>
<p>Mejor prevenir…</p>
<p>“Muchas veces, luego de descompactar, volvíamos al mismo lugar y encontrábamos que el suelo estaba nuevamente compactado. Esto significa que el efecto de la práctica duraba poco. Por esto, otro mensaje importante es que un suelo descompactado es más susceptible de volver a compactarse”. Carina Álvarez explicó que cuando se afloja el suelo mecánicamente, los poros que se forman están llenos de aire o agua y no tienen raíces que los sostengan, por lo que es muy fácil destruirlos. “Si caminamos sobre ese suelo o una máquina pasa por encima, la estructura que se había generado se desarma, es inestable”.</p>
<p>En este sentido, resaltó que “solo tiene sentido descompactar mecánicamente si después vamos a hacer bien las cosas. Yo hablo siempre de una lista de buenas acciones para evitar la compactación del suelo. Si se descompactó, lo que sigue es asegurar que siempre tenga raíces sumando cultivos de cobertura, respetar su capacidad portante -es decir, de soportar las cargas que se le aplican-, regular en tránsito en el lote y usar neumáticos anchos con mayor superficie de apoyo e inflados a la presión que indica el manual para evitar la presión excesiva. También hay que hacer rotación de cultivos, esto es, alternar plantas de diferentes familias en los ciclos de cultivo en un mismo lugar”.</p>
Medición de infiltración (ingreso de agua al suelo)
<p>Carina también apuntó al monocultivo como una práctica que incide de manera negativa en la calidad del suelo y que está muy extendida en la Argentina. “Nuestro país maneja gran parte de su superficie en siembra directa, que es una práctica favorable. No obstante, tiene que estar en un contexto de diversificación de cultivos, lo cual muchas veces no ocurre. No se trata solo de hacer siembra directa, sino también de hacer muy buena rotación y la Argentina, por razones económicas y de tenencia de tierras, muchas veces se apega al monocultivo de soja o al cultivo de mayor rentabilidad. Deberíamos hacer más cultivos de cobertura para tener raíces y combinar sistemas de raíces de diferentes especies en nuestros sistemas de producción. Tenemos muchos desafíos”.</p>
<p>La docente recalcó que es necesario prestarle atención al recurso suelo. “La Argentina tiene que mirar la física del suelo con más atención. Hay que hacer muchas cosas para atender a la biología del suelo y con frecuencia los y las productoras enfrentan costos adicionales o cambios de reglas de juego, y terminan decidiendo con mirada de corto plazo. Y cuando se aplica la descompactación mecánica es porque no se dio tiempo a las regeneraciones naturales y biológicas para sostener las presiones que se aplican. Por eso, a veces tienen que recurrir a la descompactación mecánica, pero deben tomarla como algo eventual, no como rutina, porque si no, estarían cambiando el sistema de labranza”.</p>
<p>Por eso, Carina Alvarez insiste con la lista de buenas prácticas para el cuidado del suelo. “Si por cuestiones coyunturales no se puede aplicar alguna buena práctica, apenas sea posible hay que emplear otra que ayude a recomponer el sistema. Y cuantas más buenas prácticas se apliquen, mejor será la calidad del suelo. Es mejor prevenir que descompactar. Que el remedio sea la última opción”.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/P-ax5sxJq0OZwYVfOQ_HhHR4KKI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/03/descompactacion-destacada-collage.png" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio de la FAUBA realizado en la Pampa Ondulada encontró que esta técnica aumenta el rendimiento del maíz al favorecer una mayor disponibilidad...]]>
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                <updated>2025-09-24T12:56:45+00:00</updated>
                <published>2022-03-31T00:35:16+00:00</published>
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            Del campo a la góndola: la compleja red de abastecimiento de aceites comestibles
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mhZF1VzwUW_CBVew7vJPNHDLZLA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/03/mejores-marcas-de-aceites-para-cocinar-2019.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio de la FAUBA analizó la logística y la comercialización de estos productos en el AMBA como paso necesario para comprender los vínculos entre los múltiples operadores comerciales que llevan el aceite desde las plantas productoras hasta las góndolas
