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    <title>La Voz del Pueblo</title>
    <subtitle>Informate con las noticias de Argentina y el mundo.</subtitle>
    <updated>2026-05-30T14:46:14+00:00</updated>
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            Cuando el apellido pesa: liderazgo y conflictos en la empresa familiar
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/54-Y6l4bLeMlx5XN1YlXAOp1KnQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/ilustracion_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En la empresa familiar, el organigrama y el árbol genealógico se superponen. Esa singularidad es su mayor fortaleza —y también la fuente de sus conflictos más difíciles de resolver.</p><p>Como sabemos, las empresas familiares representan más del 70% del tejido empresarial en América Latina. Son motores de empleo, reservorios de cultura y, en muchos casos, proyectos de vida que atraviesan generaciones. Sin embargo, también concentran una paradoja que pocas organizaciones conocen con tanta intensidad: la misma intimidad que las hace resilientes puede volverlas frágiles cuando el conflicto toca la puerta.</p><p>El problema no es que haya conflictos (toda organización los tiene). El problema es que en la empresa familiar los conflictos nunca son sólo laborales. Detrás de una discusión sobre estrategia se esconde, frecuentemente, una vieja disputa entre hermanos. Detrás de una decisión de sucesión, décadas de expectativas no dichas. El rol del líder en este contexto exige una capacidad que va mucho más allá de la gestión técnica.</p><p>&nbsp;</p>El doble vínculo del líder familiar<p>Quien lidera una empresa familiar carga con un doble mandato: dirigir una organización con criterios de eficiencia y rentabilidad, y simultáneamente, preservar los lazos que dan sentido al proyecto colectivo. Estos dos imperativos no siempre apuntan en la misma dirección.</p><p>Un padre-fundador que debe prescindir del desempeño de un hijo, un hermano mayor que debe ejercer autoridad sobre el menor, una segunda generación que quiere modernizar lo que la primera construyó con esfuerzo y dedicación; cada uno de estos escenarios activa dinámicas emocionales que ningún manual de management contempla.</p><p>El liderazgo en este contexto requiere lo que los especialistas llamamos diferenciación: la capacidad de actuar desde el rol profesional sin perder el vínculo afectivo, y de sostener el vínculo afectivo sin que éste paralice las decisiones necesarias. Es una habilidad compleja, y su ausencia es la raíz de la mayoría de los conflictos crónicos en estas organizaciones.</p><p>&nbsp;</p>El legado como horizonte<p>En el fondo, la pregunta que atraviesa el liderazgo en la empresa familiar no es solo "¿Cómo resolvemos este conflicto?" sino "¿Qué empresa queremos ser dentro de diez años, y qué familia queremos seguir siendo?". Esas dos preguntas deben hacerse juntas, porque en estas organizaciones una no tiene respuesta sin la otra.</p><p>Los conflictos no resueltos destruyen empresas familiares que, en términos de negocio, eran viables. Y también separan familias que, con mejores herramientas, podrían haber encontrado la manera de coexistir (dentro o fuera de la empresa). El liderazgo con visión de largo plazo es aquel que no elude esa tensión, sino que la aborda como parte esencial de su responsabilidad.</p><p>Construir ese liderazgo (consciente, diferenciado, capaz de sostener la ambigüedad sin paralizarse) es quizás el trabajo más difícil que una empresa familiar puede emprender. Y también el más inteligente.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/54-Y6l4bLeMlx5XN1YlXAOp1KnQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/ilustracion_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-05-30T14:46:14+00:00</updated>
                <published>2026-05-30T14:42:51+00:00</published>
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            Resolución de conflictos en equipos de trabajo: una competencia clave para el liderazgo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ylXy_i64wJoItkEKGrih9miGtu4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/ilustracion_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los conflictos en los equipos de trabajo son inevitables. Donde hay personas con diferentes perspectivas, experiencias y objetivos, el desacuerdo es una consecuencia natural. Sin embargo, lo que distingue a un líder efectivo no es la ausencia de conflictos en su equipo, sino su capacidad para gestionarlos de manera constructiva.</p><p>Un conflicto mal manejado puede deteriorar el clima laboral, reducir la productividad y generar una rotación innecesaria de talento. En cambio, un conflicto bien resuelto puede fortalecer los vínculos del equipo, mejorar los procesos y abrir la puerta a soluciones innovadoras.</p><p>&nbsp;</p>¿Por qué surgen los conflictos?<p>Antes de intervenir, es fundamental entender el origen del problema. Los conflictos en equipos de trabajo suelen responder a alguna de estas causas:</p><p>-Diferencias de rol o responsabilidad: Cuando las funciones no están claramente definidas, es común que surjan fricciones por superposición de tareas o por vacíos de responsabilidad.</p><p>-Falta de comunicación: Los malentendidos y la información incompleta son combustible para el conflicto.</p><p>-Diferencias de valores o estilos de trabajo: No todos trabajan al mismo ritmo ni con las mismas prioridades, y eso puede generar tensión.</p><p>-Competencia por recursos: Tiempo, presupuesto, reconocimiento; cuando estos son escasos, la competencia interna puede volverse nociva.</p><p>-Relaciones interpersonales deterioradas: A veces el conflicto no es sobre el trabajo, sino sobre la relación entre las personas.</p><p>&nbsp;</p><p>Identificar la causa raíz es el primer paso para encontrar una solución real y duradera.</p><p>&nbsp;</p>Estrategias para una gestión efectiva<p>1. Intervenir a tiempo</p><p>Los conflictos raramente se resuelven solos. Ignorarlos o postergar su abordaje generalmente los agrava. Como líder, es importante desarrollar la habilidad de detectar señales tempranas: cambios en la dinámica del equipo, tensiones en las reuniones, comunicación evitativa entre colaboradores. Intervenir a tiempo evita que una chispa se convierta en incendio.</p><p>2. Escuchar antes de concluir</p><p>Uno de los errores más frecuentes al mediar en un conflicto es llegar con una solución predefinida. Antes de proponer cualquier camino, es imprescindible escuchar a todas las partes involucradas de forma individual y sin juicio. Esto no solo permite obtener una visión más completa de la situación, sino que también genera confianza: las personas necesitan sentir que su perspectiva es valorada.</p><p>3. Separar las personas del problema</p><p>Una técnica fundamental en la resolución de conflictos es distinguir entre la persona y el problema. El foco de la conversación debe estar en los hechos, las conductas y los impactos concretos, no en los rasgos de personalidad ni en juicios de valor. Reemplazar frases como "vos siempre..." por "en esta situación ocurrió..." cambia completamente el tono del diálogo.</p><p>4. Facilitar el diálogo entre las partes</p><p>Una vez escuchadas las perspectivas individuales, el líder puede propiciar un espacio de conversación conjunto. El objetivo no es determinar quién tiene razón, sino encontrar un terreno común. Preguntas orientadoras como ¿Qué necesitarías para que esto funcione mejor? o ¿Qué estás dispuesto a hacer de manera diferente? pueden desbloquear conversaciones que parecían imposibles.</p><p>5. Acordar soluciones concretas y hacer seguimiento</p><p>Una conversación sin acuerdos claros difícilmente resuelve algo. Es importante que al finalizar la mediación queden definidos compromisos específicos: Qué va a cambiar, quién es responsable de qué y en qué plazo. Y tan importante como llegar a ese acuerdo es hacer un seguimiento posterior para verificar que los cambios se sostengan en el tiempo.</p><p>&nbsp;</p>El rol del líder: mediador, no juez<p>Gestionar conflictos no implica imponer una solución ni declarar un ganador. El rol del líder en estas situaciones es el de un facilitador que crea las condiciones para que las partes puedan resolver sus diferencias de manera autónoma y respetuosa.</p><p>Esto requiere desarrollar competencias como la inteligencia emocional, la escucha activa, la comunicación asertiva y la capacidad de mantener la calma en situaciones de alta tensión. Ninguna de estas habilidades es innata; todas se pueden aprender y fortalecer con práctica y reflexión.</p><p>&nbsp;</p>Un conflicto bien gestionado es una oportunidad<p>Los equipos que aprenden a atravesar conflictos de manera constructiva se vuelven más resilientes, más cohesionados y más creativos. La diversidad de opiniones, cuando se canaliza bien, es una fuente de riqueza y no de división.</p><p>Como líder, tu manera de gestionar el conflicto también envía un mensaje al equipo sobre la cultura que querés construir: una cultura donde se puede disentir con respeto, donde los problemas se hablan en lugar de ocultarse, y donde la colaboración prevalece sobre la competencia interna.</p><p>En definitiva, la resolución de conflictos no es una tarea incómoda que hay que evitar, sino una de las habilidades más poderosas que un líder puede desarrollar.</p><p>Liderar con inteligencia emocional: la clave para resolver conflictos en el equipo</p><p>Cuando el conflicto emerge dentro de un equipo, la respuesta del líder no debería ser solo técnica ni jerárquica. Debería ser, ante todo, humana.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ylXy_i64wJoItkEKGrih9miGtu4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/ilustracion_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-05-23T16:19:53+00:00</updated>
                <published>2026-05-23T16:16:04+00:00</published>
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            El liderazgo que viene: cultura, propósito y personas en el centro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4L6m1m90QP3HxUIiz-mLdxVBanQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/foto_lasaga.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Si tuviéramos que resumir todo lo que está cambiando en el mundo de las organizaciones en una sola idea, sería esta: las empresas que van a prosperar en los próximos años no serán las que tengan la mejor tecnología ni las que muevan más capital. Serán las que sepan construir equipos que quieran estar ahí.</p><p>Suena simple. No lo es. Pero es, cada vez más, la ventaja competitiva más real y más difícil de copiar.</p><p>A lo largo de estas notas recorrimos tres territorios que, vistos de cerca, parecen distintos pero que en realidad son partes de un mismo todo.</p><p>Primero, la cultura. Ese tejido invisible que determina cómo se toman las decisiones, cómo se trata a las personas y qué se considera aceptable dentro de una organización. La cultura no se decreta: se construye en cada conversación, en cada reacción del líder ante un error, en cada pequeña decisión cotidiana. Un equipo con cultura sólida actúa con coherencia incluso cuando nadie mira. Eso es madurez organizacional.</p><p>Después, el propósito. La respuesta al "para qué" que transforma el trabajo en algo más que una serie de tareas encadenadas. Sin propósito, el talento cumple. Con propósito, el talento se entrega. Y en un mercado donde la rotación es cara y el compromiso es escaso, la diferencia entre cumplir y entregarse define resultados concretos, no sólo climas laborales agradables.</p><p>Y en el centro de todo, el liderazgo. No como posición jerárquica sino como práctica diaria. El líder que escucha, que se acerca, que conecta el trabajo de cada persona con algo más grande, que exige con respaldo y celebra con genuinidad. Ese líder no solo logra objetivos: construye algo que perdura.</p><p>&nbsp;</p>El futuro ya está eligiendo<p>Las nuevas generaciones que hoy pueblan los equipos de trabajo no llegaron dispuestas a sacrificar sentido por estabilidad. Preguntan para qué antes de preguntar cuánto. Eligen empresas con las que se identifican. Se van cuando sienten que su energía no vale lo que están dando.