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    <title>La Voz del Pueblo</title>
    <subtitle>Informate con las noticias de Argentina y el mundo.</subtitle>
    <updated>2026-02-25T15:50:07+00:00</updated>
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            ¿Nazis en Necochea?: los curiosos ojos de un niño que fue testigo directo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7HU9FTzd_VCV2HiHm1ch8kx7kxg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/helmuth_petersen.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Alejandro Vis</p><p>&nbsp;</p><p>La estancia Moromar está ubicada a poco más de 40 kilómetros de Necochea, con acceso por la ruta 88, y es propiedad de Safico S.A. (Sociedad Anónima, Financiera y Comercial). La mencionada empresa, de la familia Weil, adquirió el establecimiento en 1932, por entonces contaba con aproximadamente 10.000 hectáreas, con salida a la costa.</p><p>Allí residió Helmuth Eduardo Petersen desde 1938 -cuando tenía dos años de vida- hasta que terminó los estudios primarios en la Escuela 159, que se encontraba dentro de la estancia. Heredó el primer nombre de su padre, un inmigrante danés que era jefe de la parte mecánica en Moromar.</p><p>Helmuth Eduardo nació en Necochea, al igual que sus dos hermanos ya fallecidos: Nelly Clara, la mayor, y Jorge, el menor. Su madre Clara Jorgensen Nielsen, era hija de un papá danés y de una mamá “muy criolla”.</p><p>La familia se fue a vivir a Moromar, al campo, con tres hijos chicos. En forma previa, el padre había trabajado en la concesionaria Ford de Bosisio, en Necochea.</p><p>En la estancia se produjo, en el invierno de 1945, el aterrizaje de un avión militar de Estados Unidos y de manera simultánea, durante varios días estuvo vedado el acceso a la playa, lo que se sospecha pudo obedecer al desembarco de tripulantes de un submarino alemán. Helmuth hijo, en ese tiempo un niño de ocho años, fue testigo directo y por tal motivo, lo entrevistó en forma reciente el periodista e investigador Abel Basti.</p><p>Teniendo en cuenta la documentación, testimonios obtenidos y el hallazgo en 2022 de un submarino hundido unos cuatro kilómetros mar adentro de Costa Bonita, cerca de Quequén, Basti considera que hubo varios desembarcos de submarinos con nazis en territorio argentino (Ver entrevista a Abel Basti).</p><p>A partir de este diálogo, La Voz del Pueblo estableció un contacto con el citado vecino de Tres Arroyos para reconstruir lo que recuerda de un hecho de gran valor histórico.</p><p>Conservó, en perfecto estado, una fotografía tomada del avión norteamericano. En la parte de atrás de la imagen, se encuentran escritos datos sobre esta visita que llamó la atención del personal de Moromar y sus familias.</p><p>Meses antes del aterrizaje, el 8 de mayo de 1945, se había producido la rendición alemana en la Segunda Guerra Mundial.</p><p>&nbsp;</p><p>0-0-0</p><p>&nbsp;</p><p>El trabajo rural requería mano de obra intensiva en la década del ’30. La intervención de bolseros y peones, que se dedicaban además a muchas otras tareas manuales.</p><p>Pedro Weil presidía Safico y cada tanto, llegaba a Moromar en avioneta. Permanecía durante algunos días, por lo general con su familia, en “un chalet hermosísimo de dos plantas a 500 metros del casco. Al lado tenía canchas de golf y de tenis”.</p><p>Helmuth estima que en la estancia “llegaron a residir más de 200 personas, entre empleados y sus familias”. Era una mini ciudad, disponía de un destacamento de Policía, Quequén designaba un cabo para el lugar; una sala de primeros auxilios; la escuela primaria; un surtidor propio, “venían con un tanque de Necochea o Quequén para dejar 50.000 o 60.000 litros de nafta, querosén, gasoil”.</p><p>Sobre el servicio de salud, puntualiza que “había un enfermero o enfermera, permanecían durante la semana y se iban los fines de semana. También todos los meses atendían dos médicos, durante un par de días, se armaba la fila para los controles”. Menciona con detalle los apellidos de los médicos y añade que uno de ellos, los visitaba para la revisión porque era amigo de su padre.</p><p>En su relato, describe cómo eran las instalaciones para familias y trabajadores de Moromar: “A cien metros del casco se encontraba la casa del mayordomo Juan Peters, quien era de origen alemán. Unos doscientos metros más allá estaban las tres casas lindas de los encargados, en la del medio vivíamos nosotros. A otros doscientos metros había siete u ocho construcciones para personal de tercera línea; y luego más lejos, el sector de la cuadra, para la peonada en general”.</p><p>Su padre tenía a cargo “la parte motorizada. Había motores de agua, de electricidad”, además de todos los vehículos y equipamiento para las labores en el campo.</p><p>Cuando se animaban y las circunstancias lo permitían, se escapaban de noche con su hermano hacia la cuadra, donde “escuchábamos cuentos de mujeres, hazañas de los gauchos exageradas o mentirosas, malas palabras que nos llamaban la atención. Jugaban a la taba. Siempre había fuego, armaban un fogón grande con troncos de eucaliptos”.</p><p>En estas salidas que eran una aventura de la infancia, vieron cómo se producían “entredichos y alguna pelea. Una vez el mayordomo discutió con un peón y sacó el revólver, pero no disparó”. En la peonada había “uno o dos indígenas. Me acuerdo de Márquez, venía del norte, se dejaba las mechas grandes”.</p><p>Comparte un detalle, que le llamó la atención. “No muy lejos, a unos doscientos metros, se ubicaba lo que llamaban la casa del linyera. Se le daba protección y un pedazo de carne al caminante”.</p><p>Juan Peters y el papá de Helmuth solían conversar, se generó una relación de “compinches”. Al respecto, argumenta que “mi viejo comprendía alemán, eso también ayudó a que se entiendan mucho mejor”.</p><p>La confianza llevó a que Helmuth y su hermana se desempeñaran como empleados de la oficina en Moromar. “Conservo un documento que lo demuestra. Fui cadete, atendía el teléfono y hacía mandados, aprendí a manejar de chico. Había vehículos de sobra”, señala.</p><p>&nbsp;</p>La estancia Moromar está ubicada a pocos más de 40 kilómetros de Necochea, con acceso por la ruta 88 Está ubicada junto a la costa<p>&nbsp;</p><p>Los alumnos de la escuela primaria tenían un equipo de fútbol. “Eramos unos quince varones, que jugábamos a la pelota, y había una cantidad similar de chicas”, indica.</p><p>Para llegar a la playa debían recorrer “cuatro o cinco kilómetros. En bicicleta no es nada, aunque nos gustaba ir a caballo por el desafío, andar en los médanos”.</p><p>En mayo de 1945, se había producido el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa y meses después, en septiembre, tendría lugar la rendición formal de Japón.</p><p>En la casa de Helmuth, “la radio estaba encendida casi todo el día. Mi padre pedía silencio, iba a hablar el general Edelmiro J. Farrel (presidente de facto entre el 9 de marzo de 1944 y el 9 de junio de1946). En la época previa al primer gobierno de Juan Domingo Perón”.</p><p>Transcurría el invierno de 1945 cuando él y sus hermanos recibieron la orden de no ir a la costa: “Nos llegó por nuestro padre y los demás chicos también tuvieron la misma indicación. Se trataba de un lugar de fácil acceso y lo sigue siendo. No hubo mucha explicación, era una decisión del patrón (en referencia a Pedro Weil)”.</p><p>La estancia tenía “más de 10 kilómetros de costa. Una vez, tiempo antes de que nos prohibieran ir a la playa -dice a modo de anécdota-, encalló un barco que se llamaba Estrella del Cairo”.</p><p>En forma simultánea, su padre les anticipó que “iba a llegar al campo un avión grande, para que no nos asustáramos” y agrega que les mencionó: “son relaciones del patrón”.</p><p>Más allá de la gran dimensión del campo, conocían los potreros y en uno cuadrado, bien amplio, vieron como “iban y venían los tractores. Estaban haciendo una pista en diagonal”.</p><p>El avión llegó “a los tres o cuatro días”, una mañana. Un día especial, que conserva en la memoria: “Estábamos desayunando, se empezó a sentir un ruido ensordecedor y mi madre exclamó ‘¡el avión, el avión!’. Dio una vuelta en el campo, estudió la superficie y aterrizó”.</p><p>Con la inquietud propia de la edad, “junto a mi hermano y otros chicos amigos salimos corriendo para ver el avión. Pero ya habían ubicado a gauchos, a doscientos o trescientos metros de la pista, para evitar el acercamiento”. Luego se comprobó que se trataba de una unidad militar de Estados Unidos, tenía un símbolo que lo identificaba. “Los mismos peones decían ¿qué hacen los yanquis acá?”, rememora.</p><p>Descendieron “cinco o seis tripulantes muy prolijos en el avión, con uniforme militar norteamericano. El avión estuvo un par de días”.</p><p>Resultó coincidente con la intriga que surgía ante la imposibilidad de ir a la playa. Si bien su padre hablaba poco del tema, lo manejaba con mucha reserva y desalentaba cualquier averiguación de su familia, Helmuth lo escuchó mencionar la llegada de “algunas personas extrañas. Se decía que habían desembarcado alemanes. Yo no vi el submarino. Lo que sí recuerdo es haber visto en la playa dos o tres lanchones grandes, preciosos, con unos tambores de bronce, tenían botes salvavidas. No sé si serían del submarino”.</p><p>Un período con movimientos poco habituales en Moromar. “Con mi hermano vimos gente ajena a la estancia, hombres robustos, muy notorios por las cabelleras, rubios, de tez blanca, en la zona más privada, entre la casa del mayordomo y la arboleda que va al chalet principal -sostiene-. Mi padre reiteraba ‘ni se metan ahí que son amistades del patrón’, se piensa que eran alemanes”.</p><p>&nbsp;</p><p>0-0-0</p><p>&nbsp;</p><p>Los datos históricos son numerosos. Se ha publicado en muchas ocasiones sobre el operativo en 1945 encabezado por el comisario Luis Mariotti en Moromar, que se encontró ante hombres armados y finalmente, no prosperó. Abel Basti afirma que hay un acta policial sobre este procedimiento.</p><p>Helmuth reflexiona que “lo que pasó en la estancia con la playa cerrada y el avión se mantuvo siempre en reserva, pero igual con el tiempo trasciende. Se comenta que alemanes se dirigieron luego a Quequén y desde allí a muchos otros lugares. Los desembarcos aparentemente fueron varios”.</p><p>En la edad de los estudios secundarios, se mudó a Necochea para cursar en el Colegio Nacional. Los fines de semana volvía a Moromar y compartía actividades con Andrés Diego Weil, uno de los hijos del dueño: “Andábamos a caballo, él falleció muy joven”.</p><p>Durante un año, realizó tareas como empleado en selección de granos en Quequén y se radicó posteriormente en La Plata, donde cursó algunas materias de Ciencias Económicas y de Derecho; “era estudiante, no estudioso”, expresa con buen humor. Tuvo distintos trabajos, residió en la ciudad de Buenos Aires y hace cinco décadas es vecino en Tres Arroyos.</p><p>Su padre siguió trabajando en Moromar hasta la década del ’60, cuando se produjo su traslado a un edificio ubicado en avenida Corrientes 456 de Buenos Aires, ciudad donde falleció. El inmueble también pertenecía a Safico: “Tenía entre 15 y 20 personas a cargo, para el mantenimiento de calderas y otros servicios”, explica.</p><p>Las palabras de Hemulth llevan a viajar imaginariamente a una etapa convulsionada en el mundo, el fin de la Segunda Guerra y las investigaciones que se han llevado adelante sobre la presencia de nazis en Argentina. Suma un testimonio valioso, mediante los ojos curiosos de un niño que vio hechos poco comunes en la estancia donde se crió y creció.</p><p>&nbsp;</p>El avión militar de Estados Unidos en Moromar, en el invierno de 1945. Un documento de valor histórico que Helmuth Petersen logró conservar. Detrás de la fotografía, hay un texto con datos adicionales, nombres y la mención también al presunto desembarco en la estancia de “marines tripulantes alemanes sobrevivientes de un submarino”<p>&nbsp;</p>Helmuth Petersen, durante la entrevista en La Voz del Pueblo<p>&nbsp;</p>]]>
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                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7HU9FTzd_VCV2HiHm1ch8kx7kxg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/helmuth_petersen.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Las vivencias de Helmuth Petersen en la estancia Moromar. El aterrizaje de un avión militar norteamericano en 1945, la playa vedada porque "se decía que habían desembarcado alemanes de un submarino"]]>
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                <updated>2026-02-25T15:50:07+00:00</updated>
                <published>2026-02-22T14:34:13+00:00</published>
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            El Cabo Auzmendi está feliz por sus hijos: “Crecieron en el fútbol con humildad”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XAH9FcegWSHmMybvt93ZPY8BuCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2025/08/Auzmendi-nota-web.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Brilló como delantero de Deportivo Independencia, club del que también fue director técnico. Su hijo mayor Agustín, de 28 años, se destaca en Godoy Cruz y Rodrigo, de 24, en Banfield. Dice que “lo más gratificante es lo que reflejan como personas” </p>
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<p>Por Alejandro Vis</p>
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<p>La pelota de fútbol tiene un lugar central en la familia Auzmendi, en Adolfo Gonzales Chaves. Claudio, el Cabo como le dicen amigos y allegados, fue un delantero referente de Deportivo Independencia (vistió también las camisetas de Huracán Ciclista y Ferro de Tandil) y ahora disfruta del presente de sus hijos Agustín y Rodrigo.</p>
<p>Agustín, a los 28 años, forma parte del plantel de Godoy Cruz en Mendoza, mientras que Rodrigo, de 24 años, integra el equipo de Banfield. </p>
<p>“Estoy muy contento”, expresa en una conversación con La Voz del Pueblo. El club anterior de sus dos hijos fue  Motagua, en Honduras: “Agustín vino en febrero y Rodrigo en junio. Salieron campeones en 2024 y fueron goleadores en un torneo cada uno: primero Agustín y luego -cuando su hermano ya estaba en Argentina- Rodrigo”.</p>
<p>El rival clásico de Motagua es Olimpia, cuyo técnico era Pedro Troglio. “Le gusta como juega Rodrigo y lo trajo a Banfield”, recuerda. Es un camino que “está dando sus frutos. Sé las condiciones que tienen los dos, como se dedican en la parte física, se cuidan con las comidas. Son muy profesionales”.</p>
<p>Entre los partidos más recientes, Agustín le convirtió dos goles a River en el Monumental -uno de penal- en la derrota por 4-2 y Rodrigo fue autor de un gol -además dio una asistencia- en el triunfo de Banfield de local ante Estudiantes por 3-2. </p>
<p>Las fecha siguiente del Torneo Clausura, los dos equipos tuvieron el mismo resultado adverso 2-0: Godoy Cruz ante Vélez, el último lunes, y Banfield el domingo pasado en su visita a la Bombonera. El equipo mendocino había sido eliminado de la Copa Sudamericana, al perder 1-0 de local ante Mineiro.</p>
<p>El último viernes, Banfield se recuperó en su casa, donde se impuso a Tigre 1-0, mientras que Godoy Cruz mañana será recibido por Platense.</p>
<p> </p>
<p>Lo más valioso</p>
<p>Claudio muestra satisfacción porque “los chicos son muy humildes. Enseguida generan amistades, se hacen querer. En lo futbolístico les va muy bien, me alegra muchísimo. Y lo más gratificante es lo que reflejan como personas”.</p>
<p>Hicieron las divisiones inferiores en Independencia, siguiendo los pasos de su padre. “Agustín se fue a los 16 o 17 años al club Acassuso, en San Isidro. Allí cursó el último año del secundario. Salió goleador en quinta y cuarta categoría”, rememora. Luego integró los planteles de Jaguares de Córdoba, en Colombia; Olancho, en Honduras; y como se indicó, Motagua.</p>
<p>Rodrigo “cruzó el charco” porque tuvo como destino el club Plaza Colonia, de Colonia del Sacramento, Uruguay, cuando tenía 18 años. “Es un equipo de Primera y poco después se fue a Porto, en Portugal, estuvo en el Sub-19 que juega la Champions, como los grandes”, puntualiza. Por la pandemia de Covid, se interrumpió el torneo y debió regresar a la Argentina. Posteriormente, antes de su experiencia en Motagua, Rodrigo jugó en inferiores y tercera de Gimnasia de La Plata, y durante dos temporadas formó parte de San Marcos de Arica, en Chile.</p>
<p> </p>
<p>En la cancha</p>
<p>Cuando Claudio era delantero de Independencia, llevaba a Agustín “a todos lados, más allá de que era chico”. Se retiró en 2006 y menciona que “al único lugar donde él no fue, por decisión mía, es cuando jugamos con Racing de Olavarría en Tandil, ese día metí el gol desde mitad de cancha. No lo dejé ir porque se hablaba mucho de la hinchada que había tenido problemas, por precaución”. Agrega, sonriendo, que “siempre me lo echa en cara”. Rodrigo en cambio era muy pequeño, lo vio jugar poco a su padre. </p>
<p>Ambos heredaron la vocación goleadora. El menor de los hermanos “fue casi siempre delantero. Y Agustín -cuando yo los dirigí en inferiores- tenía más la posición de enganche, aunque a veces también se ubicaba más arriba. Salimos campeones en dos oportunidades”.</p>
<p>El Cabo Auzmendi compartió una dupla ofensiva notable con Emanuel Landa. “Eramos muchos chicos del club. A veces llegaba algún refuerzo, pero pocos, como cuando vino Martín Giménez o Carlos Tavernini que se quedaron en el pueblo. Estuvo el Gallego Del Río jugando con nosotros. El que entraba sabía cumplir la función, no se notaba cuando había reemplazos. Estaba mi hermano Manolo (Marcelo). También Di Rocco, Fonte, Vilanova, Caprile, el Poroto Marcelo, entre otros; y los años anteriores Mario Marcelo. Cuando yo arrancaba compartí plantel con el Cata Aranzabe y el Gallego Alvarez”.</p>
<p> </p>
<p>Una tragedia</p>
<p>En tiempos en que Agustín jugaba en Acassuso, se produjo una tragedia familiar en Gonzales Chaves. Claudio estaba separado, se incendió la casa donde residía Rodrigo: “Falleció uno de los hermanitos de ellos. Rodrigo pudo salvar al más chiquito, que tiene una discapacidad”. </p>
<p>No era un hijo de Claudio, si bien tenían un vínculo. “Les quedó marcado, en su momento no querían jugar más al fútbol, después dijeron que por el hermano lo iban a hacer todo”, expresa.</p>
<p>Al contar esta vivencia tan dura, reitera el valor de la humildad: “Es lo principal, ser buena persona”. Considera que “se han esforzado y dedicado mucho. El fútbol tiene su parte de suerte también, ellos son delanteros y ahora que están metiendo goles, no hay que extrañarse que el día de mañana los lleve otro club más grande”.</p>
<p> </p>
<p>La familia y el trabajo</p>
<p>Formó una nueva familia con Norma y tienen dos hijos: Lautaro de 19 años y el hermano de 15, Imanol. Cuenta que “Lautaro se rompió una rodilla y luego la otra, no pudo seguir, jugaba en Independencia. Estudia kinesiólogo deportivo en Mar del Plata”. Imanol es integrante de la tercera división en Huracán Ciclista. </p>
<p>En consecuencia, es papá de cuatro varones: Agustín, Rodrigo, Lautaro e Imanol.</p>
<p>Posee una carnicería, cuando puede viaja para tomar contacto con alguno de sus hijos, pero los horarios de comercio son amplios y hay que estar detrás del mostrador. </p>
<p>Es una historia de fútbol que ahora escriben las generaciones posteriores, los dos jugadores de la Primera División de AFA que -como su padre lo hacía a nivel local y regional- generaron una muy buena relación con el gol.</p>
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<p></p>