<p>&nbsp;</p>
<p>Una tesis de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) caracterizó la cadena de producción y comercialización de los aceites vegetales comestibles de maíz, girasol y soja con el objetivo de aportar información sobre el sector y, sobre todo, de analizar la dinámica de su distribución en el Area Metropolitana de Buenos Aires –AMBA-.</p>
<p>“La logística detrás de los aceites vegetales comestibles está poco estudiada y ese fue uno de nuestros incentivos para abordar el tema”, comentó Alejandro Jantus, autor de la tesis de grado con la que se graduó como licenciado en Economía y Administración Agrarias (LEEA). Por su parte, Joaquín Pérez Martín, docente de la cátedra de Sistemas Agroalimentarios de la FAUBA y tutor de tesis de Jantus junto con Juan Ignacio Pina y Fernando Medán como codirectores, sostuvo que la decisión de estudiar la comercialización del aceite también se debió a que es un producto de primera necesidad con un bajo valor agregado y escasa diversificación. Esto facilita el análisis de las dinámicas y las variables que intervienen en la configuración y el funcionamiento del mercado interno independientemente de la producción.</p>
<p>La logística y la formación de precios del aceite</p>
<p>“La formación de precios tiene una serie de variables sectoriales y territoriales que inciden en cómo se constituye el mercado y la forma en que se pelea por los precios tiene una variabilidad prácticamente a escala barrial”, comentó Pérez Martín. El docente señaló algunos de los principales elementos que influyen en la formación de los precios, como la concentración de la producción y la comercialización, la distribución y el transporte del producto, la atomización de la red comercial y la tendencia inflacionaria.</p>
<p>“La adopción de la soja transgénica y el incremento de la escala que produjo determinaron en gran medida la concentración de la producción agrícola. Esta concentración se refleja en la industria del aceite, que tiene una gran escala de operación, es muy eficiente y está orientada al mercado externo”, comentó Pérez Martín.</p>
<p>En este sentido, el trabajo de Jantus identificó 33 empresas aceiteras que poseen 46 plantas procesadoras. A su vez, las diez principales empresas poseen el 84,8% de la capacidad instalada de molienda. Los principales actores de esta industria son Cargill, Dreyfus, Bunge, Aceitera General Deheza, Molinos Río de la Plata, Glencore y Vicentín (que al momento de la realización del estudio no presentaba las complicaciones financieras actuales).</p>
<p>En términos de distribución de aceites para consumo doméstico, el panorama se complejiza. El estudio se centró en describir el transporte involucrado en la distribución de aceites comestibles en el AMBA, uno de los factores de mayor relevancia en el abastecimiento. “Las enormes dimensiones del AMBA hacen que el abastecimiento sea muy costoso. La escala para la operación logística, entrar a la ciudad, con todos los problemas de tránsito, ir dejando pallets de aceite en los distintos y numerosos supermercados hace que sea muy difícil y costoso, principalmente por el tiempo que esto demanda. La operación logística en el AMBA tiene una muy baja productividad, y esta dinámica excluye a las PYMES, que difícilmente pueden afrontar esos costos”, puntualizó Pérez Martín.</p>
<p>Jantus y Pérez Martín analizaron los sistemas de distribución de aceite en el AMBA, desde su producción hasta que llegan a las góndolas de los supermercados</p>
<p>El docente añadió que “otro elemento importante es la conformación de la red comercial minorista, incluyendo a los supermercados, que concentran casi la mitad de la venta de alimentos en hogares y que tienen prácticas distorsivas en su trato con los clientes y los proveedores. Además, por fuera hay una red comercial muy atomizada, con miles de almacenes y de pequeños supermercados”.</p>
<p>Asimismo, Jantus indicó que los transportistas suman sus expectativas inflacionarias a la tarifa que negocian con los industriales, y eso se traslada al precio final. Pero no solo los transportistas: en esta misma línea, Pérez Martín comentó que los diversos eslabones de la cadena productiva proceden del mismo modo: “En muchos casos los productos pasan por dos o tres operadores logísticos comerciales y cada uno le suma sus costos y su inflación estimada”.</p>