</p><p>Eso no es capricho generacional. Es una señal clara sobre hacia dónde va el mundo del trabajo.</p><p>Y las organizaciones que lo entendieron temprano ya están cosechando los beneficios: menos rotación, más innovación, equipos que se auto-gestionan con criterio, clientes que perciben la diferencia en cada punto de contacto.</p><p>Porque sí: la cultura interna se siente afuera. Un equipo motivado y con propósito atiende diferente, propone diferente, resuelve diferente. El cliente no siempre sabe por qué, pero lo percibe. Y esa percepción construye fidelidad.</p><p>&nbsp;</p>El liderazgo como legado<p>Hay una pregunta que sintetiza todo esto y que vale la pena llevarse:</p><p>¿Qué va a quedar de tu liderazgo cuando ya no estés?</p><p>No en términos de resultados trimestrales ni de proyectos cerrados. Sino en términos de personas. ¿Cuántas crecieron bajo tu conducción? ¿Cuántas encontraron en ese equipo un lugar donde dar lo mejor de sí? ¿Cuántas llevan consigo, en su manera de trabajar y de relacionarse, algo de lo que vivieron en esa cultura?</p><p>Eso es el legado real de un líder. No el producto terminado, sino las personas que aprendieron a construir mientras trabajaban con él.</p><p>El liderazgo que viene no es el del que más sabe ni el del que más impone. Es el del que más activa. El que convierte un grupo de personas en un equipo con identidad, con norte y con ganas genuinas de llegar juntos.</p><p>&nbsp;</p>Conclusión<p>Cultura, propósito, liderazgo. Tres palabras que se dicen fáciles y se construyen con tiempo, con coherencia y con valentía.</p><p>Valentía para tener las conversaciones incómodas. Para reconocer lo que no funciona. Para apostar por las personas antes de tener garantías. Para liderar desde la cercanía sin perder la dirección.</p><p>El futuro de las organizaciones no está escrito. Pero hay algo que sí es cierto: lo van a escribir los líderes que hoy decidan poner a las personas en el centro.</p><p>Y esa decisión, siempre, empieza por uno mismo.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4L6m1m90QP3HxUIiz-mLdxVBanQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/foto_lasaga.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-05-16T15:59:48+00:00</updated>
                <published>2026-05-16T15:56:20+00:00</published>
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            Sin propósito, el talento se va
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/O4XiDl2aWurC6US87AGjOiddVfM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/foto_texto_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Martina Lasaga (*)</p><p>&nbsp;</p><p>Hay algo que ningún salario puede reemplazar y que, sin embargo, pocas empresas saben cómo construir: la sensación de que lo que hacemos importa.</p><p>No importa en abstracto. Importa de verdad. Importa para alguien, para algo más grande que el número de fin de mes.</p><p>Eso es el propósito. Y en los equipos de trabajo, hace toda la diferencia.</p><p>El gran malentendido sobre la motivación</p><p>Durante décadas, el modelo de motivación empresarial fue bastante simple: pagá bien, ponés incentivos, la gente rinde. Y funciona. Hasta cierto punto.</p><p>El problema es que ese modelo explica el esfuerzo mínimo necesario, no el compromiso real. Una persona puede cumplir sus objetivos perfectamente y estar completamente desconectada de lo que hace. Ir, ejecutar y volver a casa sin que nada de ese trabajo la toque por dentro.</p><p>Eso no es motivación. Es cumplimiento.</p><p>La diferencia entre un equipo que cumple y un equipo que se entrega está, casi siempre, en si esas personas entienden por qué hacen lo que hacen. No el "qué" ni el "cómo": el "para qué".</p><p>&nbsp;</p>El propósito no es un eslogan<p>Así como decíamos en la nota anterior que la cultura no es lo que se declara sino lo que se vive, el propósito tampoco es la frase del manual de bienvenida.</p><p>El propósito es lo que conecta el trabajo cotidiano —a veces rutinario, a veces difícil— con algo que tiene sentido. Y esa conexión no la instala un PowerPoint. La construye el líder, en conversaciones reales, en decisiones concretas, en la manera en que le explica a su equipo cómo lo que ellos hacen impacta en alguien.</p><p>Una persona del área administrativa de una inmobiliaria, por ejemplo, podría ver su trabajo como "cargar datos y procesar documentos". O podría verlo como "ser parte del proceso que le permite a una familia tener su primer hogar". Mismo trabajo. Perspectiva completamente distinta. Y esa perspectiva cambia la energía con la que se abre la computadora cada mañana.</p><p>El líder es quien hace o deshace esa conexión.</p><p>&nbsp;</p>Motivación intrínseca: el combustible que no se agota<p>La psicología organizacional distingue dos tipos de motivación. La extrínseca viene de afuera: el bono, el reconocimiento público, la posibilidad de ascender. La intrínseca viene de adentro: el orgullo por hacer algo bien, el disfrute del proceso, la satisfacción de crecer.</p><p>La motivación extrínseca es poderosa pero volátil. Depende de estímulos externos que no siempre están disponibles y que, con el tiempo, se naturalizan: el aumento que el mes pasado era una celebración, hoy ya es "lo que corresponde".</p><p>La motivación intrínseca, en cambio, se sostiene sola. Y se alimenta de propósito.</p><p>Cuando alguien encuentra sentido genuino en su trabajo, no necesita que le recuerden por qué esforzarse. Ya lo sabe. Lo lleva consigo.</p><p>El rol del líder en esto es fundamental: crear las condiciones para que ese sentido emerja. Dar autonomía. Confiar. Mostrar el impacto real del trabajo de cada persona. Celebrar no solo el resultado sino el proceso y el aprendizaje.</p><p>&nbsp;</p>Equipos con propósito compartido<p>Hay algo especialmente poderoso cuando el propósito no es sólo individual sino colectivo. Cuando el equipo completo entiende hacia dónde va y por qué vale la pena llegar ahí.</p><p>Esos equipos tienen algo que los diferencia a simple vista: se ayudan. No compiten entre sí de manera destructiva. Celebran los logros ajenos porque entienden que el éxito de uno es el éxito de todos. Atraviesan momentos difíciles con más resiliencia porque tienen un norte claro que los sostiene cuando las circunstancias tambalean.</p><p>Construir ese propósito compartido requiere conversaciones que muchas empresas evitan por considerarlas "blandas" o "poco prácticas". Conversaciones sobre valores, sobre impacto, sobre el tipo de organización que quieren ser. Sobre qué los enorgullece y qué los incomoda.</p><p>No son conversaciones blandas. Son las conversaciones más estratégicas que puede tener un equipo.</p><p>&nbsp;</p>Conclusiones<p>Si la nota anterior hablaba de que liderar es crear el ambiente donde otros pueden ser su mejor versión, esta agrega una capa: ese ambiente necesita estar impregnado de sentido.</p><p>La gente no se queda en una empresa solo por el sueldo. Se queda porque siente que pertenece a algo, que crece, que lo que hace tiene valor más allá de la facturación.</p><p>Y se va —aunque el sueldo sea bueno— cuando ese sentido desaparece.</p><p>El propósito no es un lujo para empresas grandes con departamentos de cultura. Es una decisión de liderazgo que está al alcance de cualquier equipo, de cualquier tamaño, en cualquier rubro.</p><p>La pregunta no es si tu empresa puede darse el lujo de trabajar el propósito.</p><p>La pregunta es si puede darse el lujo de no hacerlo.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/O4XiDl2aWurC6US87AGjOiddVfM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/foto_texto_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Conectar ambos elementos es fundamental para la realización personal, el desarrollo integral y el alto desempeño. Con él, el equipo se queda y crece]]>
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                                <category term="sociedad" label="Sociedad" />
                <updated>2026-05-09T14:55:35+00:00</updated>
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            Liderazgo y cultura de equipo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HJ7xM5N4faJ49rHEVAXVAJDf0Nc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/foto_texto_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay una pregunta que todo líder debería hacerse al menos una vez por semana: ¿Las personas de mi equipo se van a casa con más energía de la que llegaron, o con menos?</p><p>No es una pregunta trampa. Es una brújula.</p><p>Durante años, el liderazgo empresarial se midió en resultados, en números, en cuadros de mando. Y sí, los resultados importan. Nadie lo discute. Pero hay algo que empieza a quedar claro en las organizaciones que perduran y crecen: los resultados son la consecuencia, no el punto de partida. El punto de partida es la cultura.</p><p>&nbsp;</p>El equipo no es un recurso, es el negocio<p>Cuando hablamos de cultura de equipo, solemos caer en palabras grandes que suenan bien en presentaciones pero que poco se sienten en el día a día: "valores", "misión", "visión compartida". El problema no es que sean falsas. El problema es que muchas veces quedan enmarcadas en una pared y no caminan por los pasillos.</p><p>La cultura no es lo que se declara. Es lo que se tolera, lo que se celebra y lo que se ignora. Un líder que dice valorar la honestidad pero incomoda al que trae malas noticias, está construyendo una cultura del silencio, aunque no sea su intención.</p><p>Eso es lo más difícil y lo más poderoso del liderazgo: que se ejerce todo el tiempo, incluso cuando no nos damos cuenta.</p><p>&nbsp;</p>Cercanía no es debilidad<p>Existe un mito bastante arraigado en el mundo empresarial que dice que un líder debe mantener distancia para conservar autoridad. Que la cercanía afloja los límites. Que conocer a tu equipo te hace perder objetividad.</p><p>La evidencia dice lo contrario.</p><p>Los equipos donde los líderes se interesan genuinamente por las personas —no como performance, sino de verdad— muestran mayor compromiso, menor rotación y más disposición a dar lo mejor en momentos difíciles. No porque haya un contrato que los obligue, sino porque hay un vínculo que los convoca.</p><p>Cercanía no significa ausencia de exigencia. Significa que la exigencia viene acompañada de respaldo. Que cuando alguien se equivoca, la primera reacción no es el castigo sino la pregunta: ¿Qué necesitás para que esto salga mejor la próxima vez?</p><p>El líder que escucha transforma</p><p>En el contexto empresarial actual —con equipos híbridos, generaciones diversas, contextos de incertidumbre constante— la capacidad de escuchar se volvió una ventaja competitiva real.</p><p>No hablamos de escuchar para responder. Hablamos de escuchar para entender. Para detectar qué frena a una persona, qué la motiva, qué no está diciendo en las reuniones pero está pensando todo el tiempo.</p><p>Un líder que escucha bien toma mejores decisiones, porque tiene más información. Y no la información del reporte trimestral: la información de las personas que ejecutan, que conocen los problemas de primera mano y que muchas veces tienen las soluciones antes que la dirección.</p><p>&nbsp;</p>Cultura es lo que pasa cuando nadie mira<p>La prueba real de una cultura sólida no es cómo se comporta el equipo cuando el líder está presente. Es cómo se comporta cuando no está.</p><p>¿Se toman decisiones alineadas con los valores de la organización incluso en situaciones de presión? ¿Se cuidan entre ellos? ¿Se dan feedback honesto aunque sea incómodo? ¿Hay orgullo genuino por lo que hacen?</p><p>Si la respuesta es sí, ese líder construyó algo que trasciende su presencia. Eso es, en definitiva, el nivel más alto del liderazgo: no ser indispensable, sino haber cultivado un equipo que lleva los principios adentro.</p><p>&nbsp;</p>Conclusión<p>Liderar no es tener todas las respuestas. Es crear el ambiente donde las respuestas emergen. Es confiar en las personas antes de que lo demuestren. Es exigir con claridad y acompañar con genuinidad. Liderar es crear el ambiente donde otros pueden ser su mejor versión.</p><p>La cultura de equipo no se construye con un taller de un día ni con una frase en la pared. Se construye en la acumulación de pequeñas decisiones cotidianas: en cómo se abre una reunión, en cómo se recibe un error, en cómo se reconoce un logro.</p><p>Y en esa acumulación silenciosa, el líder está dejando su huella todo el tiempo.</p><p>La pregunta es qué tipo de huella querés dejar como líder de tu equipo…</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HJ7xM5N4faJ49rHEVAXVAJDf0Nc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/foto_texto_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-05-02T14:41:09+00:00</updated>
