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    <title>La Voz del Pueblo</title>
    <subtitle>Informate con las noticias de Argentina y el mundo.</subtitle>
    <updated>2026-06-08T16:00:09+00:00</updated>
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            ¡Feliz Cumpleaños José!
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rGCL4ORJFS8Z2xLNVIVNcxHOIsY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/tapa_soc.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luciano Moran</p><p>El de hoy no es un día más en la vida del tresarroyense José Galante, quien, en coincidencia con el Día del Periodista, cumple 80 años de vida. Ahora jubilado, trabajó como tornero durante 65 de manera ininterrumpida, una profesión histórica que en el presente atraviesa una escasez notoria y crítica de nuevos talentos.</p><p>Por esta razón, La Voz del Pueblo lo visitó en su hogar ubicado en calle Reconquista 335 -café de por medio- para conversar con él, el principal protagonista que tiene esta historia. Un lugar especial porque allí se encuentra su propio taller, el que pudo abrir en 1973 cuando se largó solo en la actividad. Logro que alcanzó tras desempeñar funciones anteriormente, y desde 1961, en el Establecimiento Industrial Metalúrgico Argentino (EIMA).</p><p>“Fue la primera fábrica de silos metálicos del país. Ahí trabajé 12 años. EIMA estaba donde se tramitan las licencias de conducir, hoy Secretaría de Seguridad. Siempre fui tornero, un oficio puro. El más lindo de todos, pibe…”, recuerda con cierta nostalgia al comienzo de la charla.</p><p>Su padre falleció cuando él tenía tan sólo casi 10 años. Sus abuelos se hicieron cargo de él, vivían en calle Maipú 936. Fue criado por su mamá, su abuela y su tía. Cursó hasta 3° año en el Colegio Industrial, y en el verano de 1961 (enero/febrero), desde EIMA se dirigieron al establecimiento educativo a buscar 2 chicos para hacer una pasantía en la tornería.</p><p>Contó que esas 2 personas elegidas fueron él y su amigo de la infancia Hugo Tavarozzi. Y agregó que “aceptamos sin dudarlo. Cuando se cumplieron los 2 meses, Hugo volvió a la escuela y yo me fui a Necochea con mi madre, a seguir 4° año industrial allí”.</p><p>No se adaptó al cambio y no se volvió a Tres Arroyos, sino que trabajó en el torno de Necomoto. “No sabía nada prácticamente. Esa firma se fundió, de ahí fui a una estación de servicio a vender combustible. Era una YPF, pasando el puente colgante. Tenía 15 años, era un chico”, añadió.&nbsp;</p><p>Ante esta situación, su abuelo desde Tres Arroyos no se quedó tranquilo. Fue quien se contactó con EIMA, donde José Galante había hecho aquella pasantía. “Al abuelo le dijeron que sí, que me venga, que había alguna posibilidad de entrar. Regresé ilusionado, y a los pocos meses ingresé a trabajar en EIMA”.</p><p>Del paso por ese lugar, explicó que “fue la época más feliz de trabajo que tuve porque éramos todos amigos, nada que ver con lo que pasa ahora. La cultura de trabajo cambió mucho lamentablemente, para mal”.</p><p>Su familia actualmente está conformada por sus 2 hijas. Karina Galante que está radicada en la ciudad y Silvana, que vive en Mar del Plata. “Soy divorciado, pero hace 20 años que tengo una gran compañera de vida. Ella tiene Calzados Bianco, en la esquina de calles Reconquista y Bolívar, a una cuadra de mi casa”, explicó.</p><p>Reiteró que, sus primeros pasos, los dio “sin saber nada. Antes estaba la fábrica Aiello en Av. San Martín, donde se hacían trabajos para afuera en serie. Igual que de EIMA, me daban trabajo”.</p><p>Recordó que se fue bien y en buenos términos de EIMA. “Fue por mi decisión, imposible olvidar que me dieron 3 cheques, lo que me alcanzó para comprar un torno marca Zimmermann en Bahía Blanca, que hoy todavía tengo en mi taller. A ese, le levanté yo el cabezal. Las funciones de un tornero son múltiples, es tanto lo que he hecho en la vida que no te das una idea (risas)”, sostuvo.