<p>Por esto, el docente consideró que es fundamental medir todos estos factores para comprender el mercado interno de un producto que integra la canasta básica y por lo tanto es de gran importancia en la Argentina.</p>
<p>Un mercado complejo</p>
<p>La soja constituye el 93% de la producción total de oleaginosas en el país. El 75% de la soja producida se industrializa, de lo cual el 17% se usa para extraer aceite crudo que se exporta principalmente a Perú, la India y Bangladesh. La Argentina es uno de los mayores exportadores de aceite en el mundo y gran parte de estas exportaciones se destinan a la producción de biodiesel o refinamiento en destino, según el estudio de Jantus.</p>
<p>El flamante egresado señaló a Sobre La Tierra que investigaciones como estas contribuyen a conocer y comprender un tema que requiere de políticas públicas que aborden la problemática. “Disponer de más información sobre este tema permitirá tomar decisiones más efectivas. Por eso es clave analizar el mercado interno de los aceites comestibles, desde la obtención del aceite hasta su llegada a los mercados y a los grandes abastecedores, incluyendo el abastecimiento y la logística”.</p>
<p>La cátedra de Sistemas Agroalimentarios de la FAUBA trabaja principalmente en temas vinculados a la planificación y el análisis sectorial en dimensiones económicas, ambientales y sociales. En este sentido, Pérez Martín señaló que el rol de la Universidad es fundamental para recuperar la mirada sobre el mercado interno, que quedó relegada ante la predominancia del sector exportador en la Argentina. “Además, la estructura de conformación de precios del AMBA incide en los precios de todas las provincias: las ineficiencias, la falta de competencia y una marea de factores se traslada al resto del país”, cerró.</p>
<p>SLT-FAUBA</p>
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                <published>2022-03-18T07:29:22+00:00</published>
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            Mejorar las prácticas agropecuarias para mitigar el cambio climático
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lj4NsnKNtzzzGNudGw2mVZQuM8I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2021/12/Destacada-OKOK.png" class="type:primaryImage" /></figure>La Argentina podría reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero ajustando los manejos productivos. Miguel Taboada, docente de la FAUBA, resaltó cuán relevante es la manera en que se produce para atenuar los efectos del calentamiento global
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<p>El calentamiento global es una de las problemáticas ambientales más apremiantes. En 2019, el informe especial Calentamiento Global a 1.5 °C del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático —IPCC— alertó que la temperatura media del planeta subió 1 °C respecto de los niveles preindustriales, y que de aumentar 0,5 °C más, se producirán cambios irreversibles en el clima. Por esto, el Acuerdo de París en 2015 estipula que los países deben cumplir el compromiso de reducir los gases de efecto invernadero y de tomar medidas para adaptarse a estos cambios. Miguel Taboada, docente de la cátedra de Edafología de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), profundizó sobre el lugar de la Argentina como generadora de emisiones, en la participación del sector agropecuario, en las medidas que se pueden implementar para mitigar emisiones y en el rol de la Universidad.</p>
<p>¿Cuántos GEI emitimos en la Argentina?</p>
<p>Para Taboada, coautor del informe especial de Cambio Climático y Tierra del IPCC, el cambio climático no afectó tan negativamente a la Argentina como a otros países del cono sur. “Vemos a países vecinos, como Chile o Perú, en donde la cuenca del Pacífico sufre una sequía importante y un retraimiento de glaciares, de los cuales viene el agua de riego. Acá observamos un aumento de las temperaturas medias causado principalmente por el aumento de las temperaturas mínimas diarias, que se refleja en noches más cálidas. Y esto afecta a cultivos como el trigo, que requieren noches más frescas”.</p>
<p>Aunque la Argentina es un contribuyente minoritario de emisiones a nivel global, dijo Taboada, “si consideramos que tenemos el octavo territorio más grande del mundo y que somos 45 millones de personas, emitimos mucho por habitante; estamos entre los 35 países que más emiten per cápita, de un total de 196 países. Esto nos pone en el foco de la vigilancia”.</p>