                <published>2026-05-02T14:38:13+00:00</published>
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            Liderar con propósito es la nueva ventaja competitiva
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/W5N0ygfca-sEkKk9k4tZ26yPSNc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ilustracion_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Martina Lasaga (*)</p><p>&nbsp;</p><p>El 65% de los profesionales más jóvenes elige su próximo trabajo basándose en el crecimiento que le ofrece, no solo en el salario. ¿Tus equipos lo saben?</p><p>Hubo un tiempo en que el desarrollo profesional era un beneficio adicional, algo que las empresas ofrecían cuando les sobraba presupuesto o para retener a alguien que ya tenía un pie fuera. Eso terminó.</p><p>Hoy, el crecimiento es la conversación central, y los líderes que no la están teniendo están, sin saberlo, dejando ir a las personas que más necesitan.</p><p>El trabajo ya no alcanza con ser "bueno"</p><p>Las nuevas generaciones de profesionales no buscan estabilidad en el sentido clásico. Buscan movimiento: aprender algo nuevo este trimestre, asumir un desafío diferente en el siguiente, sentir que dentro de un año son mejores que hoy. Si tu organización no puede ofrecerles eso, otra lo hará.</p><p>Pero hay algo más profundo que el desarrollo de habilidades: El propósito. ¿Para qué existe este equipo? ¿Qué problema resuelve? ¿Por qué debería importarme más allá del salario? Según Deloitte, el 60% de los empleados exige que su empresa tenga un compromiso ético y social visible. No alcanza con tenerlo en el sitio web: tiene que vivirse en las decisiones del día a día.</p><p>Las personas no renuncian a las empresas. Renuncian a los líderes que dejaron de invertir en ellas:</p><p>-65% de jóvenes profesionales prioriza el desarrollo sobre el salario y es más probable que se queden si perciben crecimiento real.</p><p>-60% exige compromiso ético y social a su empleador</p><p>Lo que hace la diferencia</p><p>Nadie recuerda al jefe que les asignó tareas. Todos recuerdan al líder que les mostró algo que aún no sabían que podían hacer. Ese es el tipo de liderazgo que construye equipos leales, comprometidos y que se superan constantemente.</p><p>No se trata de tener un presupuesto enorme para capacitaciones ni de implementar programas de coaching muy sofisticados, aunque si podés, hacelo.</p><p>Se trata de algo más accesible y más poderoso: la conversación honesta. ¿Cuándo fue la última vez que le preguntaste a alguien de tu equipo adónde quiere llegar? No adónde quiere llegar en esta empresa, sino en su carrera, en su vida profesional.</p><p>&nbsp;</p>Seis movimientos concretos<p>-Agenda conversaciones de crecimiento. Una vez por trimestre, dedica 30 minutos a hablar solo de desarrollo con cada persona de tu equipo. Sin agenda operativa, sin KPIs. Solo: ¿Qué querés aprender? ¿Qué te frena?</p><p>-Conectá las tareas con el propósito mayor. Antes de asignar cualquier proyecto, tomá un minuto para explicar por qué importa. Las personas trabajan distinto cuando entienden el para qué.</p><p>-Delegá con intención de desarrollo. La próxima vez que tengas que asignar algo desafiante, dáselo a quien lo necesita para crecer, no solo a quien ya sabe hacerlo.</p><p>-Celebrá el aprendizaje, no solo el resultado. ¿Tu equipo sabe que está bien fallar en el proceso de aprender algo nuevo? Si no, la cultura de crecimiento nunca va a despegar.</p><p>-Sé transparente sobre el futuro. Compartí hacia dónde va la organización, qué habilidades van a necesitarse. Las personas no pueden crecer hacia un destino que desconocen.</p><p>-El talento no escasea. Lo que escasea son los líderes dispuestos a cultivarlo con paciencia, con conversaciones honestas y con la convicción de que invertir en las personas es siempre la mejor estrategia de negocio.</p><p>El momento para empezar no es cuando tengas más tiempo. Es esta semana, en la próxima reunión con tu equipo.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/W5N0ygfca-sEkKk9k4tZ26yPSNc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ilustracion_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)El 65% de los profesionales más jóvenes elige su próximo trabajo basándose en el crecimiento que le ofrece, no solo en el salari...]]>
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                <updated>2026-04-25T16:30:10+00:00</updated>
                <published>2026-04-25T16:26:06+00:00</published>
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            ¿Bienestar mata talento, o son la misma cosa?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BP7PsoekyN_JEV9XPCfns14UTXw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ilustracion_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La respuesta de los datos es clara: no son opuestos, sino la misma moneda vista desde dos ángulos diferentes.</p><p>&nbsp;</p>¿Qué valoran los empleados hoy?<p>El trabajo flexible y remoto encabeza la lista de beneficios más valorados. Un estudio de McKinsey revela que el 87% de los profesionales prefiere modelos híbridos o remotos.</p><p>En cuanto a salud mental, el 51% de los trabajadores considera fundamental el acceso a sesiones de coaching, pero solo el 37% lo tiene disponible. Los empleados que cuentan con programas de fitness y asesoramiento nutricional tienen un 20% más de probabilidades de sentirse en buena forma, lo que reduce el absentismo y mejora la productividad.</p><p>Según un estudio de Gartner, más del 70% de los empleados prioriza los beneficios relacionados con la salud mental y la flexibilidad horaria por encima de un aumento del salario.</p><p>&nbsp;</p>El salario ya no alcanza<p>El salario hace tiempo que dejó de ser solamente la prioridad. Hoy se valoran otras compensaciones, y los paquetes de beneficios son una estrategia para mejorar la satisfacción, el desempeño y la fidelización del talento.&nbsp; Esto no significa que el dinero no importe, sino que dejó de ser el factor diferenciador.</p><p>Otro de los factores imprescindibles en la agenda organizacional es el desarrollo de talento y la capacitación constante. En la actualidad, el 65% de los jóvenes priorizan la formación y la posibilidad de tener mentorías para su desempeño laboral.</p><p>Y un factor clave es el sentido de propósito y el impacto que la empresa u organización genera tanto a nivel social como medioambiental. El 60% de los candidatos a la hora de elegir un empleo analiza el compromiso ético y de sostenibilidad que la organización tiene a futuro.</p><p>&nbsp;</p>El gap entre lo que se quiere y lo que hay<p>El 60% de los trabajadores considera fundamental que su empresa ofrezca servicios de bienestar, pero el 57% de quienes los valoran no tiene acceso a ellos actualmente.&nbsp; Ese desfasaje es donde las empresas pierden talento.</p><p>El dato más contundente: el 87% de los colaboradores consideraría dejar una empresa que no se preocupa por su bienestar.</p><p>La conclusión estratégica la sintetiza bien el informe de Deloitte: en 2026 el bienestar laboral deja de ser un conjunto de iniciativas aisladas y se convierte en un sistema operativo organizacional, con impacto directo en productividad, rentabilidad, innovación y sostenibilidad del liderazgo.</p><p>Entonces, el bienestar no mata al talento: la falta de bienestar sí lo espanta.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                <updated>2026-04-18T15:37:16+00:00</updated>
                <published>2026-04-18T15:34:09+00:00</published>
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            Talento y redefinición de la actividad laboral
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TSzLNyLdCqGfhK1MDO14tvaRCHo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/foto_texto_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Vivimos un momento bisagra para las organizaciones. La inteligencia artificial está redefiniendo qué hace una persona y qué hace una máquina. La volatilidad geopolítica presiona la cadena de valor. La incertidumbre estrecha los márgenes. Y en el centro de todo ese torbellino, los líderes empresariales enfrentan una pregunta que ya no puede postergarse: ¿Estamos construyendo organizaciones que retienen y desarrollan talento genuinamente, o solo los administramos hasta que se van?</p><p>&nbsp;</p>Retener ya no es suficiente<p>Las generaciones que hoy integran la fuerza laboral no buscan solo un salario. Buscan propósito, autonomía y desarrollo. Los estudios globales del último año revelan que más del 60% de los profesionales calificados estarían dispuestos a aceptar menor remuneración a cambio de mayor desarrollo y bienestar. Ante este escenario, las estrategias de retención basadas exclusivamente en beneficios económicos están perdiendo eficacia.</p><p>El liderazgo tiene aquí un rol central: el principal motivo por el que las personas abandonan una organización no es el trabajo en sí, sino a quién le reportan. Construir culturas organizacionales donde el liderazgo inspire, escuche y desafíe constructivamente es hoy una ventaja competitiva de primer orden.</p><p>&nbsp;</p>La IA no reemplaza al talento<p>El debate sobre si la inteligencia artificial destruirá empleos está mal planteado. La pregunta&nbsp; es: ¿Qué tipo de habilidades humanas serán más valiosas en un entorno donde las máquinas manejan lo repetitivo? La respuesta apunta hacia la creatividad, el pensamiento crítico, la empatía y la capacidad de tomar decisiones en contextos ambiguos. Son precisamente las capacidades que ningún algoritmo puede replicar con fidelidad.</p><p>Las empresas que están ganando esta transición no son las que adoptaron más tecnología, sino las que invirtieron en preparar a su gente para trabajar junto a ella. El 86% de los líderes globales reconoce que su organización no está lista para integrar la IA en sus operaciones cotidianas. Esa brecha representa, al mismo tiempo, el mayor riesgo y la mayor oportunidad de este tiempo.</p><p>&nbsp;</p>Aprender es el nuevo activo estratégico<p>El aprendizaje continuo dejó de ser un beneficio complementario para convertirse en una condición de supervivencia organizacional. Las empresas que diseñan roles con alto contenido de aprendizaje, que crean ecosistemas donde las personas se desafían y crecen, son las que logran retener al talento más valioso y adaptarse con mayor agilidad ante los cambios.</p><p>Esto requiere un cambio de mentalidad desde el vértice de la organización: pasar de medir la capacitación como un gasto a verla como inversión con retorno. Las organizaciones que aprenden más rápido que su entorno son las únicas que logran sostenerse en él.</p><p>&nbsp;</p>Una reflexión final<p>Un informe The State of Organizations 2026 de McKinsey, basado en más de 10.000 respuestas de altos ejecutivos en 16 industrias, revela que solo el 28% considera que su organización está preparada para enfrentar los cambios que se avecinan.</p><p>El principal obstáculo no es externo: el 38% señala sus propias estructuras organizacionales rígidas como la barrera más grande.</p><p>Las empresas tendrán que diseñar puestos con un alto contenido de aprendizaje continuo para que los empleados desarrollen las capacidades que marcarán la diferencia en un entorno impulsado por la IA. Además, para prosperar en estos tiempos geopolíticos inciertos, las empresas buscarán personas que demuestren resiliencia, flexibilidad, liderazgo y pensamiento creativo.</p><p>Entonces, las organizaciones que prosperen en los próximos años no serán necesariamente las más grandes ni las más tecnológicas. Serán las que hayan construido una cultura donde las personas quieran crecer, donde el aprendizaje sea cotidiano y donde el liderazgo entienda que su principal responsabilidad es liberar el potencial humano, no administrarlo.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                <updated>2026-04-11T15:19:21+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T15:15:43+00:00</published>