</p>Con 30 años y en el taller de su casa junto al torno marca Zimmermann que pudo comprar en Bahía Blanca, tras su salida de EIMA<p>&nbsp;</p>Un antes y un después<p>En el taller que está en la parte trasera de su casa hay una fosa marcada, pero sin hacer. “Yo soy fanático de la mecánica, es más, iba a poner un taller mecánico porque no tenía medios para comprar un torno. Debo agradecer a mi abuela Celina y a mi abuelo Federico porque fueron ellos los que me dieron el dinero para comprar el primer tornito”, destacó Galante con emoción.&nbsp;</p><p>Se independizó a los 27 años, y fue en 1973 cuando arrancó a operar en su taller, un lugar especial para él y su familia. “Fueron ni más ni menos que 65 años como tornero, toda la vida prácticamente”, valoró.</p><p>En una tornería se fabrican, modifican o reparan piezas metálicas y otros materiales utilizando un torno, el cual hace girar el material mientras una cuchilla de corte le da forma. Es el lugar ideal para crear ejes, roscas, engranajes y componentes a medida para maquinarias, tareas que supo desarrollar a la perfección.&nbsp;“Es la actividad que más feliz me hizo, las amistades que me quedaron no se compran ni pagan con nada”, asintió con su cabeza.</p>Dos fotos junto a sus colegas y amigos de la sesión tornería de EIMA, cuando tenía cerca de 20 años. “Teníamos una pinta bárbara, mucha facha (risas)”, indicó durante la entrevista<p>José optó por iniciar su camino solo porque un compañero suyo -Alberto Colantonio- hacía tapa de cilindros en Av. Güemes. “Él se dedicaba a eso en su casa, a rectificación de motores de motos. Cuando él dejó para pasar a hacer tapas de cilindros de autos, me ofreció continuar con su trabajo, a lo que acepté. Yo me inicié haciendo rectificación de cilindros y cigüeñales en 1973/74 en mi taller”, relató orgulloso.</p><p>Hizo referencia a que la formación que adquirió dentro de EIMA, le permitió “aprender mucho más ahí adentro que en el Colegio Industrial, porque dejé antes de terminar. En ese entonces, en 3° año tenías que decidir que oficio seguir: carpintero, electricista y demás. No elegí oficio. Hice toda la primaria, más 3 años de 6 de nivel secundario. Dejé la escuela y entré enseguida en EIMA”.</p><p>Contó que fueron 3, las veces que quiso tener empleados. “No hubo forma, imposible. Hay gente que no entiende o que no sabe. El de tornero no es un oficio fácil, es complejo, es una tarea artesanal”, dijo, y señalando los audífonos de sus oídos aclaró que “no miro a los ojos cuando hablo con una persona, si le observo la boca. Eso me ayuda a entenderla más fácil. Escucho bastante bien dentro de todo lo que sufrieron mis oídos y la vista”, expresó.</p><p>&nbsp;</p>“Lo de Galante”&nbsp;<p>Recordó la enorme cantidad de trabajos que hizo a lo largo de su vida como tornero y mencionó que “no me hacía faltar hacer publicidad en ningún lado porque todo el mundo sabía que acá en mi casa funcionaba ´Lo de Galante´, como decían todos”.</p><p>Reflexionó sobre el presente, al respecto se lamentó porque “hoy quedan muy pocos oficios, se fueron perdiendo. Tengo colegas que ya no están lamentablemente. Dejé todo, ya estoy grande y me cuesta, el pulso y los reflejos no son los mismos. La cabeza la tengo bien gracias a Dios, pero ya no tengo más ganas de trabajar. Siento que cumplí…”.</p><p>Describió cómo eran las jornadas laborales diarias dentro de su taller, a las que definió como “super intensas. Entre 12 y 16 horas por día le metía. Recuerdo que en la década del ´90 cuando se abrió la importación, empezaron a entrar al país motos marca Suzuki, Honda y otras japonesas. Nada de todo lo que yo tenía me servía para arreglar esos motores. Soy de la época de la Gilera y la Puma, más antiguas”.</p><p>De a poco fueron desapareciendo las motos que arreglaba, entonces optó por reinventarse y dedicarse a la rectificación de motores fijos, de maquinarias ligadas al agro. “Lo cierto es que no pude competir con las rectificadoras porque mi trabajo era personalizado y sin tecnología. Oficio, cuerpo puro y sin computadora. Tuve clientes de la ciudad y de la zona, agradecidos con cada uno de ellos”.