Miguel Taboada, docente de la FAUBA y autor del informe especial del IPCC sobre cambio climático y tierra. Foto: INTA
<p>La deforestación es otra de las razones por las que nuestro país es auditado a nivel internacional, comentó Miguel. “El cambio de uso del suelo tuvo un pico entre 2007 y 2010, y eso generó grandes emisiones. Con la Ley de Bosques, la deforestación se frenó en las zonas categorizadas para su preservación. Pero, además, hoy en día hay un rechazo muy fuerte de la sociedad contra la deforestación, con lo cual algunas empresas evitan hacerlo por cuestiones de imagen”.</p>
<p>La principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero en nuestro país, como en todo el mundo, es la quema de combustibles fósiles. En segundo lugar se encuentra el sector agropecuario, dentro del cual, con la disminución de la deforestación, la ganadería ocupa un lugar preponderante. “Por esto, un sector muy vigilado es la producción de carne. El estudio de cambio climático y tierra del que participé alienta a que se reemplace el consumo de carnes rojas —que tienen huellas hídricas y de carbono elevadas— por otros productos como legumbres y hortalizas. Es decir, que vayamos hacia dietas más equilibradas de tipo mediterráneo”, indicó Taboada.</p>
<p>Los caminos hacia una producción sostenible</p>
<p>Como todos los países firmantes del Acuerdo de París, la Argentina se comprometió a reducir sus emisiones. A criterio de Taboada, tenemos posibilidades de cumplirlos. “Lo primero que debemos hacer, como cualquier país del mundo, es trabajar sobre nuestras fuentes de generación de energía eléctrica. En la COP26 de Glasgow se decidió que los países se debían comprometer a no usar más carbón para energía eléctrica. Eso en la Argentina no sucede”.</p>
<p>El docente destacó que la Argentina tiene ventajas que debe aprovechar para realizar una transición hacia energías renovables. “Si bien buena parte de la energía eléctrica en nuestro país viene de la quema del fuel-oil, que es un combustible fósil, la otra fuente de energía es renovable, la hidroeléctrica, que viene del sistema de la red nacional que ensambla lo que es Yacyretá, Salto Grande y Chocón. El principal camino a seguir es reemplazar la quema de combustibles fósiles para generar energía eléctrica: menos fuel-oil, más energías eólica, solar e hidroeléctrica”.</p>
“El principal camino a seguir es reemplazar la quema de combustibles fósiles para generar energía eléctrica: menos fuel-oil, más energías eólica, solar e hidroeléctrica” (M. Taboada)
<p>Uno de los principales hallazgos del informe especial sobre cambio climático y tierra es que se puede avanzar mucho en la reducción de emisiones del sector agropecuario con la sola mejora de las prácticas de producción. Esto se refleja en el capítulo 6, del cual el docente es coautor. “Estudiamos las interacciones entre las medidas posibles de mitigación y las de adaptación, para mantener la seguridad alimentaria, prevenir la degradación y la desertificación. A partir de la revisión de la literatura científica, cuantificamos el potencial del manejo de las tierras para mitigar el cambio climático. Y la buena noticia es que identificamos muchas prácticas fáciles de hacer para mejorar el manejo de los suelos. Es lo que se llaman estrategias ganar-ganar”.</p>
<p>Por esto, el docente explicó que “la Argentina tiene un enorme camino por recorrer con cosas muy baratas, como hacer un manejo adecuado del suelo o evitar el sobrepastoreo. No se trata de tecnologías caras, es simplemente aplicar un buen manejo y tecnologías de costo accesible. Por ejemplo, podemos mejorar el manejo de los rodeos de ganado para que haya una fuerte compensación de emisiones con el carbono que va a los suelos. Y también tenemos un potencial de mejora importante en el uso de las leguminosas. Se podrían reemplazar las fuentes minerales de nitrógeno con leguminosas, como la vicia, que fijan nitrógeno atmosférico”.</p>
<p>“El otro camino, no cabe ninguna duda, es mejorar los almacenes de carbono naturales. Por un lado, los que están sobre el suelo, los bosques. Nuestro país no sólo debe evitar la deforestación, sino también promover la regeneración de los bosques, que son grandes reservorios de carbono que se almacena en madera. Y, por otro lado, los suelos, que perdieron la mitad o más del carbono durante el siglo XX a causa de la labranza y los métodos no sostenibles de producción”, sostuvo Taboada.</p>