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            Estrategias para mejorar la gestión del tiempo en equipos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0hUi0aWsdSZLatcSWf-5Jh7CWXw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/texto_lasaga_foto.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La gestión eficiente del tiempo es uno de los factores más determinantes en la productividad y el bienestar de los equipos de trabajo. Sin una organización clara, las jornadas se saturan de tareas urgentes, reuniones innecesarias y distracciones que erosionan el rendimiento colectivo. A continuación se presentan estrategias concretas para optimizar el uso del tiempo en entornos empresariales.</p><p>Priorización de tareas con criterio claro. No todas las tareas tienen el mismo peso. Aplicar métodos como la Matriz de Eisenhower —que clasifica las actividades según su urgencia e importancia— permite al equipo distinguir qué debe hacerse de inmediato, qué puede planificarse, qué puede delegarse y qué conviene eliminar. Esta práctica reduce la sensación de saturación y orienta el foco hacia lo que realmente genera valor.</p><p>Planificación semanal y bloques de trabajo. Dedicar un momento al inicio de cada semana para definir objetivos y distribuir responsabilidades evita la improvisación diaria. Complementar esto con bloques de tiempo protegidos —períodos en los que cada integrante trabaja sin interrupciones en tareas de alta concentración— mejora la calidad de los resultados y reduce el tiempo total invertido.</p><p>Reuniones breves y con propósito definido. Las reuniones sin agenda clara son uno de los mayores consumidores de tiempo en las organizaciones. Establecer una duración máxima, definir un objetivo concreto y enviar los materiales con anticipación transforma las reuniones en instancias productivas en lugar de obligaciones que interrumpen el flujo de trabajo.</p><p>Delegación efectiva. Un equipo bien gestionado no depende de que una sola persona resuelva todo. Delegar tareas de acuerdo al perfil y la disponibilidad de cada integrante distribuye la carga de manera equitativa y desarrolla las capacidades del grupo. Para que la delegación funcione, es fundamental comunicar expectativas claras y establecer plazos realistas.</p><p>Cultura de revisión y mejora continua. Incorporar instancias periódicas de reflexión —ya sea al cierre de cada semana o al finalizar un proyecto— permite identificar cuellos de botella, ajustar procesos y reconocer qué prácticas están funcionando. Esta mirada crítica convierte la gestión del tiempo en un hábito colectivo y no en una responsabilidad individual.</p><p>La implementación de estas estrategias no requiere grandes inversiones ni cambios estructurales inmediatos. Con voluntad de mejora, comunicación abierta y herramientas adecuadas, cualquier equipo puede transformar su relación con el tiempo y alcanzar sus objetivos con mayor eficiencia y menor desgaste.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                <updated>2026-04-04T14:43:18+00:00</updated>
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            Herramientas de gestión del tiempo para líderes: ¿Cómo recuperar el control de tu agenda?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YNENOmRl6Rhthtqup-xECiYenA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ilustracion_lasaga_texto.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el mundo actual, el tiempo es el recurso más escaso y valioso que tiene un líder. A diferencia del capital o el&nbsp; talento, no se puede recuperar ni delegar en su totalidad. Los directivos y gerentes que logran gestionar su tiempo de manera efectiva no solo mejoran su productividad personal, sino que también potencian el rendimiento de sus equipos y el rumbo estratégico de sus organizaciones.</p><p>Sin embargo, la realidad cotidiana de muchos líderes está llena de reuniones interminables, correos que no paran de llegar y decisiones urgentes que desplazan lo verdaderamente importante. La buena noticia es que existen metodologías y herramientas concretas que pueden transformar esa dinámica.</p><p>&nbsp;</p>1. La matriz de Eisenhower: urgente vs. importante<p>Una de las herramientas más clásicas y efectivas para cualquier líder es la Matriz de Eisenhower, que clasifica las tareas en cuatro cuadrantes según su urgencia e importancia:</p><p>Urgente e importante: hacer de inmediato.</p><p>Importante pero no urgente: planificar y agendar.</p><p>Urgente pero no importante: delegar.</p><p>Ni urgente ni importante: eliminar.</p><p>El gran error de muchos líderes es pasar la mayor parte del día en el primer cuadrante, apagando incendios, cuando el verdadero crecimiento estratégico ocurre en el segundo. Aplicar esta matriz de forma disciplinada permite identificar qué merece realmente la atención del líder y qué puede delegarse.</p><p>&nbsp;</p>2. Bloqueo de tiempo: diseñar el día con intención<p>Consiste en asignar franjas horarias específicas a categorías de tareas, en lugar de reaccionar al flujo del día. Un CEO que dedica las primeras dos horas de la mañana exclusivamente a trabajo estratégico, sin interrupciones, logra más en ese bloque que en seis horas fragmentadas.</p><p>Algunas claves para implementarlo:</p><p>-Agrupar reuniones en bloques específicos del día para proteger el tiempo de trabajo profundo.</p><p>-Incluir bloques de amortiguación para imprevistos.</p><p>-Respetar el bloque de cierre diario para revisar pendientes y planificar el día siguiente.</p><p>-Herramientas digitales como Google Calendar, Microsoft Outlook o Fantastical permiten visualizar y sostener esta estructura de manera sencilla.</p><p>&nbsp;</p>3. Getting Things Done: vaciar la mente para pensar con claridad<p>El método GTD, desarrollado por David Allen, propone un sistema de cinco pasos para capturar, procesar y organizar todo lo que requiere atención: capturar, aclarar, organizar, reflexionar y ejecutar.</p><p>Para un líder, el beneficio más poderoso es liberar la mente de la carga de recordar todo. Cuando existe un sistema confiable donde cada tarea, compromiso e idea tiene su lugar, el líder puede concentrarse en pensar con claridad y tomar mejores decisiones.</p><p>Aplicaciones como Todoist, Things 3 o Notion son populares entre ejecutivos para implementar este enfoque.</p><p>&nbsp;</p>4. La regla de los dos minutos<p>Dentro del mismo universo del GTD existe una regla simple pero poderosa: si una tarea lleva menos de dos minutos, hacela ahora mismo. Este principio evita que pequeñas acciones se acumulen y generen una carga mental innecesaria que distrae al líder de lo sustancial.</p><p>&nbsp;</p>5. Eat the Frog: lo difícil primero<p>Basado en una frase atribuida a Mark Twain, este método propone comenzar el día con la tarea más difícil o importante, aquella que uno tiende a postergar. La lógica es sencilla: una vez completada esa tarea, el resto del día fluye con menos resistencia y mayor energía.</p><p>Para los líderes, esto generalmente significa dedicar la primera hora de trabajo a decisiones estratégicas, conversaciones difíciles o proyectos de alto impacto, antes de abrir el correo electrónico o entrar en reuniones.</p><p>Conocer cómo se usa el tiempo es el primer paso para mejorarlo. Muchos líderes se sorprenden al descubrir que la distribución real de su semana no coincide con sus prioridades declaradas.</p><p>&nbsp;</p>La revisión semanal: el hábito que todo lo sostiene<p>Ninguna herramienta o metodología funciona sin un momento de reflexión regular. La revisión semanal (idealmente de 30 a 60 minutos al cierre de cada semana) permite al líder evaluar qué se logró, qué quedó pendiente, cuáles son las prioridades de la próxima semana y si la agenda refleja realmente los objetivos estratégicos del negocio.</p><p>Este espacio no es un lujo: es el mecanismo que evita que la urgencia del día a día devore la visión de largo plazo.</p><p>&nbsp;</p>Conclusión: gestionar el tiempo es gestionar el liderazgo<p>Las herramientas de gestión del tiempo no son simplemente recursos de productividad personal. Para un líder, son instrumentos estratégicos que determinan qué recibe atención, qué se delega y qué se descarta. Un líder que domina su tiempo puede pensar con claridad, tomar mejores decisiones y estar presente para su equipo cuando realmente importa.</p><p>El primer paso no es elegir la aplicación perfecta, sino hacerse una pregunta honesta:</p><p>¿Mi agenda actual refleja mis prioridades reales? Si la respuesta es no, es momento de actuar.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YNENOmRl6Rhthtqup-xECiYenA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ilustracion_lasaga_texto.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-03-28T15:47:26+00:00</updated>
                <published>2026-03-28T15:43:16+00:00</published>
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            Liderazgo: cómo organizarse mejor cuando todo compite por tu atención
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/T7q2asWiwQnmZXO3y0dD78odcxM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/foto_texto_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay una paradoja que casi todos los líderes conocen bien: cuanto más ascienden, más difícil se vuelve controlar su propio tiempo. Las agendas se llenan solas. Las reuniones se multiplican. Y al final del día, queda la sensación de haber estado ocupados sin haber avanzado en lo que realmente importa.</p><p>La gestión del tiempo no es una habilidad blanda ni un tema de autoayuda: es una competencia estratégica. Y los líderes que la dominan no trabajan más horas, trabajan con mayor intencionalidad.</p><p>&nbsp;</p>La ilusión de la urgencia<p>El primer obstáculo no es la falta de tiempo, sino la incapacidad de distinguir lo urgente de lo importante. La mayoría de los líderes pasan la mayor parte de su jornada respondiendo: e-mails, solicitudes, problemas del equipo, reuniones de seguimiento. Todas esas tareas tienen algo en común: alguien más las marcó como urgentes.</p><p>La pregunta que un líder debería hacerse cada mañana no es ¿Qué tengo pendiente? sino ¿Qué debe ocurrir hoy para que esta organización esté mejor mañana? La diferencia entre ambas preguntas define el tipo de liderazgo que se ejerce.</p><p>&nbsp;</p>Tres herramientas concretas<p>No existe un sistema universal, pero hay principios que funcionan de manera consistente entre líderes de alto rendimiento:</p><p>1-Bloques de tiempo protegido</p><p>Reserva en tu calendario bloques fijos —de 60 a 90 minutos— dedicados exclusivamente a trabajo profundo: planificación, análisis, decisiones complejas. Esos bloques son innegociables. No se reemplazan con reuniones. No se dividen en pausas para chequear el teléfono.</p><p>2-La regla del “no por defecto”</p><p>Antes de aceptar cualquier reunión o compromiso, pregúntate: ¿Requiere mi presencia, o puede resolverse por otro medio? ¿Agrega valor a mis prioridades o las de mi equipo? La agenda vacía no es señal de falta de liderazgo; muchas veces es exactamente lo contrario.</p><p>3-Revisión semanal de una sola pregunta</p><p>Cada viernes, dedica 20 minutos a responder: ¿En qué invertí mi atención esta semana, y cuánto de eso estuvo alineado con mis tres prioridades más importantes?. Esta práctica genera una retroalimentación honesta que ningún dashboard puede darte.</p><p>&nbsp;</p>El costo oculto de la dispersión<p>Cada vez que un líder interrumpe una tarea para responder un mensaje, tarda en promedio 23 minutos en recuperar el nivel de concentración anterior. Multiplicá ese número por la cantidad de interrupciones diarias y el resultado es devastador: no en términos de horas perdidas, sino de calidad de pensamiento perdido.</p><p>Un líder disperso no solo es menos productivo: toma peores decisiones, genera menos confianza en su equipo y pierde perspectiva estratégica.</p><p>La organización personal, en ese sentido, no es un asunto privado: tiene un impacto directo en la cultura y los resultados de toda la empresa.</p><p>&nbsp;</p>Productividad como señal de liderazgo<p>Los equipos observan cómo gestiona su tiempo quien los lidera. Si el líder responde e-mails a las 11 de la noche, normaliza la cultura del siempre disponible. Si acepta cada reunión sin criterio, transmite que el tiempo es un recurso infinito. Si, en cambio, protege sus bloques de pensamiento y declina con claridad y respeto lo que no corresponde, enseña con el ejemplo que el tiempo es el activo más valioso de la organización.</p><p>Organizarse no es una virtud personal. Es una responsabilidad de liderazgo.</p><p>El tiempo que un líder elige recuperar para pensar con claridad es, casi siempre, el tiempo que su organización necesita para avanzar con dirección.</p><p>“Lo que no se agenda, no sucede. El líder que no reserva tiempo para pensar estratégicamente se convierte, sin quererlo, en un operador de alta velocidad”.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/T7q2asWiwQnmZXO3y0dD78odcxM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/foto_texto_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-03-21T15:16:49+00:00</updated>