</p><p>El hacer 65 años de tornería le pasó factura, y una de ellas, “la principal te diría, fue que estuve poco tiempo con la familia. Siento que pagué un costo caro, alto. No la atendí bien, cosa que no tiene arreglo. Era tanto el trabajo que tenía, que nunca tuve que poner un cartel ni ningún anuncio. Era el boca en boca, tenía el piso lleno de fierros para hacer y hechos. No sabía dónde poner las cosas”, puntualizó.</p><p>Los trabajos más difíciles son los que más le gustaban. Siempre se abocó a la tornería de precisión y a los pedidos especiales, fue feliz haciendo eso, le daba vida. Hizo referencia a que “hoy no hay quien me reemplace. En el distrito hay una falta grande de oficios y más aún de tornero, los mismos clientes siempre te lo recalcan cada vez que te ven. Es un tema porque el mundo está cambiando”.</p><p>Siempre fue un fanático de los autos. “Tengo herramientas y máquinas de todo tipo, pero quiero vender todo. En estos 65 años que ejercí como tornero no me arrepiento de nada porque lo disfruté al máximo. Amo la tornería, trabajé solo porque era muy exigente conmigo mismo y para los demás. Mi regla era simple: o lo haces bien o no va, tal vez por eso nunca pude tener empleados, quién sabe…Muchas veces tuve que hacer ciertos trabajos 2 veces porque me salía mal”, subrayó.</p><p>En EIMA adquirió gran experiencia, “se hacía todo por trabajos en serie. Tenía que hacer 100 ejes para una caja reductora de un sinfín, capaz que estaba 3 días haciendo los mismos ejes. El de tornero es un trabajo artesanal. Aprendí mucho, a mí me resultó fácil el oficio. Siempre me gustó trabajar, es un camino de vida que elegí y un oficio que me dio lo que tengo”, valoró.</p><p>Cómo buen “fana” de los fierros, metió mano en sus vehículos. Dijo que “me hacía todo, me daba maña y tenía alma de mecánico (risas). Surgió lo de torno, se dio que ya había aprendido y me largué como tornero. Mal no me fue. Manejaba a la perfección los 3 tornos que tenía. Siempre fue muy preciso, prolijo y responsable con cada trabajo. Era mi pasión”.</p><p>Tras reafirmar que “volvería a vivir lo mismo” y que “está conforme con la vida que hizo”, José Galante finalizó su testimonio agradeciendo a los vecinos de Tres Arroyos y de la región por el acompañamiento “indispensable” durante más de 6 décadas.</p><p>“Viví fantásticamente bien como tornero, estuve sobrado de trabajo, me lo gané en buena ley. Hice bien las cosas en mi vida. Ahora me queda disfrutar la última etapa (risas y emoción). Si desatendí a mis hijas, fue para que no les faltara nada…Estoy tranquilo conmigo mismo. Gracias también a mis colegas y a los que ya no están, guardo un gran recuerdo de ellos. Un saludo especial para quienes siguen trabajando. Gracias a todos de corazón”, se despidió abrazo de por medio y agradecido por la entrevista en una fecha que no olvidará. Aplausos para el querido José y ¡Feliz Cumpleaños! a un tornero con todas las letras.</p>Junto a sus 2 queridas hijas, Karina y Silvana]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rGCL4ORJFS8Z2xLNVIVNcxHOIsY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/tapa_soc.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Hoy domingo 7 de junio José Galante cumple 80 años. En el marco de una fecha especial, habló con este diario sobre el trabajo ininterrumpido durante 65 como tornero, oficio que enfrenta una escasez crítica de nuevos talentos. Su paso por EIMA, la apertura de su taller en 1973 en su casa de calle Reconquista 335 y mucho más. Un trabajador que relegó tiempo a la familia, pero que no se arrepiente del camino elegido por el amor que siempre tuvo y tendrá por la tornería. Rubro que además de darle grandes amistades, lo formó como persona y lo hizo crecer]]>
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                                <updated>2026-06-08T16:00:09+00:00</updated>
                <published>2026-06-07T11:00:00+00:00</published>