Una de los principales hallazgos del informe especial sobre cambio climático y tierra es que mejorar el manejo del suelo podría reducir significativamente las emisiones, evitar la aridez y la desertificación
<p>Y agregó: “Si bien es difícil recuperar todo ese carbono, ya que no son caminos exactos de ida y vuelta, sí se puede ganar carbono con un manejo adecuado, como hacer una agricultura más diversificada, ir hacia rotaciones que tengan cultivos todo el año, con plantas que estén fijando carbono que vaya al suelo de forma definitiva, o con plantaciones perennes. Ahí hay un camino muy grande a recorrer y la Argentina puede hacerlo”.</p>
<p>La educación para el presente y el futuro</p>
<p>Miguel Taboada hizo hincapié en que la Universidad tiene un rol importante como formadora de futuros profesionales que deberán desenvolverse en un contexto de cambio climático. “Además del rol esencial, que es enseñar en todas las materias que tiene una carrera dada, la Universidad tiene que generar una visión de futuro en sus egresados, un chico o una chica de 18 o 20 años, que el mundo que le va a tocar trabajar en los próximos 25 años va a estar afectado por el calentamiento global y las demandas van a ir en ese sentido. La demanda de reducir emisiones va a estar presente en su entorno de trabajo y deben tener una formación muy robusta en eso”.</p>
<p>“Por esto, un ingeniero o ingeniera agrónoma no puede evadirse de este problema, así como un licenciado en ciencias ambientales que trabaja en el sector del agro no se puede evadir de las demandas de la producción. En el caso de la agronomía, hay una responsabilidad en no enfocarse únicamente en aumentar el rendimiento de la producción, sino en la forma en la que estamos produciendo. Eso no sólo significa emitir menos. Hay otras demandas, como disminuir drásticamente el uso de agroquímicos, usarlos en forma responsable y, eventualmente, avanzar hacia producciones libres de agroquímicos. Esa es una demanda de la sociedad y hay que prestarle atención. Entonces, el mensaje fuerte es que la forma en que producimos importa y mucho”, concluyó.</p>
<p>*SLT-FAUBA</p>
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                <updated>2025-09-24T12:56:31+00:00</updated>
                <published>2021-12-21T00:32:40+00:00</published>
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            Los suelos afectados por sales tienen su primer mapa
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                <![CDATA[Juan Berretta]]>
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<p>Los suelos afectados por sales (SAS) son salinos y sódicos, se encuentran en todos los continentes y bajo casi todas las condiciones climáticas, pero su distribución es relativamente más extensa en las regiones áridas y semiáridas, en comparación con las regiones húmedas. Ambos son procesos importantes de degradación del suelo que amenazan el ecosistema y se reconocen como uno de los problemas más importantes a escala mundial para la producción agrícola, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad en las regiones áridas y semiáridas.</p>
<p>Existen extensas áreas de suelos afectados por sales en todos los continentes, pero su extensión y distribución aún no había sido estudiada en detalle. Por esto, la Alianza Mundial por el Suelo (GSP) de la FAO inició un proyecto para estimar el área de suelos afectados por sales a escala global, en el que se utiliza un enfoque de abajo hacia arriba, donde cada país miembro contribuye con sus mapas.</p>
<p>En ese contexto, cada país produjo sus mapas siguiendo las especificaciones técnicas sugeridas. En el caso de la Argentina, el INTA junto con la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), elaboró el Mapa Nacional de Suelos Salinos como contribución al mapa global.</p>
<p>“El Mapeo Digital de Suelos (DSM) es una disciplina relativamente reciente de la Ciencia del Suelo que promueve FAO para la elaboración de mapas globales de variables de suelos”, indicó Darío Rodríguez, investigador del Instituto de Suelos del INTA.</p>
<p>La Argentina es un país extenso que tiene una gran superficie con SAS, distribuidos en ambientes muy diferentes. “El origen de estos suelos es en parte natural y también en parte inducido por diferentes actividades, como la producción agrícola y ganadera, el riego, el manejo forestal, etc.”, indicó Rodríguez y agregó: “Los SAS se encuentran preferentemente en ambientes áridos y semiáridos, ubicados hacia el oeste del territorio. En las zonas de secano existen suelos salinos que muestran con frecuencia eflorescencias salinas y costras y suelos con horizontes B nátricos”.</p>