                <published>2026-03-21T15:13:53+00:00</published>
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            Productividad consciente: el arte de hacer más con menos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H1v82XyxgX68fH-IGMK8zJdC6VM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ilustracion_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por qué trabajar más horas no es la respuesta que buscamos...</p><p>En una época donde las notificaciones no cesan, las reuniones se encadenan sin respiro y la línea entre el trabajo y la vida personal se ha vuelto borrosa, hemos confundido estar ocupados con ser productivos.</p><p>Revisamos compulsivamente el correo electrónico mientras cenamos, respondemos mensajes de trabajo desde la cama y llevamos la laptop a las vacaciones "por si acaso". Hemos normalizado la hiperconectividad y celebrado la multitarea como si fueran medallas al mérito, cuando en realidad son síntomas de una cultura laboral que nos está agotando.</p><p>La productividad consciente propone algo radicalmente diferente: no se trata de hacer más en menos tiempo, sino de hacer lo correcto con plena atención. Es un cambio de paradigma que nos invita a cuestionar la tiranía de la urgencia y recuperar el control sobre nuestro tiempo, nuestra energía y, en última instancia, sobre nuestra vida.</p><p>La trampa de la productividad tóxica: Durante años nos han vendido la idea de que el éxito profesional requiere sacrificio constante. Levantarse a las 5 AM, trabajar 12 horas diarias, estar siempre disponible. Sin embargo, la neurociencia ha demostrado algo que intuitivamente sabíamos: nuestro cerebro no está diseñado para mantener ese ritmo a largo plazo. La sobrecarga cognitiva disminuye nuestra capacidad de tomar decisiones, reduce la creatividad y nos vuelve más propensos a errores. Paradójicamente, mientras más tratamos de hacer, menos efectivos nos volvemos.</p><p>El burnout ya no es una excepción, es casi la norma. Según estudios recientes, más del 70% de los profesionales reportan sentirse agotados emocionalmente en algún punto del año. Y aunque las empresas empiezan a hablar de bienestar laboral, muchas siguen midiendo el compromiso por las horas frente a la pantalla en lugar de por los resultados significativos.</p><p>&nbsp;</p>Los pilares de la productividad consciente<p>La productividad consciente no es una técnica más de gestión del tiempo, sino una filosofía que integra eficiencia con bienestar. Se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales que transforman radicalmente nuestra relación con la actividad laboral.</p><p>El primer pilar es la intencionalidad. Cada mañana, antes de abrir el correo o revisar las tareas pendientes, necesitamos preguntarnos: ¿Qué es realmente importante hoy? No urgente, sino importante. Esta distinción, popularizada por Stephen Covey, sigue siendo revolucionaria. Lo urgente grita, lo importante susurra. La productividad consciente nos entrena para escuchar&nbsp; y protegernos de las interrupciones constantes.</p><p>El segundo pilar es la atención plena. Contrario a lo que nos han hecho creer, la multitarea es un mito. Nuestro cerebro no hace varias cosas simultáneamente, sino que alterna rápidamente entre ellas, perdiendo eficiencia en cada cambio. Cuando nos comprometemos a hacer una sola cosa a la vez, con toda nuestra atención, no solo terminamos más rápido, sino que la calidad de lo que hacemos&nbsp; mejora exponencialmente. Un informe escrito con atención plena en 90 minutos supera en claridad y profundidad a uno elaborado en tres horas entre interrupciones.</p><p>El tercer pilar es el respeto por los ritmos naturales. Nuestro cerebro tiene ciclos de alta y baja energía a lo largo del día. Ignorarlos es como intentar nadar contra la corriente: gastamos el doble de energía para avanzar la mitad. La productividad consciente nos invita a identificar nuestros momentos de máxima claridad mental y reservarlos para el trabajo que requiere pensamiento profundo, mientras que las tareas administrativas pueden hacerse en momentos de menor energía.</p><p>El cuarto pilar, quizás el más contraintuitivo, es el descanso estratégico. El descanso no es lo que hacemos cuando terminamos el trabajo, es parte esencial del proceso creativo. Las pausas regulares, el sueño reparador y los momentos de desconexión no son lujos, son necesidades fisiológicas. Los estudios muestran que después de 90 minutos de trabajo enfocado, nuestra capacidad de concentración disminuye drásticamente. Sin embargo, una pausa de 10 a 15 minutos restaura nuestros recursos cognitivos y nos permite continuar con renovada energía.</p><p>&nbsp;</p>Prácticas para empezar hoy<p>Transformar nuestra relación con la actividad laboral no requiere una revolución radical, sino pequeños cambios consistentes que, acumulados, generan resultados extraordinarios.</p><p>Comenza tu día con una práctica que llamo "las tres prioridades". Antes de revisar cualquier mensaje, identifica las tres cosas que, si las completas hoy, harán que el día sea exitoso. Escribilas. Todo lo demás es secundario. Esta simple práctica te devuelve el control sobre tu jornada en lugar de reaccionar constantemente a las demandas externas.</p><p>Implementa bloques de trabajo profundo. Reserva al menos un bloque de 90 minutos cada día donde eliminas todas las distracciones: silencia el teléfono, cerra el correo electrónico, coloca un cartel de "no molestar" si es necesario. En ese tiempo, trabaja en una sola tarea que requiera pensamiento complejo. Al principio puede resultar incómodo, incluso ansioso, pero con la práctica descubrirás que podes lograr en 90 minutos de trabajo profundo lo que antes te tomaba medio día de trabajo fragmentado.</p><p>Practica el "monotasking" o la tarea única. Cuando estés en una reunión, esta completamente presente. Cuando escribas un correo, solo escribi ese correo. Cuando hables con un colega, escucha realmente en lugar de pensar en tu siguiente tarea. Esta práctica no solo mejora tu productividad, sino que también enriquece tus relaciones profesionales y reduce significativamente el estrés.</p><p>Diseña rituales de cierre. Al final de tu jornada laboral, dedica 10 minutos a revisar lo logrado, preparar las prioridades del día siguiente y, deliberadamente, cerrar esa parte de tu vida. Un ritual puede ser tan simple como apagar la computadora, guardar los materiales de trabajo y hacer tres respiraciones profundas. Este gesto simbólico le indica a tu cerebro que es momento de cambiar de modo.</p><p>&nbsp;</p>El verdadero rol del bienestar<p>Las organizaciones más innovadoras del mundo ya entendieron que el bienestar no es antagónico a la productividad, es su fundamento. Empresas como Google, Microsoft y Patagonia no ofrecen espacios de meditación, horarios flexibles o políticas de desconexión digital por bondad, sino porque han comprobado que empleados descansados, enfocados y equilibrados son más creativos, toman mejores decisiones y permanecen más tiempo en la compañía.</p><p>Pero más allá del beneficio empresarial, la productividad consciente nos devuelve algo invaluable: la sensación de ordenar nuestra propia vida. Cuando dejamos de ser esclavos de la lista de pendientes y nos convertimos en arquitectos de nuestro tiempo, recuperamos espacio para lo que realmente importa: las conversaciones profundas, los proyectos significativos, los momentos de quietud donde emerge la creatividad.</p><p>Un nuevo contrato con el trabajo</p><p>La productividad consciente no es un conjunto de trucos para exprimir más horas productivas del día. Es una invitación a replantear nuestra relación con el trabajo y con nosotros mismos. En un mundo que constantemente nos pide más, elegir la consciencia es un acto de rebeldía necesaria.</p><p>Se trata de reconocer que somos seres humanos. Que nuestra valía no se mide en la cantidad de correos respondidos o reuniones asistidas, sino en la calidad de nuestra contribución y en el equilibrio que mantenemos entre dar y recibir, entre hacer y ser.</p><p>El desafío no es pequeño. Requiere desaprender hábitos arraigados, establecer límites donde antes no existían y, sobre todo, enfrentar el miedo cultural a "no hacer suficiente". Pero quienes se atreven a recorrer este camino descubren algo transformador: es posible ser altamente efectivo sin sacrificar el bienestar. Es posible tener impacto profesional sin agotamiento personal. Es posible trabajar con excelencia y vivir con plenitud.</p><p>La pregunta entonces no es si podemos permitirnos adoptar la productividad consciente. La pregunta es si podemos permitirnos seguir como hasta ahora. Porque en esta carrera frenética que hemos normalizado, lo que está en juego no es solo nuestra efectividad laboral, sino nuestra salud mental, nuestras relaciones y nuestra capacidad de disfrutar la vida que tanto trabajo nos cuesta construir.</p><p>La productividad consciente nos recuerda una verdad simple pero poderosa: el trabajo es una parte importante de la vida, pero no es la vida misma. Y cuando logramos esa distinción, cuando trabajamos con intención, atención y compasión hacia nosotros mismos, no solo nos volvemos mejores profesionales. Nos volvemos personas más plenas, más presentes, más vivas.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H1v82XyxgX68fH-IGMK8zJdC6VM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ilustracion_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-03-14T15:42:00+00:00</updated>
                <published>2026-03-14T15:38:29+00:00</published>
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            Cómo planificar el año: guía y paso a paso para líderes