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            Oliver: “Hoy no tenemos buena madera para trabajar”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SARyXEj0oD4JbrwIMdcH8MXo94o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/oliver.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Mario Oliver anunció que deja el oficio de carpintero después de cuatro décadas trabajando con la madera, primero como un hobby, luego de empleado y hace 25 años en su propio taller, donde actualmente lo ayuda Franco Pedone, su sobrino.</p><p>Todo comenzó a sus 12 años cuando visitaba las carpinterías y “me daban unas maderitas, yo hacía maceteros y algunos juguetes de madera. Me acuerdo que iba a una carpintería que estaba sobre la calle Sebastián Costa y Alvarado. Después entré de cadete en la florería Los Claveles, donde estuve 15 años. Cuando dejé ese trabajo me puse de carpintero, porque me gusta la carpintería”.</p><p>Los primeros pasos en el rubro los dio “trabajando en una carpintería en calle Gomila, me enseñaron a encolar puertas placas y diferentes tareas. En esa época los trabajos eran desde un portón hasta los muebles, todo en madera, de buena calidad. Hacíamos trabajamos muy buenos, las aberturas que arrancaban por los marcos. Antes se usaban marcos todos medio punto, y las hojas, vidrios repartidos. Era carpintería de mucho trabajo, la carpintería que era carpintería”.</p><p>La situación del oficio de carpintero fue cambiando con el paso del tiempo debido a la escasez de buena madera en nuestro país. Oliver recordó que antes “la gente te llevaba lo que querían ellos y nosotros se lo hacíamos. Los muebles, tanto de cedro, de roble, de petiribí, guatambú, de lo que sea. Había mucha madera en aquella época por eso se podía hacer buenos trabajos, tenías buenas máquinas y salían los mejores trabajos”.</p><p>La baja en el nivel del producto final se fue dando porque “hoy lamentablemente no tenemos buena madera, son todas maderas secadas en horno. Cuando vos la sacás de los hornos, esa madera que viene de afuera, le toma el aire natural y se empieza a ajear toda. No se consigue, ya no tenemos madera. Es la consecuencia directa de los desmontes que se han hecho en la Argentina, por eso no hay nada. Quizás entra alguna madera de cedro de Brasil o alguna de lenga de Chile, también el cedro paraguayo es bueno, no sé qué cantidad tendrán disponible, pero antes había. Se usaba mucho y se traían los rollos enteros del tronco del árbol”.</p><p>Eran otras épocas, marcadas por la abundancia de buen material, por eso Oliver destacó que “nosotros trabajábamos más con roble y cedro porque es una madera muy buena. Había un cedro brasilero que era una manteca para trabajar, entonces te permitía avanzar y dejar el producto impecable”.</p><p>&nbsp;</p><p>La carpintería propia</p><p>Su primer taller lo instaló en Colón 1100 tras tomar la decisión de “largarme sólo, un día empecé de cero. Ahí era la carpintería Román, yo la alquilé y estuve muchos años, hasta mudarme acá (Rivadavia 1199) donde compramos la esquina hace 25 años. Ya son 40 años de carpintero”, sacó la cuenta quien además mantiene su pasión por los fierros, ya que es actual presidente del Motoclub e integrante de la subcomisión del Museo del Automóvil del Club Quilmes.</p><p>El trato con la gente es clave para sostener un buen nivel de ventas, y en ese sentido señaló que “la clientela, yo te puedo asegurar que actualmente conservo clientes de 40 años atrás, nosotros le hemos hecho todo: las aberturas completas, muebles completos, puerta del frente, portón, todas esas cosas. Gente que todavía viene. Claro que si vos ves las casas, es gente que realmente se preocupó porque vos la madera la tenés que mantener. No es que la madera la hacés, queda divino y la dejás. Porque la madera te queda sola ahí y te la castiga toda el sol todo el mediodía, y a la puerta del frente la castiga toda la tarde, porque le da el sol al revés”.</p><p>Para esas situaciones que requieren un trabajo especial, la carpintería de Oliver ofrece asesoramiento. “El mantenimiento lo puede ofrecer el pintor en ciertos casos, de todas maneras nosotros le aconsejamos al cliente que cada dos años, mínimo, mantener con buen material como barniz, cetol, así el sol no raja la madera. Otros factores que la deterioran son el agua, que hace que se empiecen a pudrir las esquinas abajo”, apuntó.