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2007
<p>Año en que Claudio Auzmendi fue director técnico de Deportivo Independencia. En esa temporada, el equipo salió campeón por última vez</p>
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Referentes
<p>Al mencionar a los formadores de fútbol que tiene muy presentes, señala que “cuando yo era chico, estaba Enrique Ferrario. Adónde iba él, lo seguíamos. Después Quique Alfonsín y Carlos ‘Cabeza’ Méndez fueron técnicos que me han enseñado mucho en Independencia”.</p>
<p>En cuando a los dirigentes, hace referencia a “Oscar Celestino García, nos llevaba a los provinciales, íbamos a jugar afuera u organizaba encuentros en Chaves. Se trabajaba mucho en inferiores”.</p>]]>
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                <published>2025-08-31T10:44:20+00:00</published>
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            Sergio Alarcón: el chico que creció en las canchas y un hermano que “sabía todo”
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<p>Por Alejandro Vis</p>
<p>Era un adolescente cuando fue incorporado por El Porvenir. Llegó a entrenar en San Lorenzo y vivió muy buenas experiencias en diversos clubes, también como director técnico. Junto a Delia Tolosa, se desempeña en las divisiones formativas del fútbol femenino de Argentino Junior</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Los padres de Miguel y Sergio Alarcón vivían en el Barrio Municipal y tenían una carnicería en avenida Ameghino. Sergio habla con orgullo de ellos, Armando Alarcón y Angela D’Annunzio, describe su bondad y dice que “ayudaban a todo el mundo, mamá era más abierta. Estaba pendiente de toda la familia, si hacía falta les daba mercadería o lo que pudiera”.</p>
<p>Ambos nacieron en Tres Arroyos. La familia paterna es de origen español, mientras que sus abuelos maternos llegaron desde Italia. Miguel, el mayor de los hermanos, falleció el 28 de febrero de 2024. Su partida conmovió a todo el ámbito del fútbol, se multiplicaron por entonces las expresiones de afecto y acompañamiento. A ambos les pusieron como apodo Pato.</p>
<p>El segundo nombre de Sergio es Armando, como su padre. La pelota tuvo un lugar central en su vida y lo sigue teniendo, el fútbol como un medio de vida, también un juego y la oportunidad de crecimiento personal. El interés, igualmente, por compartir conocimientos que ha sumado en las experiencias en diversos clubes.</p>
<p> </p>
<p>0-0-0</p>
<p> </p>
<p>De chico, cuando en un terreno o en la calle se podía improvisar una cancha para “el picado”, su primer club fue Colegiales. Luego pasó a Boca, donde se encontraba su hermano, y “jugamos juntos, aunque por supuesto en distintas divisiones”.</p>
<p>A Boca lo llevaron Daniel Di Nardo, ya fallecido, y Oscar Rico. “Me acercaron a la Liga de Fútbol en bicicleta para firmar, porque yo vivía lejos. Andaban con ropa del club en la bicicleta ¡los movimientos que hacían para formar juveniles! Y tenían bastante noción”, relata. Su posición habitual era volante central, aunque ha jugado también de mediocampista por derecha o defensor central. </p>
<p>Es imposible que olvide un partido que Boca jugó ante Independiente de San Cayetano, de visitante en horario nocturno. Cuenta que “debuté con 14 años. Ingresé en el segundo tiempo, un partido amistoso”. Integraban el plantel Alberto Cedrón y otros grandes jugadores.</p>
<p>Tenía muy buenas condiciones como futbolista. Su hermano lo llevó a El Porvenir, club ubicado en Gerli, en el Conurbano. “A Boca le cayó mal -admite Sergio-. Pero son momentos en los que querés llegar a algo”.</p>
<p>Hizo una prueba en partidos ante Racing y Deportivo Español. “Les dije que jugaba en los potreros. Me pidieron que diga la verdad, acerca del club al que había pertenecido. Entonces les conté que llegaba desde Boca de Tres Arroyos. ‘Quédese tranquilo que vamos a AFA, usted firma y no pasa nada’”, fueron las palabras que escuchó ese día.</p>
<p>En su primer partido tuvieron como rival a Los Andes, que solía armar planteles muy competitivos: “Me pisó un brazo José Tiburcio Serrizuela, el defensor central que después jugó en River”, puntualiza. El director técnico de El Porvenir era Jorge Masalis.</p>
<p>Permaneció dos años en el mencionado club, hasta que por algunos resultados negativos se produjo el cambio de DT. </p>
<p>Ya por entonces presidía El Porvenir el histórico dirigente Enrique Merelas. Representantes de Rosario Puerto Belgrano, de Punta Alta, le ofrecieron a una serie de jugadores sumarse para el torneo regional: “El cuarto al que llamaron fui yo. Ofrecían casa, comida, buen sueldo. Les dije que no iba y expliqué que soy de Tres Arroyos, ir hacia la zona de Bahía Blanca era para mí volver atrás. Aunque es un grandísimo club”, argumenta.</p>
<p>En este contexto, habló con Merelas, quien destacó que “’usted se ha portado muy bien acá’. Me habilitó el pase, lo empecé a manejar yo”. </p>
<p>Jorge Masalis había asumido como director técnico de Arsenal, entidad a la que se acercó Sergio: “Fui muy bien recibido. Me hizo hablar con los Grondona, pude incorporarme a Arsenal”. Allí también permaneció dos años y su paso siguiente fue muy importante, aunque luego quedó trunco. “Una persona que estaba en el hotel donde vivía yo, me hace ir a San Lorenzo. El técnico era Nito Veiga, estaban en el plantel Chilavert, Perrazo, Insúa. Giunta y otros grandes jugadores”, enumera. </p>
<p>Entrenó durante una semana e iba a quedar en forma permanente, pero su madre tuvo una afección de salud. Señala que “me llamaron una noche para decirme lo que pasaba. Un problema que tuvo un tiempo mi mamá. Tomé el colectivo apurado, me olvidé de todo, no avisé en San Lorenzo y no volví nunca más”.</p>
<p>Sus próximos destinos fueron “el distrito de General Villegas y en 1987, Huracán de Tres Arroyos, Gustavo Parra era el técnico”. Posteriormente, vistió las camisetas de Ferro de Tandil y Loma Negra de Olavarría.</p>
<p>Llegó al club de Amalia Lacroze de Fortabat, empresaria que falleció en 2012, por medio de Norberto Desanzo, ex jugador de Atlanta que había dirigido al Globo tresarroyense. “De todos los lugares donde estuve, fue el mejor. Te brindaban casa, ropa, comida, con muchas comodidades. Teníamos cine, pileta”, describe. En una ocasión, conversó con la propietaria de la firma Loma Negra, simplemente ella le habló de “portarse bien. Para mí no había inconveniente, en cada lugar donde jugué busqué ser responsable”.</p>
<p>Participó en 1989-1990 en un torneo regional con León de Madariaga, en la misma zona que ganó Aldosivi de Mar del Plata, que luego se impuso a Huracán en dos recordados partidos (2-3 en Tres Arroyos y 4-0 como local).</p>
<p>Juarense, en la Liga de Tandil, donde dirigió las divisiones inferiores, e Hinojo, en Olavarría, “un pueblo chiquito, lindo y tranquilo”, constituyeron sus siguientes experiencias. También formó parte de Palermo de Necochea, luego de un certamen regional se iba a quedar para el torneo local, pero “Julio Jeanneret me fue a buscar con la finalidad de que juegue en Olimpo. Muchos equipos de Tres Arroyos tenían en esa época muy buen plantel. Varios compañeros en Olimpo habían sido traído como refuerzos desde Buenos Aires y eran de gran nivel, una muy buena época”.</p>
<p>En la etapa posterior, lo convocaron desde Atlético Ayacucho, Quilmes en una Liguilla y Villa del Parque, con Roberto Calles como técnico. </p>
<p>El itinerario como jugador se completa con Sportivo Piazza de Azul y el regreso a Olimpo. Es un resumen de una amplia trayectoria en las canchas, que se inició en la adolescencia y le dio muchas alegrías.</p>
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<p>El contacto con numerosas ligas de fútbol e instituciones deportivas, con planteles y colegas de distintos lugares del país, le dieron conocimientos. Y los aplicó como director técnico. </p>
<p>Desarrolló esta tarea en Argentino Junior, donde retornó para trabajar en los últimos años junto a Delia Tolosa en el fútbol femenino.</p>
<p>En Villa del Parque protagonizó una campaña épica, que le permitió al club mantenerse en Primera División. “Estaba por descender, Quilmes contaba con nueve puntos de ventaja y Echegoyen diez. Cuando yo entré, el equipo tenía un punto. Quedaba un partido de la primera rueda y la segunda parte entera. Descendió Quilmes y Echegoyen jugó la Promoción. Para definir el equipo que iba a la Promoción, jugaron Villa y Echegoyen en cancha de Independencia de Chaves, al finalizar el primer tiempo perdía 2-0 y terminó ganando 3-2”, menciona con precisión.</p>
<p>Anteriormente había sido DT en divisiones inferiores en Ferro de Tandil, Juarense y Olimpo. Durante un año, fue técnico además de Agrario, de De la Garma, en Segunda División.</p>
<p>Desde hace aproximadamente cuatro años, con Delia Tolosa desarrollan las divisiones formativas de fútbol femenino en Argentino Junior. “Gracias a esa iniciativa ahora tenemos Sub-14, Sub-15 y la mayoría del plantel de Primera son jugadoras Sub-17”, valora.</p>
<p>En este sentido, subraya con satisfacción que “Argentino se fue nutriendo de abajo, porque se le fueron muchas jugadoras al club. Tiene un muy buen semillero”.</p>
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<p>Sergio trabaja en la Secretaría de Desarrollo Social del municipio. “Estoy con Damián Almeira, director de Acción Social, muy contento. Haciendo una tarea con otros muchachos, son grupos muy buenos”, indica sobre su labor cotidiana.</p>
<p>Es un área que tiene “presencia en barrios y localidades”, a partir de distintas demandas por cubrir. La sede donde se desempeña se encuentra en Pedro N. Carrera 940.</p>
<p>Por la tarde, cuando vuelve a Argentino, la pelota es nuevamente protagonista. Así será siempre, porque pudo conocer el fútbol en profundidad y mantiene intacto su interés por un deporte que le enseñó tanto sobre la vida.</p>
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Una huella que tiene mucho valor
<p>Lo que dejó Miguel Alarcón a su familia y seres queridos. El acompañamiento “importantísimo” en la carrera de Sergio</p>
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<p>Sergio es hincha de Racing, uno de los muchos puntos en común con su recordado hermano Miguel. </p>
<p>Todas sus palabras sobre él son de reconocimiento. “Mi hermano fue en mi carrera importantísimo, siempre. No es porque era mi hermano, sabía de todos los temas, podía trabajar tranquilamente en una radio de las mejores, en el diario, la televisión, era suelto, abierto”, afirma.</p>
<p>Como una característica muy positiva, agrega que “no era agrandado. Nunca fuimos así, nos enseñaron otra cosa, tenemos otra cultura”.</p>
<p>Con emoción, Sergio expresa que “mi hermano fue algo especial, después de papá y mamá que tuvieron una dimensión tremenda por todo lo bueno que hicieron. Y mi hermano conjugó un poco a mi papá y mi mamá, uno extraña todo eso”.</p>
<p>Semanas atrás, en una cancha vio una bandera con la imagen de su hermano. “En un primer momento no la había visto. Cuando miro y la veo, parecía que él estuviera ahí. Por un lado, me puso bien, contento porque estaba dibujado en una bandera. Por otro, me afectó, tuve la necesidad el domingo de salir de mi casa, ir a la cancha y un poco olvidarme”, comenta con sinceridad plena. </p>