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/54qDlQu6clS-my47_WsXmrVYUrs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/foto_texto_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El inicio de año representa una oportunidad estratégica para replantear objetivos, alinear equipos y establecer las bases del futuro éxito organizacional.</p><p>Una planificación efectiva no solo define metas, sino que también crea un mapa de ruta claro para alcanzarlas.</p><p>&nbsp;</p>-Revisión del año anterior<p>Antes de mirar hacia adelante, es fundamental analizar lo recorrido. Evaluar los logros alcanzados, identificar las iniciativas que no dieron los resultados esperados y extraer aprendizajes concretos.</p><p>Esta retrospectiva honesta proporciona contexto invaluable para las decisiones futuras. Considerar tanto los datos cuantitativos (indicadores financieros, productividad, crecimiento) como los cualitativos (clima organizacional, satisfacción del cliente, innovación) nos aportará mayores certezas para comenzar con buen pie.</p><p>&nbsp;</p>-Definición de objetivos estratégicos<p>Los objetivos anuales deben ser ambiciosos pero alcanzables, y alinearse con la visión de largo plazo de la organización. Podes utilizar el marco SMART para asegurar que cada objetivo sea específico, medible, alcanzable, relevante y con un plazo definido.</p><p>Priorizar entre tres y cinco objetivos estratégicos principales; más allá de esto, la organización puede dispersar esfuerzos y perder foco.</p><p>Asignación de recursos y prioridades</p><p>Una vez definidos los objetivos, determina qué recursos humanos, financieros y tecnológicos necesitarán para alcanzarlos.</p><p>Hay que ser realista sobre las limitaciones y preparar planes de contingencia. La claridad en las prioridades permite a los equipos tomar decisiones diarias alineadas con la estrategia general.</p><p>&nbsp;</p>-Comunicación y alineación del equipo<p>La mejor estrategia fracasa sin una comunicación efectiva. Compartir la visión del año con todos los niveles de la organización es fundamental, explicando no solo el "qué" sino también el "para qué".</p><p>Involucrar a los líderes de área en la traducción de objetivos estratégicos a metas departamentales. Cuando cada miembro del equipo comprende cómo su trabajo contribuye al panorama general, el compromiso y la productividad aumentan significativamente.</p><p>&nbsp;</p>-Establecimiento de indicadores y seguimiento<p>Definir métricas claras para cada objetivo y establecer un calendario de revisión periódica. Las revisiones trimestrales permiten ajustes a tiempo sin perder de vista la meta anual. Implementar un sistema de seguimiento que haga visibles los avances y facilite la identificación temprana de desviaciones.</p><p>&nbsp;</p>-Flexibilidad y adaptación<p>Si bien la planificación proporciona dirección, el entorno empresarial actual exige agilidad. Es necesario reservar espacio para la innovación y estar preparados para ajustar el rumbo cuando las circunstancias lo requieran. La rigidez puede ser tan perjudicial como la falta de planificación.</p><p>&nbsp;</p>-Desarrollo del talento<p>Incluir en la planificación anual la inversión en el crecimiento del equipo. Identificar necesidades de capacitación, planes de sucesión y oportunidades de desarrollo profesional. Las organizaciones que priorizan a su gente construyen ventajas competitivas sostenibles.</p><p>&nbsp;</p>Conclusión<p>Planificar el año es un ejercicio de liderazgo que combina análisis riguroso, visión estratégica y habilidades de ejecución. Los líderes que dedican tiempo y esfuerzo a este proceso crean organizaciones más resilientes, enfocadas y preparadas para aprovechar oportunidades. El éxito no se improvisa; se planifica, se comunica y se ejecuta con disciplina.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/54qDlQu6clS-my47_WsXmrVYUrs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/foto_texto_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-03-07T15:16:47+00:00</updated>
                <published>2026-03-07T15:12:59+00:00</published>
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            Trabajar bien para vivir mejor: el nuevo pacto entre la vida personal y laboral
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E3mclKzjcHKXqmwqcvUkfD40S80=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/ilustracion_lasaga_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un mundo que no para de acelerarse, cada vez más personas mayores de 40 años están redescubriendo algo fundamental: el bienestar no es un lujo, sino una condición necesaria para dar lo mejor de uno mismo, en el trabajo y en la vida.</p><p>Hay una pregunta que muchas personas se hacen al llegar a cierta etapa de la vida: ¿Para qué tanto esfuerzo si al final no me queda energía para disfrutar lo que importa? No es un signo de cansancio ni de derrota. Es, en realidad, el comienzo de una de las transformaciones más poderosas que puede vivir un ser humano: la decisión de poner el bienestar en el centro, tanto en el trabajo como fuera de él.</p><p>Esta reflexión ya no es solo personal: se está convirtiendo en una tendencia global que está redefiniendo cómo trabajamos, cómo nos relacionamos con nuestros empleos y qué esperamos de las organizaciones. Y, lejos de ser una moda pasajera, los expertos coinciden en que llegó para quedarse.</p><p>&nbsp;</p>El equilibrio que todos buscamos<p>Durante décadas, el mundo laboral premió a quienes más horas ponían, a quienes nunca desconectaban, a quienes postergaban vacaciones. Hoy, ese modelo está siendo cuestionado con fuerza. Según datos recientes, cerca del 39% de los trabajadores considera dejar su empleo por estrés o por la falta de equilibrio entre su vida personal y profesional. Una cifra que habla no de debilidad, sino de una madurez creciente respecto a lo que realmente necesitamos para funcionar bien.</p><p>Para las personas mayores de 40 años, esta conversación tiene una resonancia especial. Son quienes vivieron de cerca el modelo del “sacrificio silencioso” y quienes hoy, con más experiencia y perspectiva, están mejor posicionados para liderar el cambio: hacia formas de trabajar más sostenibles, más humanas y más alineadas con los valores que realmente importan.</p><p>&nbsp;</p>La salud mental: de tabú a prioridad<p>Si hay un cambio cultural que marca este tiempo, es el lugar que ocupó la salud mental en la agenda del bienestar laboral. Lo que antes se escondía o se minimizaba (el agotamiento, la ansiedad, la sensación de no poder más) hoy se nombra con claridad y se aborda como lo que es: una cuestión de salud tan seria como cualquier otra.</p><p>Las organizaciones más avanzadas ya no esperan a que el malestar se instale: abordan la&nbsp; prevención. Evaluaciones periódicas del clima emocional, programas de apoyo y coaching de equipos, espacios de escucha y descanso activo son algunas de las herramientas que están incorporando. El objetivo es claro: que las personas lleguen a su actividad laboral no solo capaces de producir, sino deseosas de hacerlo.</p><p>&nbsp;</p>Flexibilidad: el nuevo lenguaje laboral<p>Otra de las grandes transformaciones de estos tiempos es la flexibilidad. Los horarios rígidos, las oficinas obligatorias y la presencialidad como medida del compromiso están cediendo terreno ante nuevas formas de organizar el trabajo que ponen a la persona (y no al reloj) en el centro.</p><p>Para quienes tienen más de 40 años, esto puede ser una oportunidad extraordinaria. La posibilidad de manejar los propios tiempos, combinar el trabajo en casa con la oficina o reducir la carga en ciertos días abre puertas para atender la salud, cultivar vínculos familiares, practicar actividad física o simplemente respirar. Pequeños ajustes que, sumados, hacen una diferencia enorme en la calidad de vida.</p><p>&nbsp;</p>El bienestar como decisión personal<p>Más allá de lo que ofrezcan o no las empresas, el bienestar personal sigue siendo, en gran medida, una decisión propia. Y esa es, quizás, la mejor noticia: siempre está al alcance, aunque sea en pequeñas dosis cotidianas.</p><p>Moverse más, dormir mejor, desconectarse del trabajo al llegar a casa, recuperar un hobby, decir que no cuando es necesario: ninguno de estos gestos requiere una gran revolución. Pero todos juntos construyen algo que ningún sueldo puede reemplazar: la sensación de vivir con sentido, con energía y con alegría.</p><p>La experiencia acumulada de décadas en el mundo laboral es un activo valiosísimo. Pero solo rinde plenamente cuando viene acompañada de bienestar. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar mejor: con más foco, más propósito y más conciencia de que el verdadero éxito incluye también la salud y la felicidad.</p><p>“El mejor momento para priorizar tu bienestar fue ayer. El segundo mejor momento es hoy”.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E3mclKzjcHKXqmwqcvUkfD40S80=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/ilustracion_lasaga_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-02-25T15:50:07+00:00</updated>
                <published>2026-02-21T15:18:29+00:00</published>
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            ¿Qué harás diferente este año?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MUuRDUcZ2q-jlaPUP6gDYL2lfUE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/ilustracion_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La incómoda verdad que ningún líder quiere admitir…</p><p>Empecemos con honestidad brutal: si estás leyendo esto mientras respondes correos, en una reunión que podría haber sido un email, o diciéndote que "después lo reviso", ya tenés tu respuesta. No harás nada diferente este año. Y ese, es exactamente el problema.</p><p>Porque mientras seguís repitiendo los mismos patrones de liderazgo que aprendiste en 2025, el mundo laboral de 2026 ya te dejó atrás. La pregunta no es si necesitas cambiar. La pregunta es: ¿Tendrás el coraje de hacerlo antes de que sea demasiado tarde?</p><p>Hablemos de datos incómodos: Según estudios recientes sobre liderazgo en 2025, el 71% de los líderes experimenta niveles de estrés sin precedentes. La confianza en el liderazgo ha colapsado a un alarmante 29%.</p><p>&nbsp;Más brutal aún: solo el 36% de los líderes de Recursos Humanos considera que los programas de desarrollo de liderazgo son efectivos para preparar a los líderes del futuro.</p><p>¿La traducción de estas cifras? Siete de cada diez líderes están al borde del colapso, menos de un tercio de los empleados confía en su liderazgo, y los programas de formación que tanto presumen en LinkedIn están fallando estrepitosamente.</p><p>Pero este es el verdadero golpe: el 82% de los empleados está en riesgo de burnout en 2026. Y adivina quién es el principal responsable de esa estadística. Sí, vos. El líder que dice valorar el bienestar mientras envía correos a las 11 de la noche y programa reuniones en horarios de comida…</p><p>La retención es tu nuevo indicador de fracaso</p><p>El 47% de los profesionales cita la falta de oportunidades de desarrollo como razón principal para irse. El 32% menciona la desorganización interna.</p><p>Traducción: tu equipo no se va porque le paguen más en otro lado. Se va porque trabajar con vos es caótico y porque no están aprendiendo nada nuevo. Están escapando de tu liderazgo, no buscando mejores oficinas.</p><p>Y antes de que culpes a "la nueva generación" o "el mercado competitivo", pregúntate: ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una conversación real sobre desarrollo profesional con cada miembro de tu equipo? ¿Cuándo fue la última vez que diseñaste un plan de crecimiento personalizado? ¿O simplemente les dijiste ¨Acá hay muchas oportunidades" sin especificar ninguna?</p><p>Las preguntas que deberías hacerte sobre tu efectividad:</p><p>¿Cuántas decisiones importantes has pospuesto este mes porque "no era el momento"?</p><p>De las últimas diez reuniones que lideraste, ¿Cuántas realmente necesitaban tu presencia?</p><p>¿Cuántos problemas de tu equipo existen porque evitas tener conversaciones difíciles?</p><p>¿Podes nombrar el objetivo profesional principal de cada persona en tu equipo? ¿Sin consultar notas?</p><p>¿Cuántos de tus colaboradores te buscarían espontáneamente para pedirte consejo, no porque sea tu rol, sino porque confían en vos?</p><p>Si tu equipo pudiera cambiar una cosa de tu liderazgo mañana mismo, ¿Qué sería?</p><p>¿Cuántas veces esta semana hiciste algo&nbsp; en lugar de delegarlo porque "es más rápido si lo hago yo"?</p><p>¿Cuándo fue la última vez que admitiste públicamente que te equivocaste?</p><p>¿Qué porcentaje de tu tiempo laboral dedicas a actividades estratégicas versus a apagar incendios que podrían haberse prevenido?</p><p>&nbsp;</p>El mito del líder multitarea es tu peor enemigo<p>Seamos claros: Hay una diferencia abismal entre estar ocupados y ser efectivos, pero confundimos la agenda saturada con el éxito.</p><p>El 94% de los líderes identifica la "visión disruptiva" como la capacidad más crítica para el futuro del trabajo. ¿Sabes qué mata la visión disruptiva? El ruido constante. Las reuniones sin fin. El correo electrónico perpetuo. La ilusión de que estás "en todo".</p><p>No podes pensar estratégicamente cuando estás respondiendo mensajes&nbsp; entre reuniones. No podes innovar cuando tu cerebro está en modo supervivencia constante.</p><p>No podes liderar el futuro cuando estás atrapado en el presente caótico de tu propia creación.</p><p>Liderar en 2026 no tiene nada que ver con tener todas las respuestas. Tiene que ver con hacer mejores preguntas. No se trata de trabajar más horas que nadie. Se trata de proteger el tiempo de tu equipo como si fuera más valioso que el tuyo (porque lo es). No es sobre demostrar que estás "en control". Es sobre crear las condiciones para que otros brillen sin que tengas que estar presente.