<p>En las zonas dedicadas a la agricultura intensiva de regadío completo (viñedos, frutas, hortalizas), la salinización secundaria afecta en diferente grado, alrededor del 25 % de la superficie total. La mayor parte de la salinización del suelo es causada por el ascenso capilar de sales desde el agua subterránea.</p>
<p>El mapa indica que de 0-30 centímetros de profundidad hay 770.403 kilómetros cuadrados de suelos salinos, sódicos o salinos-sódicos, lo que representa el 27,6 % de la superficie del país, y de 30-100 centímetros de profundidad hay 1.066.389 kilómetros cuadrados, lo que representa el 38,2 %.</p>
Mapa con la distribución de los perfiles de suelos en la Argentina
<p>Por otro lado, existen millones de hectáreas de suelos naturales en ambientes húmedos, subhúmedos y semiáridos, la mayoría de ellos con horizontes B nátricos de diferente espesor y también con reacción alcalina en todo el perfil. Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos señaló que se ubican en el sector oriental del país y tres grandes áreas concentran esos suelos: la “Pampa Inundable” en la provincia de Buenos Aires, la “Pampa Interior” ubicada principalmente en las provincias de Buenos Aires y Córdoba y los “Bajos Submeridionales” en el sur del Chaco y Centro-Norte de Santa Fe.</p>
<p>Además, existen suelos agrícolas que sufrieron recientes procesos de salinización/alcalinización debido a alteraciones en el régimen hídrico. “Un proceso atribuido a acciones antrópicas de aumento de las precipitaciones que se ha producido a nivel local en los últimos 30 años elevó el nivel del agua subterránea y contribuye al problema en las áreas de descarga”, comentó Taboada.</p>
<p>¿Cómo se realizó?</p>
<p>El Mapa Global de Suelos Afectados por la Sal (GSASmap) es un producto que contiene contribuciones de más de 118 países con 257. 419 ubicaciones que contienen datos de suelos medidos. Más de 350 expertos nacionales participaron en la armonización de sus datos de entrada y métodos para el mapeo de suelos afectados por sal (SAS) y fueron capacitados en los métodos más avanzados para el mapeo digital de suelos.</p>
<p>En la Argentina, los datos del suelo consistieron en muestras de 4645 ubicaciones. La mayoría de los datos se encuentran almacenados en el Sistema de Información de Suelos de INTA (SISINTA) como datos de libre acceso, y 637 ubicaciones muestreadas fueron aportadas por el proyecto MARAS, el proyecto de datos abiertos de Córdoba y otros contribuyentes.</p>
<p>Los perfiles de suelo se analizaron hasta 100 centímetros de profundidad (o hasta una capa restrictiva, como capa freática o roca). El período de recopilación de datos es entre 1958 y 2019, pero predominantemente durante los años sesenta y setenta. Las propiedades del suelo analizadas fueron: profundidad de capa (cm), pH del agua 1: 2.5, conductividad eléctrica en muestras saturadas (dS m-1), capacidad de intercambio catiónico (cmolc kg-1, acetato de amonio 1N a pH 7), catión sodio (cmolc kg-1) y porcentaje de sodio intercambiable.</p>
<p>“Las covariables ambientales se seleccionaron de acuerdo con el conocimiento de los expertos con respecto a su relevancia para mostrar la distribución espacial de los suelos afectados por la sal”, explicó el especialista.</p>
<p>La topografía también es un gran impulsor de la acumulación de sal, y la Argentina tiene vastas llanuras con pendiente muy baja donde el ciclo del agua está dado principalmente por evaporación y evapotranspiración. Se incluyó el clima que también es un gran impulsor de la salinización del suelo, a través del atlas climático argentino que tiene datos de temperatura media anual, precipitación, evapotranspiración e índice de aridez. Finalmente, también se incluyeron mapas de arcilla, limo y arena como covariables.</p>
<p>Estado de los suelos afectados por las sales</p>
<p>“El mapa SAS de Argentina muestra que los problemas de salinidad están muy extendidos a lo largo del país”, aseguró Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos. “En áreas con riego completo ubicadas en zonas áridas, a nivel regional o local, los problemas de salinidad se manejan (o debieran manejarse) a través de la extensión de la red de drenaje”, subrayó. Y agregó que “a nivel de finca, para reducir o evitar la salinidad, se mejora la eficiencia en la gestión del agua de riego, cambiando o mejorando los sistemas de riego por tecnologías más modernas y eficientes. En menor medida se utilizan enmiendas como el yeso”.</p>