<p>Anécdotas hay una gran cantidad. Viajaron, recorrieron y conocieron juntos diversos lugares. “Ibamos a Buenos Aires y no había cancha en la que no entráramos. Se ponía a hablar de la historia del club, sus jugadores, nos dejaban pasar. Sabía todo”, reitera.</p>
<p>En una oportunidad, en la provincia de Salta, “lo encontró a Juan Carlos Cárdenas, El Chango (falleció en 2022), quien convirtió el gol más importante en la historia de Racing en 1967, por la Copa Intercontinental ante el Celtic de Escocia. Lo reconoció a El Chango de inmediato, se acercó y conversaron”, concluye.</p>
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                <updated>2025-06-29T12:27:55+00:00</updated>
                <published>2025-06-29T11:21:05+00:00</published>
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            Alejandro Bronzieri: “Soy médico, pero de profesión padre”
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</p>
<p>Por Alejandro Vis</p>
<p>Fotos de Agostina Alonso</p>
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<p>A los 49 años, Alejandro Bronzieri tiene muy en claro el orden de prioridades. “Soy médico, pero de profesión padre. Creo que es mi profesión más importante”, dice con convicción.</p>
<p>Esto no implica restar valor a su tarea laboral, que le apasiona y forma parte de su identidad. Se trata de dos dimensiones, que en el transitar de su propio camino fue percibiendo cada vez con más nitidez. “De profesión soy papá y practico la medicina. Mi sueño toda la vida fue ser médico, lo dije desde los cuatro años, pero una vez que me transformé en padre es mucho más satisfactoria la paternidad que la propia medicina. Más allá de que amo lo que hago, amo a mis hijos, no tengas dudas de eso”, subraya.</p>
<p>Es papá de Juan Pedro, quien tiene 15 años y va a cumplir 16 el 26 de junio; Martín, de 14 años y que el 28 de octubre cumplirá 15; ambos de su primer matrimonio; y Vicente, quien celebró sus tres años el 30 de marzo, el pequeño de la familia que tuvieron con su actual pareja Romina.</p>
</p>
<p>Dos etapas</p>
<p>Cuando nació Vicente, tomaron conocimiento de su condición de síndrome de Down. Alejandro recuerda que “como buen hijo de médico había un millón de estudios hechos, todos dieron negativo. Nos sorprendió cuando nació, rápidamente pudimos entender todo. Lo bueno de ser médico es tener bastante más información que el resto de los padres”.</p>
<p>Y disponer de tal información genera cierta tranquilidad, porque “la gente que no conoce siente temores. En el caso de la mamá (en referencia a Romina), una de sus amigas tiene a Augusto, dos años mayor, también con síndrome de Down. Ella había conocido la evolución y las características a través de Augusto, lo que nos ayudó muchísimo”.</p>
<p>Observó que “si bien es algo que nos impactó los primeros días, cuando hicimos los estudios y vimos que todo estaba bien, sentimos serenidad. Es alguien nada más que tiene la condición de síndrome de Down”.</p>
<p>Para él, es un tiempo de descubrimiento de “muchísimas cosas”. En este sentido, indica que “tengo dos etapas de paternidad. La primera con mis hijos más grandes, yo tenía otra edad, al ser médico la carga horaria es altísima. Me formé para clínica médica y terapia intensiva, era como el encargado del área en la Clínica Hispano”.</p>
<p>Por tal motivo, Alejandro no logró “disfrutarlos como puedo disfrutar hoy a Vicente, he podido darle más tiempo, además de que él necesita un mayor acompañamiento”.</p>
<p>Hace una pausa, tras lo cual señala que “no sé si lo descubrí por su condición de síndrome de Down y quizás me enseñó muchas más cosas Vicente. Pero es también porque estoy más grande y valoro mucho las vivencias cotidianas”.</p>
<p>Vicente requiere de una serie de asistencias profesionales. “Tiene terapia ocupacional, fonoaudiología, kinesiología, entre otras actividades. Esto hizo darme cuenta que debo estar más presente”, agrega.</p>
<p>En el día a día, el menor de la familia se muestra muy afectuoso. “Enseguida perciben cuando uno está mal, saben leer el estado de ánimo -sostiene Alejandro-. Una inteligencia emocional que tal vez nosotros no tengamos, que pueden leernos muy bien y entendernos. Un nivel de sensibilidad frente a los afectos”.</p>
<p>Su actitud es similar con los hermanos y la mamá: “Cuando tenemos un día difícil nosotros, el primero que se va a dar cuenta es Vicente”.</p>
<p>Elige a quien brindar afecto, porque “no es dado con todo el mundo”. Con agradecimiento a la vida, Alejandro se refiere a su vecino y amigo Ale Folguera: “Tiene varios años menos que yo y síndrome de Down, además es mi paciente. Es exactamente igual en ese aspecto. Lo viví con él desde chico, jugábamos en la plaza del Arbol junto a sus dos hermanos mayores (Fran y Segundo), uno de ellos fue conmigo a la escuela. Decide con quien mostrar sus sentimientos o cuando resguardarse”.</p>
</p>
<p>“Es mucho mejor”</p>
<p>Se recibió de médico en La Plata a los 23 años y fue padre a los 32. “En ese momento trabajaba en terapia intensiva y hacia guardias en la clínica”, en jornadas de esfuerzo prolongado. Ejerce hace 26 años y cuenta con más de 8000 pacientes, por lo cual “uno u otro paciente por cuadra conozco seguro”.</p>
<p>En su descripción, Alejandro manifiesta que “quería ser papá desde mucho antes de haber sido. Con mi matrimonio anterior hicimos siete años de tratamiento de fertilidad, por eso también se retrasó la llegada de Juan Pedro. Habíamos pensando en la adopción, finalmente cuando no hicimos más nada, ella quedó embarazada”.</p>
<p>Incluso, esta situación se produjo luego de una intervención quirúrgica que los llevó a pensar que no iban a ser padres biológicamente: “Ella se tuvo que someter a una cirugía, fue necesario extirparle un ovario. Y posteriormente, milagrosamente tuvo lugar el embarazo”.</p>
<p>En los años previos, un período de planificación y esperanza, pensó que la paternidad sería fantástica. “Pero cuando sos papá, llega ese día, es mucho mejor a todo lo bueno que te pudieron haber dicho. Una experiencia única”, destaca.</p>
</p>
<p>Con intensidad</p>
<p>Cada hijo es diferente, por lo cual “requiere cosas distintas. Los dos más grandes están atravesando la adolescencia y tengo otra clase de temores. Con Vicente, hay desafíos que no viví con los mayores y celebro particularmente ciertas cuestiones. Recién empezó a caminar a los tres años, para nosotros fue…”. Alejandro se quedó en silencio, no hace falta decir más nada para entender la alegría familiar compartida, por ese paso tan ansiado.</p>
<p>A modo de ejemplo, relata que “el día que caminó Juan Pedro fue muy lindo, pero uno ya conoce el proceso madurativo y lo espera. Con Vicente no sabíamos cuando empezaría a caminar, ahora estamos esperando que en algún momento hable. La sorpresa es enorme y se disfruta con intensidad”.</p>
<p>El nacimiento de Vicente, en medio del amor indescriptible ante la llegada un hijo o un hermano, provocó inquietudes en Juan Pedro y Martín. Por esta razón, Alejandro conversó con ellos. “Quédense tranquilos, no tiene una cardiopatía y ninguna enfermedad asociada; sólo posee una complicación, un testículo ascensor intraabdominal, que en algún momento podemos resolver  (ya fue operado, por esta razón, en Bahía Blanca). El aprende más lento, va a tardar en aprender y hacer lo que nosotros incorporamos más fácilmente, pero va a poder hacer un montón de cosas’, fueron sus palabras.</p>
<p>La preocupación de los hermanos era “si viven igual que nosotros, es lo primero que me preguntó Martín. El mayor miedo era que le pasara algo. Le respondí ‘pueden ser viejitos, con una expectativa de vida igual que la nuestra’”.</p>
<p>Aun con dudas, le pidió la foto de una persona mayor con síndrome de Down. “Tengo una biblioteca médica con acceso a un montón de material y le mostré una imagen de alguien de 76 años con esta condición”, señala Alejandro. Generó alivio.</p>
<p>En este contexto, surgió un diálogo que quedó en la memoria. Alejandro y Romina se encontraban en un ambiente de la casa, Martín estaba “jugando con la Play junto a los amigos a través del streaming, como es todo hoy en día. Y dijo ‘chicos quiero contarles que Vicente, mi hermano, tiene síndrome de Down. Aprende más lento, pero no tiene nada de malo’”. Luego siguieron jugando.</p>
<p>Los amigos de sus hijos mayores “expresan casi un fanatismo con Vicente. Cuando cumplió un año, asistieron más de cien personas”. Alejandro comenta que “hace pocos días, vinieron a ver el partido de Europa League, eran seis o siete, él sentado en el medio como si fuera amigo de ellos”.</p>
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<p>Lo máximo</p>
<p>Sus tres hijos van al Colegio Holandés. A Juan Pedro y Martín les gusta bajar a Vicente del auto, llevarlo y entregarlo en el Jardín Semillitas, ya es un ritual.</p>
<p>El vínculo entre ellos es “súper estrecho”. El 10 de enero de este año, Vicente fue operado en Bahía Blanca “de la complicación mencionada que tenía. Hacía mucho calor. A sus hermanos les tocaba estar con la madre en esos días de vacaciones y dijeron ‘vamos a ir a Bahía Blanca ¡El no va a entrar al quirófano sin que nosotros estemos!’”.</p>
<p>Habitualmente cuando realizan un viaje van todos, pero “alguna vez sucedió que viajamos con Romina y Vicente. Los más grandes se quedaron en Tres Arroyos y no podían pasar más de dos días sin hacer una videollamada, quieren verse”.</p>
<p>Habla de “la veta artística” de Juan Pedro, quien hace teatro, de la reciente “actuación de un circo, yo estaba re orgulloso”.</p>
<p>Durante la entrevista, muestra las fotos en su teléfono. “Por eso digo, necesito presumir de mis hijos, perdón voy a mostrar la foto de lo que hizo, nos pasa a todos. Ellos tienen la verguenza de decir ‘¿nos vas a poner en las redes sociales?’”. Sonriendo, añade que “Martín no tanto, porque es más caradura. En mi Instagram hay fotos de ellos, capaz que lo hago de pesado y no quieren saber nada. Son lo máximo que tengo”.</p>
</p>
<p>Juntos</p>
<p>Desde la infancia y en toda su vida, la familia ocupa un lugar central. Alejandro lleva tatuado en su cuerpo a Andrés, uno de sus hermanos que falleció en un accidente (los otros son Pablo y Virginia). “El golpe de la muerte de mi hermano es algo que ninguna familia espera, todos cargamos con un dolor muy intenso. Yo en ese momento tenía 23 años”, puntualiza.</p>
<p>Se prometió “no ver más fotos de él, me hace mal. Decidí llevarlo tatuado conmigo. Conseguí un retratista y fuimos con Romi a La Plata. Lo hizo perfecto. Esto me cambió la imagen de familia. Tenemos que disfrutar en todo momento cuando estamos juntos, porque de verdad de un día para el otro te pueden llamar y una parte fundamental de tu equipo no está más”.</p>
<p>Confiesa que no vive con temor, sí es cuidadoso con sus hijos. “Y aprendí a valorar más -reitera-. He viajado, cuando me separé, con los dos más grandes por todo el mundo. También Vicente -así chiquito como lo ven- ya ha viajado un montón y si podemos compartimos estas experiencias los cinco”.</p>
<p>A la distancia, en estas pausas, “es la única oportunidad en que estamos desconectados del resto y conectados nosotros. Le sacamos provecho a las vacaciones, es un plan muy lindo. Surgen charlas que no suceden en otro lugar, con otros tiempos”, concluye.</p>
</p>
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La camioneta que “representa todo”
<p>Es un regalo que recibió Alejandro de su padre Santos Pedro, quien la utilizó en su labor como electricista</p>