</p><p>Los problemas económicos que atraviesan las familias en el país generan que se opte por arreglar, en lugar de comprar algo nuevo. Esa dinámica la vive Oliver en su taller ya que “hay mucha gente que lamentablemente no puede hacer cosas nuevas. Entonces me traen para arreglar el portón, para arreglar la puerta frente, para arreglar una ventana que se le ha desarmado la espiga. Y son todos clientes nuevos, hay gente que no conozco directamente, pero me traen trabajo, ya sea del barrio, que me encontró por recomendación. En las peores épocas que hubo en Tres Arroyos y en la Argentina, a mí no me faltó trabajo nunca”, sostuvo.</p><p>Pese a los problemas de salud que atravesó, actualmente se “encuentra de 10, el 24 de marzo se cumplen 4 años. Me tuvieron que operar por problemas con la vena aorta, una operación de 14 horas. Además me trajo muchas complicaciones para mi trabajo, falté 2 años a la carpintería y me reemplazó Franco, mi sobrino. Lo tengo de chiquito a él acá, trabaja muy bien, iba a barrerme el taller y agarraba una maderita, hacía alguna cosa, ya le gustaba todo esto. Hace casi 20 años que trabaja conmigo”.</p><p>Tener una persona de confianza le permitió a Mario tomar la decisión de poner punto final a su carrera como carpintero. Ya más tranquilo, enfocado en su otra pasión, el automovilismo, analizó que “él (su sobrino) es quien hace todos los trabajos más pesados. Hoy trabajar el mueble tiene mucha competencia, el material que se usa es de melamina, de placas, fibrofácil, aglomerado, enchapado. Los materiales están carísimos, por eso también se encarece la mano de obra. Para mí, que me dediqué mucho a la carpintería de obra, se vuelve difícil trabajar como en otras épocas. El que sabe de carpintería va a entender de lo que hablo”, aseguró.</p><p>En su mirada sostiene que trabajar de carpintero ahora “es más fácil que antes. Yo tengo buena máquina, traes la placa entera, de 3,60 m por 1,80 m, la ponés en la máquina, cortás a la medida de la mesada esa, 2 de estas, 2 de la otra, cortás, formillás, pegás y buenas noches. Antes había que cortar la madera que venía cruda, pulirla, cepillarla. Cepillarla quiere decir la tenés que pasar por una máquina que te la endereza primero, después la otra que la cepilla, una más que la lija, y otra que le pasa la moldura”, dijo al enumerar el proceso de años atrás.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SARyXEj0oD4JbrwIMdcH8MXo94o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/oliver.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El histórico carpintero repasó sus 40 años de trayectoria, cómo se fue adaptando a los cambios en la profesión, las claves para ser un referente en la ciudad y el legado que deja en manos de su sobrino]]>
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                <published>2026-03-21T22:36:09+00:00</published>
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            De carne somos: abrirán una escuela para formar carniceros
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v-l6zlkv7qBgA98XYZ5pSAeVm4c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2022/02/ecole-carne-paris.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Crean la Escuela Argentina de Oficios de la carne, la primera institución educativa del país que enseñará cómo trabajar los diferentes cortes; tomará como base el conocimiento de Francia, de una institución creada en 1894
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace dos años, el Instituto de Ciencias y Oficios de la Carne (ICOCA), en convenio con el INTA y la Facultad de Veterinarias de la UBA, lanzó la Escuela de Sommelier de Carne, que ya  va por su tercera camada. Este año, surgió el segundo proyecto que apunta a continuar con el objetivo de la valorización de los oficios de la industria de la carne: una escuela para formar futuros carniceros y carniceras.</p>
<p>La Escuela Argentina de Oficios de la Carne será la primera institución educativa del país que enseñará, en forma estandarizada y con base técnica y científica, cómo trabajar los diferentes cortes de carne de manera eficiente y segura.</p>