</p><p>Los líderes efectivos entienden algo a lo que todavía resistis: la vulnerabilidad no es debilidad, es el precio de la confianza. La flexibilidad no es un beneficio generoso, es una necesidad estratégica. El bienestar no es responsabilidad de Recursos Humanos, es tu responsabilidad directa.</p><p>Mientras seguís operando con el manual de liderazgo de la década pasada, tus mejores talentos están actualizando sus perfiles de LinkedIn. Porque en un mercado donde el 48% de los menores de 25 años y el 46% de los profesionales entre 25 y 35 años buscan activamente otro trabajo, la lealtad es un activo que se gana diariamente, no un derecho que viene con el título de jefe.</p><p>Si después de todo esto seguís&nbsp; leyendo entonces quizás estás listo para el cambio real. No el cambio superficial de "este año voy a delegar más". El cambio profundo, incómodo, que requiere valentía.</p><p>&nbsp;</p>Elimina antes de agregar<p>Antes de pensar en qué nuevas iniciativas implementarás, decidí qué vas a dejar de hacer. ¿Qué reunión recurrente eliminarás? ¿Qué informe que nadie lee dejarás de pedir? ¿Qué proyecto heredado del pasado finalmente matarás?</p><p>La innovación no viene de hacer más. Viene de hacer espacio.</p><p>&nbsp;</p>Hazte radicalmente transparente<p>Compartí tus métricas. Admití tus errores. Reconoce lo que no sabes. Pedí&nbsp; feedback y actúa sobre él visiblemente. No en una encuesta anónima anual. En conversaciones reales, incómodas, necesarias.</p><p>La confianza no se construye con palabras inspiradoras en reuniones generales. Se construye con consistencia entre lo que decis y lo que haces.</p><p>&nbsp;</p>Redefiní el éxito<p>Si tu única métrica de éxito sigue siendo "cumplir objetivos trimestrales", estás jugando un juego que ya perdiste. El éxito en 2026 incluye retención de talento, innovación sostenible, cultura de aprendizaje, y sí, el bienestar real&nbsp; de tu equipo.</p><p>Porque podes lograr tus números destruyendo a tu equipo en el proceso. Pero eso no es liderazgo. Es extracción. Y eventualmente, el pozo se seca.</p><p>Aquí está la realidad incómoda: leer este artículo no cambiará nada. Asentir con la cabeza mientras lo lees no cambiará nada. Compartirlo en LinkedIn con un emoji pensativo no cambiará nada.</p><p>Lo único que cambiará algo es tu próxima decisión. La que decidas en los próximos cinco minutos. No mañana. No el lunes. No después de "pensarlo bien".</p><p>Porque si este año va a ser diferente, tiene que empezar ahora. Con una conversación incómoda que has estado evitando. Con un proyecto que necesitas cancelar. Con una disculpa que debes a alguien de tu equipo. Con el reconocimiento de que la forma en que has estado liderando no está funcionando.</p><p>El mundo laboral de 2026 no necesita más líderes que sepan todas las respuestas. Necesita líderes que tengan el coraje de admitir que no las tienen. Que prioricen el bienestar sobre las apariencias. Que entiendan que su legado no son los proyectos que completaron, sino las personas que desarrollaron.</p><p>&nbsp;</p>La pregunta final<p>Entonces, volvemos a donde empezamos: ¿Qué harás diferente este año?</p><p>Y esta vez, antes de responder con las mismas promesas vagas de siempre, pregúntate: ¿Tu equipo notaría la diferencia? ¿O seguirías siendo el mismo líder con una nueva excusa?</p><p>Porque al final del día, el cambio real no es cómodo. No es fácil. No viene con un manual de cinco pasos o una plantilla descargable.</p><p>Viene de mirarte en el espejo y decidir que la persona que ves necesita evolucionar. Que ser líder no es un título que alcanzaste, sino un compromiso que renovas cada día. Que el desarrollo personal no es un lujo para cuando tengas tiempo, sino el requisito fundamental para liderar a otros.</p><p>La pregunta nunca fue si el mundo laboral está cambiando. La pregunta siempre fue: ¿Cambiarás vos con él?</p><p>El reloj está corriendo. Tu equipo está observando. Y ellos ya saben la respuesta.</p><p>¿Vos la sabes?</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MUuRDUcZ2q-jlaPUP6gDYL2lfUE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/ilustracion_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-02-25T15:50:07+00:00</updated>
                <published>2026-02-14T15:46:57+00:00</published>
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            ¿Cómo volver a la rutina después de las vacaciones sin morir en el intento?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ozsFR93glUQwQxgaTrfQSLq7AtE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/ilustracion_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El regreso de las vacaciones puede sentirse como un despertar abrupto, un baño de realidad que muchas veces sabe amargo.</p><p>Pasamos de días sin horarios, comidas a deshora y siestas improvisadas a enfrentarnos nuevamente con el despertador, las responsabilidades laborales y la agenda apretada. Ese contraste puede generar lo que muchos conocen como el "síndrome post-vacacional": cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse y una sensación general de agotamiento.</p><p>La buena noticia es que este período de ajuste es temporal y, con algunas estrategias simples, es posible hacer la transición de manera mucho más amable.</p><p>&nbsp;</p>Anticípate gradualmente<p>Si es posible, evita regresar al trabajo o a tus obligaciones el mismo día que volvés de vacaciones. Date al menos uno o dos días de margen para reinstalarte, desempacar con calma, hacer las compras necesarias y ordenar tu espacio.</p><p>Este tiempo de transición te permite mentalizarte poco a poco para el cambio de ritmo.</p><p>&nbsp;</p>Recuperá tus horarios de sueño progresivamente<p>Uno de los mayores desafíos al volver es readaptar el reloj biológico. Durante las vacaciones es común acostarse más tarde y levantarse cuando el cuerpo lo pide. Para facilitar el ajuste, comenzá a adelantar tu hora de dormir unos días antes de retomar la rutina. Intenta exponerte a la luz natural por las mañanas y evita las pantallas antes de acostarte.</p><p>&nbsp;</p>Retomá la actividad física<p>El movimiento es un aliado poderoso para recuperar energía y reducir el estrés. No necesitas entrenamientos intensos desde el primer día; una caminata, algo de yoga o cualquier actividad que disfrutes puede ayudarte a liberar tensiones y mejorar tu estado de ánimo.</p><p>&nbsp;</p>Organizá tu espacio y tu agenda<p>Llegar a un escritorio desordenado o a una casa caótica puede aumentar la sensación de abrumamiento. Dedica un momento a organizar tu espacio de trabajo y a revisar tu calendario. Prioriza tareas y establece metas realistas para los primeros días. No intentes ponerte al día con todo de golpe.</p><p>&nbsp;</p>Mantené algo del espíritu vacacional<p>No todo tiene que volver exactamente a como era antes. Quizás descubriste en vacaciones que disfrutas leer por las noches, caminar sin rumbo o simplemente desconectarte. Intenta incorporar pequeños momentos de placer en tu rutina diaria. Puede ser tan simple como tomar el café con más calma por las mañanas o reservar tiempo para una actividad que realmente disfrutas.</p><p>&nbsp;</p>Sé paciente<p>Es normal que los primeros días cueste más trabajo, que sientas nostalgia por el descanso o que te falte energía. Date permiso para adaptarte sin presionarte. El cuerpo y la mente necesitan tiempo para cambiar de marcha.</p><p>&nbsp;</p>Planificá el próximo respiro<p>Tener algo que esperar puede hacer más llevadero el regreso. No necesitas planear unas vacaciones completas, pero saber que tenes un fin de semana libre, una salida o cualquier actividad placentera en el horizonte puede darte un empujón motivacional.</p><p>Volver a la rutina no tiene por qué ser un drama. Con un poco de planificación, autocompasión y la intención de cuidarte, podes hacer la transición de manera más suave y hasta encontrar un nuevo equilibrio que te permita mantener algo de esa calma vacacional en tu día a día.</p><p>&nbsp;</p><p>¡¡Que tengas un excelente comienzo!!</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ozsFR93glUQwQxgaTrfQSLq7AtE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/ilustracion_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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            El arte de desconectar: por qué tomar una verdadera pausa es clave para un mejor año
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yavqTqE3GOl-0pTXBSG3hnUMGhk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/ilustracion_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un mundo donde la hiperconectividad se ha vuelto la norma y las notificaciones no respetan horarios, la idea de desconectar verdaderamente en vacaciones puede parecer casi un acto de rebeldía. Sin embargo, tomar una pausa real no es un lujo, sino una necesidad fundamental para nuestra salud mental, física y productividad a largo plazo.</p><p>Cuando arrastramos el cansancio de todo un año y pretendemos arrancar enero con la misma intensidad, nos estamos preparando para el agotamiento.</p><p>Las vacaciones no son simplemente días libres en el calendario, son el espacio vital que nuestro cerebro y cuerpo necesitan para resetear, procesar lo vivido y reconstruir la energía que hemos gastado.</p><p>La ciencia respalda lo que muchos intuimos: el descanso genuino mejora la creatividad, fortalece la memoria y aumenta nuestra capacidad de concentración. Estudios demuestran que las personas que se desconectan completamente durante sus vacaciones regresan con mayor claridad mental, mejor toma de decisiones y una perspectiva renovada sobre sus desafíos profesionales.</p><p>Pero desconectar va más allá de simplemente no abrir el correo del trabajo. Implica permitirnos estar presentes en el momento, reconectar con nosotros mismos, con nuestros seres queridos, con aquellas actividades que nos dan placer más allá de nuestras obligaciones. Es recuperar el ritmo natural de nuestro cuerpo, dormir lo necesario, comer sin prisa, caminar sin destino.</p><p>El miedo a desconectar muchas veces viene del lugar equivocado: creemos que si no estamos disponibles todo colapsará, que seremos olvidados o reemplazados. La realidad es justamente la opuesta. Quienes regresan descansados aportan mucho más valor, tienen mejor disposición para enfrentar problemas y construyen relaciones laborales más saludables.</p><p>Arrancar el año "mejor" no significa arrancar más rápido o más fuerte. Significa arrancar desde un lugar de bienestar, con la claridad mental para establecer prioridades reales, con la energía emocional para sostener nuestros proyectos y con la perspectiva necesaria para distinguir lo urgente de lo verdaderamente importante.</p><p>Así que este año, date permiso. Permiso para apagar el teléfono, para no revisar “solo un segundo” el mail, para perderte en una conversación sin pensar en pendientes.</p><p>Tu mejor versión para el año que comienza no está en la cantidad de horas trabajadas durante las vacaciones, sino en la calidad del descanso que te permitas tener.</p><p>Porque al final, la verdadera productividad no se mide por cuánto haces sin parar, sino por cuánto puedes sostener a lo largo del tiempo. Y eso solo es posible cuando aprendemos a parar.</p><p>“No necesitas permiso de nadie para cuidarte. Pero si lo necesitas, aquí está: descansa, lo mereces”.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yavqTqE3GOl-0pTXBSG3hnUMGhk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/ilustracion_lasaga_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-02-25T15:50:07+00:00</updated>