<p>Una camioneta Fiat 125 Mutilcarga, estacionada en el patio de la vivienda, forma parte de la historia familiar. “¡Ahí está mi papá! En esa camioneta”, exclama Alejandro ante una pregunta de este diario.</p>
<p></p>
<p>Se llamaba Santos Pedro, falleció en 2015, y es el vehículo con el que trabajó realmente mucho: “Se desempeñaba como electricista, en el negocio familiar Casa Bronzieri”. La madre de Alejandro es la escribana Vilma Gladys Vizarro.</p>
<p>El nombre Pietro posee una extensa presencia en generaciones anteriores de la familia Bronzieri. Santos Pedro era “hijo también de un inmigrante Italiano. De nombre prácticamente igual, Santo Pedro, y llegó de su país con el oficio que luego heredó su hijo”.</p>
<p>De hecho, el abuelo paterno de Alejandro realizó las instalaciones eléctricas en “lugares icónicos de Tres Arroyos como la Municipalidad, el Banco Provincia, el Banco Nación, la Sociedad Italiana”.</p>
<p> </p>
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<p>Con emoción, habla de “esa camioneta que para mí representa todo, la usé para aprender a manejar. Me la regaló, es del año que yo nací, me dijo ‘no se va a vender nunca, quiero que te quede a vos’. Cuando venía de La Plata, en el tiempo en que estudiaba medicina, hacía las instalaciones eléctricas en esa camioneta con él o con alguno de los empleados a quien yo llevaba”. Conserva su color original y la idea es que quede igual.</p>
<p>Dentro de las amplias experiencias profesionales, a Alejandro le tocó atender a su padre, porque “él no quería que lo atendiera otro. Transformarse de hijo a médico fue muy difícil, se pudo”.</p>
Confianza
<p>Los cuatro hermanos trabajaron en la empresa familiar desde chicos, “primero en tareas sencillas y cuando fuimos más grandes, ya podíamos hacer instalaciones”.</p>
<p>Alejandro se radicó en La Plata para los estudios universitarios a los 17 años. “En las vacaciones de verano, volvía a fines de diciembre, me ponía a trabajar con mi viejo hasta febrero. Dejaba el guardapolvo e iba al negocio, estaba fantástico porque a mí me encanta”, rememora.</p>
<p>Hay un motivo de agradecimiento muy especial, debido a que “mi viejo era como mi fan número uno, me dio apoyo incondicional siempre, nadie me llenó de tanta confianza. A veces tengo un ego un poco más grande gracias a él, porque es el tipo que más confió en mí”. Siente que “los últimos años pude disfrutarlo más y estar con él”.</p>
<p>Es una forma de ser y proceder que busca poner en práctica como padre: “Si aprendí algo de mi viejo y trato de trasladar a mis hijos, es el dar apoyo. Y cualquier actividad que hagan o en lo que puedan necesitar, estar presente”.</p>]]>
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            “Oscar Ain fue un maestro de la vida”
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<p>En el inicio de sus palabras Jorge “Lupa” Capristo cuenta que “me enteré ahora que también se llamaba Félix. Le dije Oscar siempre”. El 13 de abril falleció en Necochea, donde se había radicado, Félix Oscar Aín, un empresario que se destacó en diversos rubros en Tres Arroyos y Claromecó. Como parte de una actividad amplia, mostró su capacidad en los boliches, con la apertura de Chau, donde luego funcionó Yamó; y su participación en Askimay.</p>
<p>Jorge subraya que Oscar Ain fue “un maestro de la vida”. Y hace una aclaración: “todo el mundo dice empresario de la noche o bolichero. No, él se definía, yo entendí con el tiempo que era así, como un empresario en todo lo que hacía. Vendía autos, tenía intervención en el boliche, en el comercio familiar de ropa”.</p>
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<p>En la primera cuadra de Lucio V. López funcionaba un boliche de Eduardo Malaccorto. “Tenía como nombre Skol (en países escandinavos Skål o Skol, es una exclamación al brindar). Con mi amigo, el flaco (Néstor) Chalde lo conocíamos por una cuestión de vecindad. No le iba muy bien al negocio”. Transcurrían los primeros años de la década del ’70, era “un momento esplendoroso para la noche de Tres Arroyos, por la cantidad de boliches. Abrían de martes a domingos”.</p>
<p>A Néstor Chalde, conversando con Jorge, se le ocurrió la idea de presentar la propuesta de abrir un domingo a la tarde, lo que luego se llamó matiné. “Desde las cuatro hasta las nueve de la noche. Le dije, ‘flaco ¿vos estás seguro de lo que me estás diciendo?’. Yo a esa hora me iba a jugar al fútbol o dormía porque me había acostado tarde”.</p>
<p>Eduardo Malaccorto accedió. “Llegó el día, estábamos en la casa de mis padres con dos o tres muchachos más, mirábamos el reloj permanentemente. En realidad, no nos animábamos a ir, pensábamos que no concurriría nadie”. Sin embargo, cuando abrieron la puerta “había una multitud. El flaco se potenciaba, cuando vio la muy buena respuesta sacó pecho y parecía Messi entrando a la cancha. Era una novedad, nos fue bárbaro”.</p>
<p>Aín compró el local y nació Chau, con “un equipo de lujo. El flaco Chalde, el ya fallecido Hugo Fauce, Hugo Poteca, Rubén ‘el Toro’ Martín como disc-jockey. Creo que estaba Hugo Fulpelo también, pido disculpas si me olvido de alguien. Para mi gusto, Martín ha sido el mejor disc-jockey que hubo en la ciudad”. </p>
<p>Jorge concurría habitualmente al boliche y en una oportunidad lo llamaron porque Ain quería hablar con él. “Yo sabía quién era, tenía una agencia de autos en Pedro N. Carrera, pero no habíamos hablado nunca. Me dijo que necesitaba gente para el boliche, le agradecí y le respondí ‘no trabajé en esto, no tengo experiencia’. Entonces me hizo un historial de mi vida que no sé si mi viejo o mi vieja lo sabían. Totalmente motivador”, relata.</p>
<p>De esta manera, se incorporó al grupo. “Los negocios del rubro contaban con estudiantes de distintos colegios, que trabajaban con la venta de entradas. En Chau teníamos al Colegio de Hermanas nada más y otros dos chicos que repartían invitaciones, más las relaciones o amigos de cada uno de nosotros”, explica.</p>
<p>El movimiento nocturno era significativo y se organizaban espectáculos en la ciudad con reconocidos artistas. “Después volvió a suceder con el regreso de la democracia. En ese momento, cada quince días había un show de primer nivel y también lo hacía el boliche de Naldo Re, la competencia por decirlo de alguna manera, porque nos llevábamos muy bien. Los espectáculos no se superponían”. </p>
<p>En Chau tocaron por ejemplo el grupo Arco Iris, que tenía entre sus integrantes a Gustavo Santaolalla; y el Trío Galleta. Pero la expectativa mayor se registró con la visita de Los Plateros: “para que los chicos jóvenes entiendan, era traer a los Rolling Stones. Cuando Oscar me contó, fue una muy linda sorpresa”.</p>
<p>Jorge rememora que “diez días antes del recital de Los Plateros, Oscar tuvo una diferencia con el flaco Chalde, quien dejó de trabajar. El flaco era relaciones públicas, barman, locutor oficial, presentaba los espectáculos, mal no lo hacía porque le fue muy bien en su carrera”.</p>
<p>Los Plateros iban a tocar un sábado, pero ya el martes previo estaban en Tres Arroyos. “Ensayaban en el boliche, muy profesionales”, señala Jorge.</p>
<p>Surgió un inconveniente, porque “un virus afectó al baterista. Nos preguntaron si conocíamos a algún músico en Tres Arroyos que pudiera reemplazarlo y se nos ocurrió Cacho Donofrio, era un pibe de 14 o 15 años. Al segundo ensayo, Los Plateros consultaron ‘¿este chico podrá seguir de viaje con nosotros?’ El padre lo autorizó y terminó sumándose en varios conciertos”. </p>
<p>El día previo, hubo un llamado de atención de Aín a Jorge porque no le cobraba a Néstor Chalde lo que consumía. “’Ya no pertenece a la empresa, es un cliente más’, fue la frase de Oscar. Entonces le propuse ‘vamos a hacer una cosa, usted sabe que soy amigo de él, lo que consuma el flaco me lo descuenta de mi sueldo. Quedamos así”. Y agrega sonriendo: “Menos mal que luego no me lo descontó, sino todavía estaría embargado”.</p>
<p>Llegó la noche de la presentación de Los Plateros. “Cuando había espectáculos, todos iban con otra ropa a trabajar -explica-. Yo nunca me caractericé por el saco y la corbata, fui reacio a esas cosas. No llevé un jean, otro pantalón, y camisa en vez de chomba”.</p>
<p>Ni bien ingresó al boliche, lo llamó Aín. En la cocina, sin que escucharan otros compañeros, le planteó “‘¿A usted le parece venir vestido de esta manera hoy? Van a estar el intendente y otras autoridades. Además ¿cómo va a presentar un espectáculo así?’”.</p>
<p>En ese instante, Jorge tomó conocimiento que Aín quería que presente el show y realice la tarea que, hasta pocas semanas antes, estaba a cargo de Néstor Chalde. “Que me propusiera eso era reemplazar a Messi”, exclama.</p>
<p>Su primera reacción fue decirle que no tenía la ropa adecuada. No obstante, “usted tiene un saco blanco, me respondió Oscar. Un día fui al boliche después de un baile de egresados, me habían regalado el saco en un negocio de ropa en Colón, donde hice fotos para exponer la prenda. Mandó a alguien a mi casa a buscar el saco. Y me consiguió una corbata”.</p>
<p>Jorge se negó en forma reiterada a ser el presentador, hasta que “otra vez habló conmigo en la cocinita. Estuvimos conversando entre 20 y 30 minutos. Salí totalmente convencido, debe haber salido bien porque lo seguí haciendo mucho tiempo ¡El cambio que se puede generar cuando una persona logra convencerte! Pinta de cuerpo y alma lo que era Oscar”.</p>
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<p>Antes de inaugurar Chau, Aín era uno de los propietarios del boliche Askimay, que estaba ubicado en la ruta 3 y avenida San Martín. El local tenía forma de Iglú y los músicos valoraban que poseía “una acústica impresionante”.</p>
<p>Jorge formó parte de Askimay luego que se vendió Chau y nació Yamó. “Trabajé un tiempo, de manera alternada, ya no estuve todos los días”, menciona.</p>
<p>Comparte otra anécdota. “Con el Toro Martín habíamos pedido aumento de sueldo y no recibimos una respuesta. Un sábado a la medianoche, el horario de mayor concurrencia, el Toro me dijo ‘vamos a preguntarle a Oscar por el aumento ¿me acompañás?’ Mi primera respuesta fue ‘¿ahora?’, pero fui con él. Directamente le planteó ‘con Jorge tomamos una decisión, sino tenemos una respuesta nos vamos’. Si se iba el DJ no cualquiera podía reemplazarlo, que me fuera yo no pasaba nada. Nos pusimos de acuerdo en el acto, pero Oscar nos dijo ‘el lunes vamos a conversar’”.</p>
<p>En este sentido, valora que “más allá de que a veces discutíamos, porque la convivencia no es fácil, siempre armaba buenos grupos y nos decía: ‘luego de hora, si se tienen que decir algo, cierran con llave y se pelean. Cuando se abre el boliche, ustedes son hermanos’. Realmente era así, a veces teníamos diferencias, la gente no las veía”.</p>
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<p>Hace dos años, en abril de 2023, Jorge se encontró con Aín en Tres Arroyos. “Tuve el gusto, el honor, de tomar un café con él”, expresa.</p>
<p>Conserva grabadas en la memoria las charlas en los tiempos de Chau y Askimay: “Me decía siempre algo que incorporé, entre tantas cosas. Te hablo desde mis vivencias, lo que hice mal te aconsejo para que no lo hagas, después uno va tomando su camino”.</p>
<p>En el cierre de la entrevista, Jorge cuenta que “Oscar se refería muchas veces a la familia, los valores. Tuve la suerte de trabajar con varios números uno como Oscar Ain, Eduardo Maschi, el turco (Luis) Serra, aprendés día a día”.</p>