<p>La iniciativa surge luego de un acuerdo de cooperación y de transferencia de conocimientos con la École Nationale Supérieure des Métiers de la Viande, institución francesa creada en 1894, que cuenta con una extensa trayectoria en la formación de artesanos de la carne.</p>
<p>“Francia no solo tiene una tradición muy grande por su expertise en la carnicería, sino por su gran abundancia de boutiques de carne. A su vez es el país por excelencia en la homologación de oficios. Allí las escuelas de oficios tienen mucha trayectoria y a lo largo de su historia mantuvieron una modalidad de certificación de aptitud profesional”, contó en entrevista Juan Ignacio Barcos, presidente del Instituto de Ciencias de Oficios de la Carne.</p>
<p>“Además, los institutos son financiados por las industrias, lo que garantiza este circuito y completa esta cadena de que luego el mercado laboral pueda acceder a personal capacitado”, agregó.</p>
<p>Formar formadores en París</p>
<p>Hay una segunda etapa planificada que tiene que ver con un ciclo de formación en Francia.</p>
<p>“Seleccionaremos un futuro grupo de profesionales, cinco personas en primera instancia, y viajaremos a París para tomar un curso de Formación de Formadores en la École Nationale Supérieure des Métiers de la Viande. Nos vamos a instruir, no en ser carniceros sino en ser profesores de carnicería”, contó Barcos.</p>
<p>Recuperar el eslabón perdido</p>
<p>Los cursos tendrán una duración de aproximadamente 12 semanas que variarán de acuerdo a los contenidos complementarios que se puedan desarrollar. “Se ajustarán a las novedades que sumemos luego de la formación”, contó el director.</p>
<p>Respecto a los cupos por curso dependerá de los protocolos y aforos. “Las clases teóricas son 100% online y luego según la cantidad de sedes, frigoríficos, centros de formación disponibles aumentaremos capacidad para las clases técnicas”, detalló Barcos.</p>
<p>Si bien es una formación de carácter privada, trabajan en conjunto con instituciones públicas como el INTI, el INTA y la Facultad de Veterinarias de la UBA.</p>
“Seleccionaremos un futuro grupo de profesionales, cinco personas en primera instancia, y viajaremos a París para tomar un curso de Formación de Formadores en la École Nationale Supérieure des Métiers de la Viande. Nos vamos a instruir, no en ser carniceros sino en ser profesores de carnicería”, contó Barcos
<p>Respecto a quiénes está dirigido, el director explicó que “se pueden hacer de cero, ya que no hace falta conocimientos previos. El único requisito es que tengan el anhelo de aprender el oficio”.</p>
<p>“El hilo conductor y motor de la creación del instituto y de los cursos de formación está directamente relacionado con una creencia muy fuerte en que es necesario integrar un eslabón desaparecido que son las escuelas de oficio”, agregó.</p>
<p>Puesta en valor </p>
<p>Consultado respecto a qué valor agregado otorga esta formación a un oficio que por tradición se transmiten de generación en generación, Barcos expresó: “Los oficios se aprenden de boca en boca, lo cual tiene muchísima validez pero creemos que su certificación y homologación implican una puesta en valor del trabajo”.</p>
<p>“Todo ese conocimiento y esas habilidades pueden ser complementadas con aportes técnicos del punto de vista de la manipulación de la carne, de la minimización de las mermas, de utilización correcta de las herramientas, de la aplicación de distintos protocolos de seguridad e higiene. Junto a la estandarización de procesos de cuarteo, charqueo, desposte, presentación de cortes y envasados, contrastados siempre con información técnica y científica, es el conjunto que termina de formar una persona que posee un oficio para convertirlo en una aptitud profesional”, concluyó.</p>
<p>(AgrofyNews)</p>
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                                <updated>2025-09-24T12:56:37+00:00</updated>
                <published>2022-02-09T18:46:53+00:00</published>
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