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            Inteligencia cristalizada... ¿Sentís que se pasó el tren?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iGCtuNTi3CTeSOKagcu3pUacmHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/tren.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La narrativa dominante del emprendimiento está plagada de jóvenes veinteañeros en garages, historias de éxito temprano y la romantización de la inexperiencia como virtud. Pero hay un secreto a voces que la cultura startup prefiere ignorar: algunos de los emprendimientos más exitosos y sostenibles fueron fundados por personas que superaban los 40 años.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>La ventaja invisible de la madurez<p>&nbsp;</p><p>Mientras la inteligencia fluida -esa capacidad de procesar información nueva rápidamente- alcanza su pico en la juventud, la inteligencia cristalizada crece con los años. Es el resultado de décadas de experiencia, aprendizaje acumulado, patrones reconocidos y, sobre todo, sabiduría práctica. Es saber qué batallas vale la pena pelear, qué errores ya no necesitás cometer y cómo leer entre líneas lo que un contrato, un cliente o un socio realmente están diciendo.</p><p>A los 40 o más, tenés algo que ningún emprendedor de 25 puede comprar: perspectiva. Viste crisis económicas, cambios tecnológicos, modas que vinieron y se fueron. Sabés que no todo problema requiere una solución inmediata, que no toda oportunidad es oro y que la paciencia estratégica vale más que la velocidad impulsiva.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>El mito del timing perfecto<p>&nbsp;</p><p>"Ya es tarde", "debería haberlo hecho antes", "no tengo la energía de antes". Estos son los mantras del autosabotaje. La realidad es que Ray Kroc tenía 52 años cuando fundó McDonald's, Vera Wang entró al diseño de moda a los 40, y Colonel Sanders comenzó a franquiciar KFC después de los 60. No estaban compitiendo contra su yo más joven; estaban aprovechando lo que solo el tiempo les había dado.</p><p>El tren no pasó. Simplemente llegaste a una estación diferente, con un equipaje distinto. Y ese equipaje -tu red de contactos, tu conocimiento del mercado, tu capacidad para negociar, tu credibilidad ganada- puede ser exactamente lo que tu emprendimiento necesita para no ser una estadística más del 80% que fracasa en los primeros años.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>“Súper-poderes” después de los 40<p>&nbsp;</p><p>Emprender en esta etapa de la vida tiene ventajas concretas:</p><p>-Redes consolidadas: Tenés años de relaciones profesionales que pueden convertirse en clientes, mentores, inversores o socios estratégicos.</p><p>-Capital (no solo financiero): Podés tener ahorros, acceso a crédito, activos que respalden tu proyecto. Pero también tenés capital social y reputacional.</p><p>-Claridad de propósito: Sabés qué te importa realmente. No estás buscando "hacer algo", estás resolviendo un problema que entendés profundamente.</p><p>-Resiliencia emocional: Ya pasaste por fracasos y sobreviviste. La montaña rusa emocional del emprendimiento no te va a destruir.</p><p>-Menos ego, más pragmatismo: Podés pedir ayuda sin sentir que perdés. Podés pivotar sin sentir que traicionás tu visión. Podés aprender de alguien más joven sin resistencia.</p><p>&nbsp;</p>Los desafíos reales (y cómo enfrentarlos)<p>No todo es color de rosa. Emprender después de los 40 trae sus propios obstáculos: responsabilidades familiares, menor tolerancia al riesgo financiero, posibles sesgos de inversionistas que prefieren fundadores jóvenes, y sí, quizás menos energía para trabajar 16 horas diarias (aunque esto último puede ser una ventaja disfrazada que te obliga a ser más eficiente).</p><p>La clave está en diseñar tu emprendimiento según tu vida, no al revés. No necesitás replicar el modelo de la startup tecnológica que busca escalar exponencialmente. Podés construir un negocio rentable, sostenible y significativo que se ajuste a tus prioridades actuales.</p><p>Tu inteligencia cristalizada es tu activo más valioso</p><p>Cada conversación difícil que tuviste te enseñó a comunicar mejor. Cada error que cometiste es una lección que ya pagaste. Cada proyecto que lideraste te dio habilidades que muchos emprendedores jóvenes todavía están tratando de aprender en cursos online.</p><p>No estás compitiendo contra veinteañeros llenos de energía. Estás jugando un juego diferente, con reglas diferentes y, francamente, con las cartas ganadoras en la mano.</p><p>El tren no pasó. Vos estás exactamente donde tenés que estar, con exactamente lo que necesitás para empezar. La pregunta no es si es tarde, sino cuándo vas a dejar de preguntártelo y vas a comenzar.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España)</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iGCtuNTi3CTeSOKagcu3pUacmHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/tren.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-02-25T15:50:07+00:00</updated>
                <published>2026-01-11T23:33:14+00:00</published>
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            Comenzar el año con buen pie: claves para un liderazgo efectivo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DDpbPy_eR7vn4271lGY7cEGQRoY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/ilustracion_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El inicio de un nuevo año representa una oportunidad única para los líderes de establecer el tono, renovar el compromiso del equipo y sentar las bases para un período exitoso. Un buen líder no deja que enero transcurra sin aprovechar este momento de energía renovada.</p><p>&nbsp;</p>Reconectar con la visión<p>Lo primero es recordar al equipo el propósito compartido. ¿Hacia dónde vamos? ¿Por qué importa nuestro trabajo? Un líder efectivo dedica tiempo a refrescar la visión organizacional, conectándola con los objetivos específicos del año que comienza. Esta claridad genera alineación y motivación desde el primer día.</p><p>&nbsp;</p>Escuchar antes de planificar<p>Antes de imponer nuevas metas, los mejores líderes escuchan. Conversan individualmente con los miembros del equipo sobre sus expectativas, preocupaciones y aspiraciones para el año. Esta práctica no solo proporciona información valiosa para la toma de decisiones, sino que demuestra respeto genuino por las personas que harán posible el éxito.</p><p>&nbsp;</p>Establecer prioridades claras<p>Un error común es comenzar el año con una lista interminable de objetivos. El líder sabio identifica las tres o cuatro prioridades críticas que realmente marcarán la diferencia. La claridad sobre qué es importante permite al equipo enfocar su energía de manera efectiva.</p><p>&nbsp;</p>Celebrar los logros del año anterior<p>Reconocer lo alcanzado previamente no es mirar al pasado, es construir confianza para el futuro. Dedicar tiempo a celebrar éxitos y aprendizajes fortalece la moral del equipo y crea momentos de conexiones positivas.</p><p>&nbsp;</p>Crear rituales de inicio<p>Ya sea una reunión especial, un desayuno de equipo o una actividad de integración, establecer un ritual que marque el comienzo del año laboral ayuda a crear un sentido de renovación y pertenencia. En mi experiencia como coach este tipo de acompañamientos resulta muy enriquecedor para lograr una sinergia de equipo.</p><p>Comenzar el año con buen pie no se trata de grandes gestos, sino de acciones deliberadas que demuestren liderazgo presente, intencional y humano. El éxito de todo el año puede gestarse en estas primeras semanas. Para ello existen los programas de Bienestar Laboral que armamos a medida de las necesidades puntuales de cada empresa u organización.</p><p>Mi recomendación en este sentido es que este año logres romper tus barreras como líder de equipo y que potencies tus habilidades para un resultado mucho mayor, no sólo desde lo numérico o material, sino también desde lo humano y personal.</p><p>&nbsp;¡¡¡Que tengas un excelente 2026!!!</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DDpbPy_eR7vn4271lGY7cEGQRoY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/ilustracion_lasaga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Martina Lasaga (*)]]>
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                <updated>2026-02-25T15:50:07+00:00</updated>
                <published>2026-01-03T15:25:45+00:00</published>
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            Liderazgo vulnerable: un nuevo paradigma
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OEcbatxuJqDrbId-RZNcJdxw9kU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/ilustracion_lasaga_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante décadas, el liderazgo se asoció con la imagen de un líder infalible, siempre fuerte y con todas las respuestas. Este modelo tradicional promovía la idea de que mostrar emociones o admitir desconocimiento era sinónimo de debilidad. Sin embargo, este enfoque está siendo reemplazado por un paradigma más humano y auténtico: el liderazgo vulnerable.</p><p>&nbsp;</p>La vulnerabilidad como fortaleza<p>Este nuevo paradigma reconoce que mostrar vulnerabilidad no es señal de debilidad, sino una fortaleza estratégica.</p><p>Los líderes que admiten sus errores, expresan incertidumbre y piden ayuda generan mayor confianza en sus equipos.</p><p>Al mostrarse humanos, crean espacios psicológicamente seguros donde los colaboradores se sienten libres de innovar, compartir ideas y asumir riesgos calculados sin temor al juicio o la reprimenda.</p><p>La investigadora Brené Brown, pionera en el estudio de la vulnerabilidad, sostiene que la conexión genuina nace de la honestidad emocional, no de la invulnerabilidad. Cuando un líder se atreve a decir "no lo sé" o "cometí un error", no sólo humaniza su figura, sino que también otorga permiso implícito al equipo para hacer lo mismo, fomentando una cultura de aprendizaje continuo.</p><p>&nbsp;</p>Componentes del liderazgo vulnerable<p>Este estilo de liderazgo se construye sobre varios pilares fundamentales:</p><p>-La autenticidad, permite a los líderes mostrarse tal como son, sin máscaras ni pretensiones.</p><p>- La empatía. les ayuda a conectar profundamente con las experiencias y emociones de su equipo.</p><p>-La humildad intelectual, les permite reconocer que no tienen todas las respuestas y que el conocimiento colectivo supera al individual.</p><p>-Finalmente, el coraje, les da la fuerza para exponerse emocionalmente a pesar del riesgo de ser juzgados.</p><p>&nbsp;</p>Beneficios organizacionales<p>Las organizaciones que abrazan el liderazgo vulnerable experimentan transformaciones significativas. La innovación florece porque las personas se atreven a proponer ideas sin temor al fracaso. La colaboración se fortalece cuando el líder modela comportamientos de apertura y receptividad. El compromiso de los empleados aumenta al sentirse valorados como seres humanos integrales, no solo como recursos productivos. Además, la retención de talento mejora en entornos donde las personas pueden ser auténticas.</p><p>&nbsp;</p>Desafíos y consideraciones<p>Sin embargo, practicar el liderazgo vulnerable no significa carecer de límites o compartir indiscriminadamente aspectos personales. Se trata de un equilibrio delicado entre la apertura y la profesionalidad, entre mostrar humanidad y mantener la capacidad de tomar decisiones difíciles cuando sea necesario.</p><p>&nbsp;</p>Conclusión<p>En un mundo laboral cada vez más complejo, incierto y cambiante, el liderazgo vulnerable se presenta como una respuesta necesaria. Las nuevas generaciones demandan autenticidad y propósito, y rechazan las jerarquías rígidas del pasado. Los desafíos globales requieren soluciones colaborativas que solo pueden surgir en ambientes de confianza mutua.</p><p>El futuro del liderazgo no está en tener todas las respuestas, sino en tener el valor de hacer las preguntas correctas junto a nuestros equipos. Se trata de construir puentes en lugar de pedestales, de liderar con el corazón tanto como con la mente, y de reconocer que nuestra humanidad compartida es el fundamento más sólido para el éxito colectivo.</p><p>“La vulnerabilidad no es ganar o perder; es tener el valor de aparecer cuando no puedes controlar el resultado”, decía el gran Brené Brown.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) La autora es licenciada en Economía (egresada de la UNS). Con especialización en Economía del Comportamiento (UCEMA) y Neurocoaching. Experta en Bienestar y Felicidad Organizacional (Universidad de Nebrija, España).</p>]]>
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                <updated>2026-02-25T15:50:07+00:00</updated>
                <published>2025-12-27T16:54:19+00:00</published>
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