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            Cien otoños para Inés
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<p>Por Valentina Pereyra</p>
<p>Fotos de Marianela Hut</p>
<p>Inés González dice que ha vivido mucho. Es la mayor de una familia de diez hermanos que ya no están, es la única que queda. Hoy, 20 de abril, cumple cien años. Pablo Neruda confesó, como ella, que había vivido y así lo testifica el cuadro con la foto del poeta que cuelga en una de las paredes del living de Inés. Las anécdotas no son esquivas a su memoria que está intacta. Los nombres saltan a su boca sin esfuerzo, los lugares de la infancia y los recuerdos. No tiene que pensar demasiado. Sus vivencias están tan presentes como si los años no hubieran pasado.  </p>
<p>El 20 de abril de 1925 nació la hija mayor de Antonio González y Francisca López, españoles de nacimiento y, por elección, colonos pobladores de estas pampas. La casa familiar, frente al Club “Partido por el Eje” de la Estación Vázquez, tenía tres habitaciones grandes para las mujeres y una más chica para los varones. La rodeaban los ligustrines. Al fondo un galpón en el que Antonio guardaba un camión Chevrolet viejo y las achuras y facturas de las carneadas. También en ese lugar dormían los crotos o pasajeros que no encontraban dónde pasar la noche. Siempre había un lugar calentito o una sopa para cenar en la casa de los González. Antonio trabajaba en el campo y junto a otros peones plantaron el monte de la estancia “El Mirador”. Francisca se ocupaba de la quinta, los pollos, las gallinas y otros animales. Cocinaba para la familia que año a año sumaba otro miembro. Tanto es así que, cuando creyeron, como dice Inés, que la máquina ya no producía más hijos, apareció el menor y más mimado del que ella fue madrina.</p>
<p>A Inés le encantaba ir a la escuela que en esa época sólo tenía hasta cuarto grado. Tanto quería aprender que al llegar al último año le pidió a su maestra que la deje quedarse. Para eso tuvieron que elevar a inspección un informe donde decía que Inés era distraída y no se portaba muy bien, por eso necesitaba volver a hacer cuarto grado. Inés, hoy, se lamenta por no haber estudiado magisterio, agacha la mirada y se le nubla la vista cuando resignada dice: “Y, qué iba a hacer. No se podía”. Tuvo maestras que venían desde Chaves y una directora que vivía con su papá en el edificio de la escuela. Las tardes de invierno compartían en la cocina el mate cocido como una gran familia. Cuando ya no pudo seguir yendo a la escuela, siguió ayudando a su mamá en la casa.</p>
<p>Inés extrañó cuando se vino a vivir a la ciudad. “Yo sé que acá era mejor, pero me gustaba mi pueblo”.  Cuando todavía iba a la escuela le gustaba participar de las fiestas del lugar y lo hacía recitando. Un pianista y poeta, Antonio Goñi, escribía para ella los textos que repetía con gran elocuencia en el Centro Teatral Vázquez al que le decían “CETEVE”. Como era muy estudiosa sus maestras la elegían siempre para tomar parte y, mientras ella recitaba, Goñi la acompañaba tocando el piano. “Una vez hice un monólogo con un coche con un bebé al lado mío, como si fuera una madre. ¡Mira, la vida! Nunca tuve hijos”. Para Daniel, su esposo, el dolor de no ser padres los había unido. Los médicos, en ese entonces, les dijeron que no había razones físicas por la que no pudieran tener hijos, que podía ser la ansiedad y esperaron. Pero nunca llegaron. Al final de sus vidas se hizo callo el dolor y mutó en amor a sus sobrinos. El papá de Daniel le decía que Inés era una alhajita para tenerla en una caja. Fue lo más preciado para su esposo y lo es para todos los que festejan con ella cien años de su vida.</p>
<p>Inés termina esta parte del relato, baja la voz y la vista. Pero sin más comentarios se endereza y empieza a hablar de los bailes, de las mujeres que se ponían vestidos largos y de la orquesta de los hermanos Gáspari, oriunda de Chaves, encargados de amenizar las fiestas. Ella era hincha del Club “Partido por el Eje” que competía con el otro, el Vazquence. “Había familias enteras en el pueblo que eran hinchas de uno o de otro. El que estaba frente a nosotros pertenecía una parte a Chaves y otra a Tres Arroyos” de ahí el nombre. Los días que había partido de fútbol los hermanos y hermanas de Inés sacaban los bancos a la vereda, adelante del ligustro, y miraban para la cancha en primera fila. Pero, si había algún jugador golpeado, lo cruzaban a su casa para que recibiera asistencia de su madre, no sin que Francisca se asustara cada vez que llegaba alguna nariz sangrante.</p>
<p>Cuando las calles no tenían nombre el correo funcionaba en una dependencia de la casa de la familia Tosso; almacenes, boliches y casas rodeaban las manzanas de un pueblo que vibraba gracias a las vías del tren. “Había gente que vivía en el campo como don Julio Arana que tenía dos hijos varones que iban a la escuela con nosotros. Otros chicos estudiaban en el campo porque las maestritas que querían iban a darles clases”. La gente se empezó a ir del pueblo cuando dejó de pasar el ferrocarril, “eso mató mucho a Vázquez y a otros pueblos. Empleados, la gente que iba y venía de un pueblo a otro; las bolsas de avena, cebada, trigo que se guardaban en los galpones hasta que pasara el tren y las cargaban en los vagones. Todo eso se perdió”.</p>