<p>En las regiones húmedas son frecuentes los anegamientos e inundaciones y, a nivel regional, los excesos de agua superficial se canalizan hacia lagunas o arroyos. El drenaje es muy inusual porque existen limitaciones técnicas causadas por la falta de pendiente suficiente para mover el agua subterránea por gravedad, y también restricciones económicas.</p>
Mapas con los tipos de suelos afectados por salinidad
<p>En línea con Taboada, “las tecnologías para enfrentar los procesos de salinización a nivel de finca o campo son diversas, diferenciándose en sus objetivos, grado de complejidad, efectividad y persistencia”. En ese sentido, “la mayoría de las tecnologías solo aumentan la producción ganadera aumentando la productividad de la biomasa de los pastos: incluyen siembra de pastos, manejo de pastoreo, revegetación de suelos, etc. En esos casos se establece un nuevo equilibrio hídrico y salino inestable, con el suelo más productivo, pero que debe mantenerse pues las propiedades intrínsecas del suelo no se modifican marcadamente”.</p>
<p>Impactos en las funciones del suelo</p>
<p>Los suelos afectados por sales tienen graves impactos sobre sus funciones, lo cual conduce a una serie de consecuencias, que incluyen disminuciones significativas en la productividad agrícola, la calidad del agua, la biodiversidad del suelo y pérdidas por erosión.</p>
<p>Además, tienen su capacidad disminuida para actuar como amortiguador y filtrar contra los contaminantes. “La degradación de la estructura del suelo y las funciones de los sistemas ecológicos globales, como los ciclos hidrológicos, de nutrientes y biogeoquímico, perjudican la provisión de servicios de los ecosistemas, que son fundamentales para sustentar la vida humana y la biodiversidad”, indicó Taboada.</p>
<p>Asimismo, afirmó que “los suelos afectados por sales reducen tanto la capacidad de los cultivos para absorber agua, como la disponibilidad de micronutrientes y concentran iones que son tóxicos para las plantas y pueden degradar la estructura del suelo”.</p>
<p>Por parte del INTA, participaron en la elaboración del mapa Darío Rodríguez, Guillermo Schulz, Leonardo Tenti y Marcos Angelini del Instituto de Suelos, Raúl Lavado de la FAUBA y Guillermo Olmedo de Bioforest SA, Chile.</p>
<p>“El mapa es una fotografía de precisión, que refleja principalmente la salinización natural de los suelos”, aseguró Lavado. En ese sentido, expresó que “existe la salinización causada en la agricultura bajo riego y otras actividades productivas en secano”. De acuerdo con Lavado, “esta forma de salinización se focaliza en particular en las áreas productivas y allí causa el mayor daño a la producción de alimentos y afecta básicamente a las poblaciones más vulnerables”.</p>
Los suelos afectados por sales tienen graves impactos sobre sus funciones
<p>Siguiendo al profesor de la FAUBA, “la velocidad que desarrollo de este problema excede usualmente la velocidad con que se efectúan los reconocimientos”. Por ello, “debe ser un tema de continuo alerta. El mapa es el mejor punto de partida para continuar enfrentando el problema”, puntualizó.</p>
<p>La FAO, a través de estas iniciativas, busca sensibilizar sobre el problema de los suelos afectados por sales y su impacto en la agricultura y el medio ambiente, promover la innovación tecnológica para gestionar y remediar estos suelos, y lograr un mejor conocimiento sobre el estado de conservación y funcionalidad a nivel mundial. De esta forma se busca cómo gestionar mejor la degradación del suelo en su conjunto.</p>
<p>Además, se busca desarrollar políticas e implementar acciones en el campo, basadas en evidencia científica, para incorporar la gestión sostenible del suelo. Restaurar suelos degradados en áreas muy afectadas por sales y promover la gestión sostenible de los suelos afectados por sales.</p>
<p>*La foto de portada fue finalista en el concurso fotográfico Global Symposium on Salt-affected Soils. Fue tomada por Guillermo Schulz</p>
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                <updated>2025-09-24T12:56:29+00:00</updated>
                <published>2021-12-01T18:25:17+00:00</published>
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