<p>Entre las familias que emigraron de Vázquez: su prima Dolores González de Bidegain. Las visitas que Inés hizo a su casa marcaron su destino. En aquellos años la fábrica Istilart tenía más de mil empleados, entre ellos Daniel Brajovich, su esposo por más de sesenta años, que pasaban en sus bicicletas por el frente de la casa de la prima de Inés. Un rato antes de que sonara la sirena, señal de que la jornada laboral en la fábrica había terminado, las primas acomodaban sus sillas en el porche de la casa y salían a tomar el fresco y el mate. La muchachada saludaba y ellas respondían. Pero Daniel no pudo sacarse de la cabeza a aquella rubia de bucles que cordialmente movía la cabeza para retribuir su saludo.</p>
<p>En Semana Santa del año 1943, Daniel salió en bicicleta para la Estación Vázquez decidido a pedir la mano de Inés. Unos meses antes había rondado por el pueblo preguntando por ella. La mala suerte hizo que se cruzara con el viejo Basilio, un lugareño que, según piensa Inés, tuvo miedo de que ella también emigrara y, por eso, le dijo a Daniel que Inés tenía novio. Lejos de apesadumbrarse decidió no hacerle caso al viejo y tratar de encontrarla “por las suyas”. Seguro de que Inés estaba libre y lista para recibir su amor, se plantó frente a la casa de los González a pedir la mano de Inés y permiso para visitarla. Un hermano de la futura novia trabajaba en el correo y había advertido cómo aumentaba la frecuencia de la correspondencia entre Inés y Daniel. Entonces viajó a Tres Arroyos para averiguar más sobre la familia Brajovich. Pasaron 82 años de aquella Semana Santa en la que Daniel consiguió la autorización para noviar con Inés y, como sacrificio de agradecimiento, se comió la especialidad de la casa: Torta gallega de bacalao (considerando que hasta el olor le producía arcadas, se puede afirmar que la amaba perdidamente).</p>
<p>El 8 de febrero de 1951, cuando Inés tenía 26 años, firmaron su compromiso de amor ante el escribano Menéndez en el Registro Civil de Sarmiento e Istilart en Tres Arroyos. La fiesta fue al día siguiente en Vázquez en la casa de la novia. Hubo pasteles, empanadas, asado y…peras. El papá de Daniel pensó que no podía llegar con las manos vacías y que no iba a alcanzar la comida para semejante familión, así que contribuyó con la fruta madura que fue muy bien recibida, especialmente cuando empezó a calentar el sol.</p>
<p>Inés, antes de casarse, se dedicaba a cuidar a sus hermanos y a ayudar a su mamá en los quehaceres de la casa. Cuando nació su hermano menor, también fue un poco su mamá. Lo entretenían para que no hiciera caprichos y, con sus hermanas, se cuidaban mucho de que su papá no les dijera “No hagan llorar a ese chico”. Para eso lo ponían a jugar a la lotería y cuando la luz les avisaba (bajaba y subía la intensidad) que estaba por cortarse (a las doce dejaba de funcionar el generador), una de las hermanas de Inés encendía la lámpara de kerosene para que, aunque los padres se acostaran, el menor de la familia pusiera fichas sobre el tablero hasta quedarse dormido. Inés velaba también por él cuando le alcanzaba la silla que su padre había comprado para que el chico se montara a tomar la teta mientras la madre lavaba.</p>
<p>Inés nunca dejó a su madre. Ni siquiera cuando Francisca se enfermó y ella ya estaba casada. La acompañó en la convalecencia durante tres meses en el Hospital Rivadavia de Buenos Aires. Daniel la visitaba de vez en cuando, pero nunca la dejó sola. “No me separé nunca de mi mamá. La trajimos en tren acostada en un banco sobre una frazada para que volviera más cómoda”. Murió a los 66 años por un ataque de presión y su papá, que vivió los últimos años en la casa de Daniel e Inés, a los 91 años.</p>
<p>“Todos los domingos íbamos a comer los tallarines a la casa de mis padres, yo extrañaba mucho, nunca dejé de extrañar esa vida”. Mitigaba la pena junto a su prima Dolores a la que considera una madre y que le enseñó a tejer al crochet. “Con los años me jubilé de tejedora”. Hacía trabajos por encargo, especialmente ajuares, mantitas para recién nacidos y ropa de bebé.</p>
<p>Vivieron en la casa de sus suegros en Pueyrredón 926 hasta que la prima de Inés los convenció de comprarse el terreno que vendían al lado de su casa. De a poco levantaron las paredes de una pieza, el baño y una sala de estar. Con el tiempo harían la cocina y otra habitación, el garaje, un galpón y plantarían flores y árboles. También la glorieta debajo de la que tomaban mate todas las tardes. Inés recuerda que Daniel se lamentaba de no haber alquilado una casita ni bien se casaron o de haberse construido la propia unos años antes. Mientras lo dice pone picardía en sus ojos cuando aclara el tiempo que convivieron con sus suegros.</p>
<p>Inés no se queja de nada, mira fotos y abraza recuerdos, pero sin abandonar la sonrisa. Mira por televisión a Darío Barassi, su conductor preferido de programas de entretenimientos, también Pasapalabra y se apura en responder antes que los participantes. Y lo logra. Y siempre correcta la respuesta, como dice Susana Giménez. Charla sobre temas que surgen en los programas periodísticos o en los noticieros, se preocupa por los niños y los jóvenes y entiende que el mundo en injusto cuando se mete con ellos. Entre sus temas preferidos: Boca “Lo quiero a Cavani”.</p>
<p>Todos los sábados al mediodía tiene cita para almorzar con Carlos Domínguez, el esposo de su sobrina Marcela Brajovich. Despuntan el vicio de la conversación que profundizaron durante la pandemia. Inés vivió seis meses con sus sobrinos. Fue la compañía de Carlos durante las madrugadas en las que él se quedaba trabajando en planos que tenía que entregar. El mate, la computadora y la tía que siempre tenía algo para contarle. “Ahora no puedo hacer mucho y a la tarde no ando demasiado porque tengo miedo de caerme, así que me quedo adentro y escribo cosas sobre lo que escucho y veo en la televisión, escribo pensamientos que me aparecen”.  Una foto con el doctor Luciano Matta revela el amor que le tiene y se admira de cómo él se ocupó de Daniel hasta el final: “Me dice que me cuida desde el cielo, y me cuida, es cierto”.</p>
<p>Hoy se festeja. Sobrinos González, sobrinos Brajovich, Daniel siempre en ella. Hoy se festeja porque Inés quiere estar bien y pasar este día redondo, centenario con su familia amada, “hasta que Dios quiera…”</p>
</p>




















El festejo de los 100










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            “Los recuerdos de Tres Arroyos siempre estarán en mi corazón”
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Maximiliano Ibáñez no olvida sus raíces. Hoy, radicado en Murcia (España) junto a su familia, trabaja en el sector de logística de la cadena de empanadas argentinas y pizzas napolitanas Mano a Mano, cuyos responsables son las familias Errazu de nuestra ciudad y Ioffredo de Italia. Su vida en el viejo continente y mucho más, en esta nota con La Voz del Pueblo



<p></p>



Por Luciano Moran



<p>Maximiliano Ibañez (35) nació en Tres Arroyos y hace 7 años que vive en España junto a su esposa “Lizzy” (marplatense) con quien tiene una hija llamada Olivia, quien el 25 de febrero cumplirá 3 años de vida.</p>



<p>Se desempeña en el área de logística de Mano a Mano, una cadena de empanadas argentinas y pizzas napolitanas con sede en Murcia, cuyos dueños son la familia tresarroyense Errazu y la italiana Ioffredo. Otro ejemplo más de que viajar para sumar experiencias y encarar nuevos desafíos, es posible en este mundo.</p>



<p>El hecho de probar suerte y experimentar otras vivencias que apunten a abrir su mente y lo hagan a su vez salir de su zona de confort para desafiarse a sí mismo, son algunas de las razones que explican el camino que este joven optó para cumplir sus sueños trabajando y viajando al mismo tiempo.</p>



<p>En conversación telefónica con La Voz del Pueblo (mediante WhatsApp), el protagonista de esta historia Maximiliano Ibáñez, en primer lugar, contó que “la luz de sus ojos” (Olivia) nació en Lloret de Mar, un municipio catalán de la Costa Brava famoso por sus playas mediterráneas, situado en la provincia de Gerona.</p>



<p>“Ahí vivimos un tiempo hasta que decidimos mudarnos al sur de Murcia, donde estamos trabajando y residiendo actualmente con mi pareja. El pueblo se llama Rincón de Seca, un lugar familiar con muchas casas y pocos edificios. Una zona altamente calurosa durante gran parte del año, ya que el invierno casi que no existe aquí”, subrayó al comienzo de la charla con este diario.</p>



<p>La decisión de mudarse fue más que nada por un tema familiar. Sobre ello, agregó que “tengo a mi hermano viviendo aquí con mi cuñada y sobrinos, hace 3 años. Lo que sucedió fue que recibí una oferta laboral de Mariano Errazu, un íntimo amigo de mi hermano de Tres Arroyos que con su familia montó un negocio de pizzas napolitanas y empanadas argentinas, el cual poco a poco ha ido creciendo en gran forma”.</p>



<p>Ese progreso sostenido a lo largo de los últimos años, le posibilitó ingresar a desempeñarse en Mano a Mano en el sector de logística. “Es un espacio completamente nuevo para mí porque anteriormente trabajé en otra fábrica de Catalunya en el ambiente del pescado, siendo encargado de un turno. Realmente, no conocía el área en la que ahora estoy hasta que llegué a acá”, sostuvo tras valorar el crecimiento que logró dentro de la misma.</p>



<p>En cuanto a su formación profesional, cabe mencionar que Maxi se graduó como periodista deportivo en Mar del Plata (DeporTEA). Tras culminar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional, recordó con alegría que “a la feliz me fui en 2008. En 2010 me recibí y hasta el 2014/2015 ejercí pura y exclusivamente como periodista deportivo. Trabajé en el Diario Atlántico, en el portal de noticias El retrato de Hoy y estuve en Radio Continental. Los últimos 2 años lo hice en la oficina de prensa de la Municipalidad marplatense. Aprendí muchísimo en cada lugar que estuve”.</p>



El arribo a España



<p>Claro está que los comienzos en Europa no fueron nada fáciles, aunque las cosas de a poco se fueron acomodando para él. “Llegamos en 2018, estuve 3 meses sin poder trabajar porque no tenía la residencia. Cuando la obtuve -por estar casado con una ciudadana de la Unión Europea debido a que mi esposa tiene nacionalidad italiana- pude entrar en una fábrica de pescado, muy alejado de lo que yo había hecho anteriormente”, recordó.</p>



<p>Mencionó que pasó por todos los puestos, desde tirar la basura en lo que era el patio de un frigorífico de pescado “a cortar el producto, envasarlo, etiquetarlo y preparar los pedidos que iban directamente a los supermercados. Luego de todo eso, llegué a ser encargado. Aprendí un montón”.</p>



Junto a su esposa “Lizzy” e hija Olivia de paseo por Murcia



<p></p>



<p>Luego de su estadía allí, cambió de aire. El ser padre le cambió la cabeza por completo. Priorizó otras cosas y decidió buscar nuevos horizontes. “Antes de estar casados, viajamos por separado a Europa. Estuvimos un tiempo de vacaciones recorriendo diferentes países, eso nos abrió la cabeza encontrándonos con realidades diferentes, otras vivencias y culturas. España al tener el mismo idioma y no ser una barrera, nos permitió acomodarnos con la ayuda de amigos y familias, con quienes siempre estaremos agradecidos porque este presente también se lo debemos a ellos”, indicó Ibáñez.</p>



<p>Aconsejó a quienes deseen emigrar “que se informen mucho previamente y tengan paciencia por tema trámites. De a poco las cosas se van dando. Uno tiene que saber aprovechar las oportunidades porque nadie te regala nada”.</p>



<p>Con la voz entrecortada, Maxi remarcó que ser padre “es único y maravilloso, algo que siempre me hace tener presente a mi país de origen. Mis viejos viven en Tres Arroyos (mi padre fue empleado de farmacia y mamá tiene un kiosco) y ´Lizzy´ tiene también a su familia en Argentina. La distancia es mucha, es difícil no compartir cumpleaños o fiestas con familiares y amigos, pero uno se tiene que hacer cargode la decisión que tomó y afrontarla como tal. No queda otra”.</p>



En la memoria



<p>Durante todo el transcurso de la nota dijo que “mi corazón siempre va a estar en Tres Arroyos porque cuando vamos reviven los recuerdos a flor de piel. La infancia, la vereda de mi casa, tomar mate con mis abuelos, jugar al fútbol con mis amigos del barrio, pasar por la escuela, por la cancha de Huracán y la quinta que tiene el club en la Ruta 288, fueron muchos años de mi vida ahí. Hice lo que mejor pude de 5 como mediocampista (risas)”.</p>



<p>Con énfasis, hizo referencia a que diariamente se mantiene informado con lo que sucede en su ciudad natal y que “siempre está el deseo de volver, en principio de vacaciones, a Tres Arroyos. No me arrepiento del camino que elegí, los recuerdos los llevo muy dentro mío. Continuamente hay tiempo para revivir viejas anécdotas y reír a pesar de la distancia. Mis viejos pudieron venir para el nacimiento de Olivia, cosa que no me voy a olvidar jamás”.</p>



La Renga y Maradona: dos pasiones juntas en una visita a Nápoli (Italia) 



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<p>El destino europeo mencionado fue elegido para “alcanzar cierta calidad de vida que hoy es difícil encontrar en Argentina. Algo que no pasa únicamente por el dinero, sino por vivir tranquilo y tener la chance de viajar y conocer otras culturas, de enriquecerse con las experiencias que te regala la vida. Siempre tuvimos y tendremos que trabajar para cumplir nuestros sueños. Salir de tu zona de confort, tiene su peso. Pero es necesario para crecer desde otro lado”.</p>



<p>Pese a que hoy por hoy no está dentro de sus planes emprender el regreso, no descartó la posibilidad a futuro de pegar la vuelta para Tres Arroyos. “Sería una opción más que viable porque es la ciudad que me vio nacer y crecer, mi esposa estuvo varias veces y ya ha sido tema de conversación en más de una oportunidad. Vivimos el día a día, estoy contento y disfrutando de la vida que es una sola. Doy gracias por tener trabajo, poder viajar y seguir construyendo esta linda familia que me toca encabezar”, valoró.</p>



<p>Antes del cierre, Maximiliano Ibañez explicó que el estar lejos del país que lo vio nacer le hizo perder varios momentos importantes, “pero en España tuve la chance de estar cerca de mi tierra cuando por ejemplo tuve la suerte de ver jugar a mi querido Boca Juniors en el mítico y glorioso Camp Nou ante el Barcelona de Messi, de ver a La Renga acá y en Italia y de viajar. Feliz por la vida que llevo”, concluyó agradecido por el contacto una persona que aún tiene muchos proyectos y sueños por cumplir. Alguien que va por buen camino…</p>



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                <updated>2025-02-09T11:21:47+00:00</updated>
                <published>2025-02-09T11:30:00+00:00</published>
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            Día del empleado de comercio: “Lo volvería a hacer porque me encanta”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4osdojI-P7BXTtbstXHBmNdJDpY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/09/Silvia-4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Es amplia la trayectoria que tuvo Silvia Sleiman en atención al público. En Casa Oscarcito y luego, durante más de tres décadas en Casa Spenza. Agradece a la vida por haber formado parte de esta actividad que tanto le gusta</p>
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<p>Silvia Sleiman describe con alegría sus experiencias como empleada de comercio, tarea que desarrolló hasta marzo de 2020. Aprendió en los lugares donde trabajó, disfrutó del contacto con el público y sigue vinculada al rubro a través de la Casa del Jubilado, del Sindicato Empleados de Comercio, donde integra el grupo de Las Mercantiles.</p>
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<p>Nació en Tres Arroyos, la vivienda familiar estaba ubicada en Rocha al 200 y allí residió hasta los 25 años. “Tuve una infancia muy linda, simple, de gente humilde; la niñez de aquella época, de barrio. Mi papá, muy conocido, Don Camilo (Kamel Sleiman) tenía un almacén en Rocha 270, y mi mamá era Amanda Teti. Soy hija única”, indica.</p>
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<p>Realizó los estudios primarios en la Escuela 29 y la secundaria en el Colegio Nacional, cuando se encontraba ubicado en la segunda cuadra de calle Chacabuco (edificio donde luego funcionó el Colegio Manuel Belgrano y que pertenece actualmente al mencionado sindicato). “Hice perito mercantil -puntualiza-. Por entonces era bachiller a la mañana y perito mercantil por la tarde; soy promoción 1969, estamos próximos a cumplir 55 años de egresados”.</p>
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<p>Cuenta que para estudiar una carrera universitaria, había que radicarse en otra ciudad: “No quise hacerlo, decidí quedarme en Tres Arroyos. Entré a trabajar en Casa Oscarcito, un negocio de mercería y ropa en calle Chacabuco, en la cuadra 400-500; a los pocos meses de que ingresé, se trasladaron a Colón 372, donde actualmente está el local de Quintela. El dueño era don Nicolás Ain y su esposa Jacinta”. Hace referencia a los hijos de ellos, Mary Ain, quien luego abrió el comercio Todo Ropa en calle Lavalle; y Oscar.</p>
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<p>En Casa Oscarcito fue empleada durante ocho años, “hasta que cerraron. En esos años me casé (con Diego Lazarte, ya fallecido), nació mi primer hijo Maximiliano”. En un período siguiente, no trabajó, tuvo lugar el nacimiento de su segundo hijo Fernando. Silvia señala que “un día me fueron a buscar de Casa Spenza, pensé ‘bueno dos o tres años voy a atender, porque es lindo’. Estuve 35 años, me jubilé y seguí hasta el 19 de marzo de 2020, Spenza ya había decidido cerrar. Mi último día laboral fue cuando se anunció el aislamiento por la pandemia de Covid-19”.</p>
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<p>En este comercio, “los patrones fueron primero María y Julio Spenza. Siguieron Néstor y Daniel, en la última etapa estuvo Néstor. Fueron tiempos con vivencias muy enriquecedoras, por supuesto hubo cosas buenas y malas, alegres y tristes, se comparten muchas horas. Es un trabajo que quise e hice con mucho cariño, porque a mí me gusta el contacto con la gente”.</p>
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<p>Aprendió mucho “con la señora de Ain. Era hija de árabe, sabía sobre comercio. Me enseñó que el cliente tenía que irse del negocio con un paquete, si iba a buscar algo y no había, vendele otro producto. Con la familia Spenza también sumé conocimientos, la actividad fue cambiando”.</p>
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<p>Siempre se desempeñó en atención al público, sobre lo cual dice que “amé la sección lencería de Spenza. La pasé muy bien y me siento agradecida con los dos comercios de los que formé parte, han sido muy buenos conmigo, muy atentos”.</p>
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<p>Ocasionalmente, se cruza en las veredas con quienes fueron clientes, “se acuerdan de mí -subraya con satisfacción-. Comentan ‘yo le compraba’. Le vendí guardapolvos para los hijos y ahora me muestran a sus hijos grandes, tienen nietos. Fueron muchos años, generaciones”.</p>
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El hogar
<p>Habla de sus dos hijos, de los cinco nietos, “tres de uno y dos del otro. El más chiquito tiene diez años”.</p>
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<p>Sostiene que “mi papá cuando yo nací tenía 44 años, era mayor que mi madre, ambos fueron bárbaros. El era sirio, nunca tuve un no, pero tenía una forma clara de decir ‘tal cosa no está bien’; y ella nació en Argentina, era hija de inmigrantes italianos”. Sobre su crianza, Silvia rememora que “a veces cuando sos joven no le das tanta relevancia a lo que te marcan, recuerdo con claridad todo y tenían razón”.</p>
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<p>Sonríe y destaca que “me han salido hijos buenos, gracias a Dios son trabajadores. Mi nieto mayor es peluquero, uno estudia en la universidad, otros en el colegio, me siento orgullosa de mi familia”.</p>
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Muy activa
<p>Integra el grupo de mujeres Las Mercantiles en la Casa del Jubilado, del Sindicato Empleados de Comercio. “Vamos todos los lunes, es un encuentro para hacer algo distinto”, afirma.</p>
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<p>Define a la comisión directiva del gremio mercantil como “excelente, con Roberto (Di Palma) a la cabeza. Todos sus miembros y colaboradores son muy buena gente”:</p>
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<p>Llevan adelante actividades a beneficio. Como ejemplo, expresa que “este año nos compraron lana y nosotras tejimos sweaters, remeras, pulóveres, camperas, gorros. Los llevamos a la Escuela 13, quedaron muy contentos”.</p>
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<p>Del mismo modo, relata que prepararon alfajores para el Día del Niño y los obsequiaron a la guardería Mis Soles; el Día de la Madre, en 2023, entregaron bolsitas con donaciones a abuelas del geriátrico municipal.</p>
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<p>Valora que “el sindicato se preocupa mucho. Mientras trabajé, no estaba Roberto en ese período, cuando necesité algo me dieron una respuesta. Y la comisión que tenemos ahora -reitera- es excelente. Realizan sorteos de órdenes de compra para los chicos que trabajan, hay afiliados que juegan al fútbol, otros practican atletismo, nadan, corren en bicicleta. Apoyan a todos, a los jubilados nos ayudan un montón”.</p>
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<p>Silvia además cursa talleres en CRESTA, va a gimnasia, a yoga y “al radioteatro 440 que dirige Karina Arias, que pertenece al centro de adultos mayores de la Municipalidad. Es un grupo hermoso, ya hemos actuado y ahora estamos ensayando para volver a actuar”.</p>
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<p>Vuelve a sonreír y exclama que “no realizo más actividades porque no me alcanza el día. Hay que atender a los nietos, hacer algo en casa”.</p>
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Desde el alma
<p>La capacidad de escuchar es importante para un empleado mercantil, porque “el cliente te cuenta parte de su vida, sus cosas, su historia, las alegrías y problemas. A lo mejor venían a comprar un vestido porque tenían una fiesta, compartían sus sentimientos”.</p>
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<p>Hasta el día de hoy le sucede que está en un negocio, va a comprar algo, y “me sale desde el alma decirle a una señora, ‘llevese la prenda de este tamaño porque le va a quedar bien, es para usted’. ¡Son tantos años!”, concluye con gratitud.</p>
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